El Tratado de Libre Comercio (TTIP) EEUU-UE: la fase superior del capitalismo

EEUU y la UE están negociando un Tratado de Libre Comercio e Inversión con total falta de transparencia y que está pasando desapercibido para la opinión pública.

La mayoría de los textos negociados son secretos; pero gracias al trabajo de entidades de la Sociedad civil y grupos políticos de izquierdas, se han filtrado borradores del acuerdo y aspectos muy importantes de las negociaciones. Como dice el premio nobel Joseph Stiglitz sobre la negociación clandestina del TTIP , no se entiende tanto secretismo, a no ser que lo que están tramando sea realmente malo.

Por lo que se sabe hasta ahora, este tratado sería una clara amenaza a los derechos de los ciudadanos y un ataque a la soberanía popular. Estamos ante un nuevo instrumento del neoliberalismo, un acuerdo para garantizar los intereses del poder capitalista; ya que concentraría todavía más poder en las manos de las élites económicas.

Uno de los efectos del TTIP sería la pérdida de control regulador. La UE pretende dar cabida a la permisiva legislación norteamericana sobre cultivos transgénicos, normativa sanitaria, ambiente muy alejada de los estrictos controles de calidad y seguridad europeos. Es un ataque al modelo social europeo y supone un importante giro en regulación europea.

Pretende eliminar las barreras reguladoras que limitan los beneficios de las multinacionales a ambos lados del Atlántico. Las multinacionales tendrían derecho a cuestionar las decisiones que tienen los Estados soberanos y a ser indemnizados cuando éstos les perjudiquen. Para colmo, el Tribunal no sería público, sino privado.

Capítulo importante merece este pacto sobre la “Protección de Inversiones”, que permitirá a las grandes compañías reclamar indemnizaciones ante los “Tribunales internacionales de arbitraje” (con abogados de las mismas empresas) a los Estados, si consideran que sus beneficios económicos o sus expectativas de ganancias se ven afectados por leyes o políticas en un país en el que han invertido. Es decir, si no ganan lo que quieren, pueden demandar en tribunales privados al Estado en el que han invertido. Pasarían por encima de la soberanía de los gobiernos y parlamentos para favorecer los intereses y beneficios de las multinacionales y grandes compañías.

Permitiría a los bancos eliminar regulaciones así como demandar a los gobiernos por “pérdidas de beneficios potenciales” y recibir compensaciones pagadas con los impuestos de los ciudadanos. Y demandar al gobierno, si éste resolviese por ejemplo, no pagar la deuda ilegítima para garantizar los derechos sociales de la población.

Conservadores y socialistas intentan vender el Tratado basándose en un único punto: más comercio, más empleo. Los beneficios serán la creación de puestos de trabajo. Pero si los supuestos beneficios económicos del Tratado dependen de la eliminación de reglamentos y normas, nos veríamos afectados por recortes sin precedentes en derechos sociales y laborales.

El Congreso rechazó una moción planteada por IU, que pedía a Rajoy paralizar las negociaciones del TTIP, algo que rechazaron la mayoría de los grupos. De hecho, PP, PSOE y UPyD también votaron en contra de realizar un referéndum. El PP volvió a echar mano del rodillo de su mayoría absoluta para impedir una comisión que pudiera explicar a los españoles cómo les afectaría este Tratado. Según el PP “es necesario que estadounidenses y europeos nos pongamos de acuerdo en las nuevas reglas del comercio y la inversión. Solo así se va a conseguir liberalizar muchos sectores con complejas normas de seguridad y control.” Estas palabras son bastante esclarecedoras.

Hoy, luchar por una democracia real, por la defensa de los servicios públicos, por el trabajo digno y los derechos de los trabajadores, pasa también por luchar contra el TTIP. Esto no es sólo comercio. Esto es un acuerdo que garantiza derechos a los inversores por encima de los ciudadanos. Es la institucionalización que necesita el neoliberalismo para consolidar su régimen. En definitiva, la pérdida de la soberanía popular ante unos inversores voraces que ya no respetan ni las normas más básicas del pacto social.

Esto acabaría de culminar la etapa superior del capitalismo. Están muy interesados en esconder este tratado, por ello necesitamos una ciudadanía consciente e informada para poder responder y movilizarnos YA.

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