Federalismo y derecho de autodeterminación de los pueblos

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Ayer, 11 de septiembre, la izquierda internacional volvía la mirada un año más al recuerdo de uno de sus mártires más honestos: Salvador Allende. Casi ningún medio de comunicación se hacía eco del aniversario del asesinato del Presidente socialista de Chile, a pesar de que en las redes sociales sí que se podían encontrar multitud de homenajes de ciudadanos y colectivos. La voz de Allende podrá ser silenciada, pero las redes son nuestras, y las hacen los pueblos. 

Los grandes grupos de la comunicación, propiedad de la oligarquía financiera internacional, preferían machacar un año más con el aniversario del atentado a las Torres Gemelas. Y digo machacar, no porque no merezcan respeto y homenaje todas las víctimas de esos terribles atentados, sino porque la función de repetir una y otra vez la historia de Al Qaeda, no busca ni arrojar luz sobre unos atentados en cuya investigación aún hay muchos recovecos oscuros, ni sembrar la paz y el entendimiento. Todo lo contrario. Sólo se intenta perpetuar el recuerdo del shock y el miedo que siguieron a aquel fatídico 11 de septiembre de 2001, y que propició la invasión de Afganistán e Irak, la tortura y asesinato impune de miles de personas en todo el mundo y la pérdida de libertades en las comunicaciones a cambio de una supuesta mayor seguridad.

Sin embargo, la jornada dejó una noticia mucho más importante que la del recuerdo de estos dos 11 de septiembre. Ayer, Cataluña conmemoraba el día de la Diada y celebraba una manifestación sin precedentes para exigir su independencia. No más autogobierno, ni más competencias, sino directamente la independencia como nuevo estado de Europa. Lejos de sentimentalismos, el derecho de autodeterminación está reconocido por la ONU, y es una libertad básica de los pueblos del mundo. Estar sometidos a una potencia de la que no te sientes parte, es una forma terrible de opresión. Cataluña intentó ejercer ya esta autodeterminación cuando aprobó mayoritariamente en las urnas el Estatuto de Autonomía que les definía como “nación”. Estatuto aprobado por las Cortes Catalanas, por el Congreso español y por el pueblo catalán. Pero los tribunales españoles, herederos directos del franquismo, decidieron que esa palabra no podía figurar en un texto legal. Se cargaban así de un plumazo la idea de que España podría constituirse como estado federal, compuesto por varias naciones y nacionalidades. Por otra parte, desde la derecha mediática, empresarial y política castellana, se inició un ataque directo contra Cataluña, llamando incluso al boicot de sus productos. Y como muchos denunciamos entonces, el nacionalismo castellanista español es una fábrica de independentistas. Si alguien te desprecia y te dice que te odia, lo lógico es que no quieras hacer ningún camino junto a esa persona. Y si desde la Castilla profunda se han dedicado durante años a repudiar todo lo que huela a catalán, lo lógico es que Cataluña no quiera saber nada de Castilla.

¿Que suena medieval? Es que lo es. Pero es que vivimos en un estado medieval, con heridas abiertas desde hace siglos e instituciones decimonónicas. ¿Encaja Cataluña en este marco borbónico centralista? No. Pero tampoco encajamos la mayoría de españoles. El problema catalán no es un conflicto entre dos naciones, aunque hayan fabricado desde la extrema-derecha esta catalanofobia agobiante. El problema catalán empieza con la llegada de los Borbones, reyes franceses que deciden extender las leyes de Castilla (mucho más absolutistas que las del resto) a todos los territorios subyugados a la corona española, suprimiendo los fueros y las cortes de Cataluña y Valencia. Hasta ese momento, la monarquía de los Austrias había respetado cierto grado de federalismo, manteniendo las leyes propias de cada territorio sobre los que reinaban.

Ahora bien, ¿tiene encaje Cataluña en un proceso de cambio republicano en el conjunto del Estado? Esa cuestión tendrían que decidirla los catalanes, pero personalmente opino que sí. La organización autonómica de España ha quedado obsoleta, y ha supuesto la duplicación (o triplicación) de administraciones, cargos, enchufados, asesores, chanchullos varios… sin potenciar en absoluto la participación popular en el proceso. El marco autonómico genera, además, disparidades geográficas y agravios comparativos e ignora la historia de los pueblos de España. Los Republicanos apostamos por la construcción de una República Federal en la que se reconozca legalmente el derecho de autodeterminación de los pueblos. Como mera estrategia, lejos de dramatismos de “unidad nacional”, la mayoría apostamos porque esta República camine unida hacia la emancipación de la clase trabajadora, pero jamás por imposición. Si la voluntad democrática de Cataluña expresada en las urnas reflejase un deseo claro de independencia, nadie en su sano juicio puede negársela. Porque cuando un pueblo es obligado a formar parte de un Estado en el que no quiere estar, el único término que se puede usar es el de colonialismo. Y es precisamente este sentimiento colonial el que está alentando a muchísimos trabajadores catalanes a ver más fácil su camino fuera de España que dentro, dada la involución democrática que vive nuestro estado monárquico neoliberal ¿O es que acaso la monarquía española sigue presa de delirios imperialistas?

Fernando Miñana
Republicanos Murcia

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