Profundizando en la lucha por la III República

Oficial REM CuadradoI. Preámbulo
En distintos documentos donde hemos abordado la explicación de la actual crisis hemos puesto siempre el acento en las contradicciones del Régimen y del modelo de sociedad que sustenta, en el que hay un grupo social más o menos compacto, al que hemos llamado oligarquía, que necesita exprimir cada vez más al resto de la sociedad. Siempre hemos defendido que la monarquía en España no es otra cosa que la forma política de la que se ha dotado esta oligarquía para mantener el sistema de equilibrios que asegure sacar los máximos beneficios a costa de la mayoría social. Así, señalábamos en nuestra ponencia política y estratégica que la tendencia a la caída de la tasa de beneficios es el origen del proceso del desarrollo de la burbuja financiera y al final de la crisis.
Desde una parte de la izquierda estamos insistiendo desde hace tiempo que es necesario rebatir la idea de que esta crisis es algo así como una estafa, resultado de una “mala”gestión que, por mala fe o egoísmo, por acción u omisión, podía haber sido evitada, y señalar el carácter sistémico de aquella. Quizás podía haberse retrasado un tiempo el estallido de la crisis, pero si convenimos en que el modo de producción predominante es el capitalismo, que en el capitalismo los que producen no pueden consumir todo lo producido y que estos constituyen el grueso de los consumidores, la conclusión no puede ser otra que tarde o temprano el sistema se colapsa
Podría parecer que, desde el punto de vista de Republicanos, el considerar la crisis como una estafa no tiene muchas consecuencias para nuestra acción más inmediata. Es más, desde el punto de vista propagandista el señalar la maldad y egoísmo de algunos como el origen de la crisis parece que llama más a la movilización contra “los malos”. Pero lo que se esconde detrás de esta forma de analizar la crisis es una clara voluntad de no romper con el modelo económico-político y social actual. Desde el punto de vista de la crisis-estafa, señalando a los culpables, regulando correctamente el modelo económico, haciendo que de verdad se cumplan las normas de convivencia, los derechos humanos, la constitución, los principios éticos… pues será posible hacer del mundo un mundo asumible para todos. No es necesario la ruptura dolorosa con las reglas del juego actuales si hacemos las cosas bien. Y es que en los momentos de crisis sistémica siempre se ha abierto una brecha, dentro de las clases sociales que objetivamente necesitan un cambio, entre aquellos que apuestan por romper con el modelo anterior y aquellos que buscan un retorno a la situación idílica previa a la crisis. Iniciar un proceso de ruptura con el Régimen anterior no es fácil, requiere voluntad, firmeza y claridad.
Nosotros, por supuesto, una vez abierta la ventana de oportunidad, entendemos que es posible el mantenimiento del modelo actual, pero a costa de la alienación, el sometimiento y sobreexplotación de la gran mayoría de la sociedad. Lo que, además, significaría la integración o eliminación de aquellos y aquellas que pretenden un cambio.
Desde este punto de vista, al analizar la situación económica actual, la continua deriva del sistema capitalista y la incapacidad de ofrecer soluciones, lo haremos no para indicar que es posible un cambio del sistema de valores o una regulación, sino para mostrar todo lo contrario, que no hay receta que permita mejorar social, política o económicamente si los que actualmente tienen el poder económico lo siguen conservando. La oligarquía, que sigue teniendo una confianza absoluta en su capacidad de dominio, hace lo posible por mantener un sistema de explotación que asegura su tasa de beneficios, manteniendo ciertas ilusiones en los grupos sociales que nos vamos a ver afectados por sus medidas. Efectivamente creemos que la oligarquía, en la medida en que todavía se puede poner de acuerdo, tiene pensada una hoja de ruta (en definitiva, una regeneración del capitalismo más salvaje que hayamos conocido), pero que esa hoja de ruta va a contar con dos escollos que van a ser muy difíciles superar, uno depende de nosotros, el otro no: el primero es la resistencia y el desarrollo ideológico, político y organizativo de las clases populares, el otro es la competencia insalvable entre las mismas empresas.
Entendemos que un cambio como el que estamos exigiendo se produce cuando las clases populares ya no pueden soportar más la explotación y los dominadores no se ponen de acuerdo. En este esquema, que las clases subalternas soporten o no su dominación depende, en último término, de que los dominadores impongan con la fuerza o convenzan de que su modelo de sociedad, por muy doloroso que sea para la mayoría, es el único posible. El generar la idea de que “o nosotros o el caos” es el arma que ha permitido la dominación durante siglos.
En este sentido trataremos también de mostrar cómo estos intentos de la oligarquía de mantener su estructura de poder a través de la transmisión de un mensaje que las clases populares perciben como falso, debilita un elemento fundamental del dominio: la confianza en las instituciones.

A partir de aquí trataremos de explicar cómo es importante el trabajo de cohesión que está realizando Podemos, Ganemos, 22m, Mareas… pero también somos conscientes de que es más necesario aún mantener el referente en todos estos movimientos. Primero porque entendemos que, a día de hoy, no son suficientes para impulsar a un cambio de sociedad. Segundo porque más allá de los significantes flotantes hablar de socialismo, república, revolución…. aunque formen parte hoy de un discurso no ganador, permite canalizar, en estos momentos de crisis, la acumulación de fuerzas que nos va a permitir cambiar las cosas. En tercer lugar porque estos movimientos y organizaciones se sustentan aún en lealtades muy frágiles, en una organización muy débil y en la audacia prácticamente exclusiva de sus pocos dirigentes. Y en cuarto lugar, porque hasta que las clases populares no tengan el poder, jugamos en el terreno de juego de la oligarquía, que controla recursos para comprar, los poderes ejecutivos y legislativos para criminalizar y reprimir, y los medios de comunicación para persuadir. A nadie se le escapa que el ocupar la centralidad del tablero que propone el grupo “Claro que Podemos” de Podemos significa adaptarse al sentido común de una sociedad que ha sido desmovilizada y desideologizada. Esa centralidad que sirve de argamasa para gran parte de la sociedad, necesita un discurso realista de ruptura no ganador en la actualidad, pero con la potencia de ser ganador. Y por supuesto, dar un discurso de ruptura no es simplemente decir que queremos una ruptura con el régimen del 78, sino también, entre otras cosas, señalar el camino hacia el que vamos. Y aquí es donde juega un papel central una organización como Republicanos.
Por su parte el presente texto pretende, en línea con lo anterior, explicar por qué nuestra exigencia de ruptura con el régimen, de democracia participativa e intervención en los diferentes movimientos sociales exige la perspectiva más amplia de lucha contra el capitalismo en negativo y apuesta por el socialismo en positivo.


Ieuropa quiebraI. Análisis de coyuntura: El Mundo, España y la Región de Murcia
El Mundo: lloviendo sobre mojado
Pues bien, veamos los derroteros que sigue esta crisis a día de hoy y tratemos de mostrar cómo en sus diferentes expresiones arremete contra eslabones fundamentales de la cadena de dominio, debilitándolos y haciendo cada vez más posible la ruptura con el Régimen.
Lo cierto es que para la gran mayoría de la gente comprometida resulta chocante la persistencia de los diferentes organismos internacionales (FMI, OCDE, Comisión Europea, diferentes gobiernos…) en la transmisión de la idea de una futura o presente salida de la crisis, desde el mismo inicio de esta, cuando ni una sola vez se han podido dar pruebas duraderas y palpables de esa recuperación. Parece que para esa salida de la crisis que implicaría el mantenimiento del status quo a costa del intensivo empobrecimiento de la gran mayoría de la sociedad, no ven otra salida que generar una ilusión que les valga tanto para intentar dar alas a la cacareada “confianza en los mercados” como para aletargar la combatividad de la ciudadanía. Su esperanza es que entre la represión y el agotamiento, las clases populares renuncien a plantear batalla seria.
El aumento del PIB en 2013 en tres grandes impulsores de la economía EEUU, Europa y Japón volvió a atrincherar a los diferentes voceros de las diferentes oligarquías en el clásico “las medidas de austeridad sirven” con la coletilla, además, de “pero son insuficientes”. Lo cierto es que, sin necesidad de ser un experto economista, los nuevos brotes verdes no resisten el análisis más elemental. El PIB aumentó efectivamente, pero a costa de una nueva inyección de dinero público en la banca privada, no hay más. Pueden contarnos las milongas que quieran, pero ese transvase y creación de dinero público no está sirviendo para estimular la economía ni, en definitiva, crear valor nuevo, sino simplemente para engrosar al monstruo sobredimensionado de la burbuja financiera. Resulta gracioso recordar a los economistas títeres del mundo financiero algo tan básico como que el dinero (o el valor) no se produce comprando dinero, sino que tiene que partir del mundo productivo en el que con el trabajo podemos añadir valor a las cosas. Estos economistas que dirigen el mundo se echan las manos a la cabeza cuando “los tipos de interés son prácticamente cero, la cantidad de dinero accesible tiene dimensiones no restringidas, y no obstante “el crecimiento no arranca””. Lo que si parece arrancar son los negocios de otro tipo, los que consisten en acrecentar el dinero sin que haya crecimiento real. En definitiva un crecimiento que, asentado en la cima de una burbuja financiera, no tardará en explotar de nuevo.
Los datos en 2014 no pueden ser más explícitos, pese a los reiterados intentos de seguir solventando la crisis por la vía de la austeridad y las burbujas financieras la economía mundial no acaba de arrancar. En Europa, Alemania contempla un crecimiento negativo sin precedentes del 0,2% del producto interior bruto en el 2º trimestre del 2014, al igual que Italia cuyo PIB cae también un 0,2% o Francia donde el PIB se encuentra a niveles de recesión (entre el 0% y el 5%). Lo llamativo es que en algún momento nos dijeron (ya no sabemos si ellos mismos se creyeron) que estos países tendrían un crecimiento del 1,8%, 1,9% y el 2% respectivamente. En EEUU se pronosticaba un crecimiento del 2,9% y sin embargo creció un tímido 1,9%. Y Japón anunciaba un crecimiento de un 1,2% y cayó ¡un 7,1% de la tasa interanual!
La realidad es que esta situación en la que la Espada de Damocles de la recesión y el estancamiento pende en cada gobierno del mundo, junto con el esfuerzo permanente por ocultarlo, tiene, al menos, tres consecuencias decisivas desde nuestro punto de vista:
Por un lado el cada vez más explícito enfrentamiento entre potencias imperialistas, desde el intento del llamado BRICS de establecer acuerdos frente a la poderosa EEUU, hasta el incremento generalizado en gasto en defensa de China y EEUU, pasando por las mismas intervenciones militares en los diferentes países del mundo o en la nueva propuesta del TTIP.
En segundo lugar, lo explicábamos al principio, la incapacidad de las viejas estructuras de poder, y especialmente del sistema de legitimidad de los gobiernos, para mantener la credibilidad. Lo cierto es que las mentiras que tratan de adormecer tienen una efectividad cada vez menor y, lo que es más importante, el contraste entre lo que dicen las instituciones y la realidad que vivimos sirven para que la sociedad cuestione cada vez más a las autoridades en las que antes se confiaba.
Relacionado con esto, en tercer lugar, las clases populares sufren el paro, la precariedad, la exclusión, la inseguridad, o la incapacidad de mantener el nivel de vida a veces necesario para la mera supervivencia.
Todo esto se traduce en el debilitamiento de la capacidad de las élites económicas y políticas de ponerse de acuerdo y en la cada vez mayor conciencia de las clases populares. En palabras de Laclau, el “sistema institucional se vuelve cada vez menos capaz de absorber (diferencialmente) las demandas sociales y esto conduce a una brecha interna dentro de la sociedad y a la construcción de dos cadenas (de equivalencias) antagónicas”. Esto se está traduciendo en manifestaciones sociales cada vez más virulentas y generales en los diferentes países del mundo que adquieren el carácter de confrontación contra el orden vigente (desde las explosiones raciales en EEUU, hasta el movimiento por el derecho a decidir en Escocia, la quema de banderas de Europa por parte de agricultores aragoneses o las recientes manifestaciones en Alemania contra “la dictadura de los bancos”).
Bien, en nuestro documento político y estratégico señalábamos que la dura ofensiva neoliberal que buscaba seguir manteniendo la tasa de beneficios se sostenía en: “(i) la existencia de una crisis estructural del sistema que sirviese como amenaza para acometer los enormes recortes en los servicios públicos (ii) la existencia de una gran bolsa de parados que permitiera la caída general de los salarios (…) (iii) una sociedad civil desorganizada, poco activa políticamente y con poca capacidad de reacción”.
Pues bien, como hemos estado explicando, esta realidad se debilita. El (i) punto porque la relación entre salida de la crisis y austeridad ya no es creíble para muchos; y el (iii) porque la sociedad española está, cada vez, más organizada, aunque aún lejos de tener capacidad de impugnar al sistema.
Desde este punto de vista, y concretando en nuestra acción política creemos que es necesario insistir en la incapacidad del discurso oficial para dar soluciones reales a la gente y en la imposibilidad de solucionar los problemas de las clases populares, sin plantear un cambio de las estructuras políticas y económicas, que arrebate a las grandes empresas y a la banca la capacidad de control de los medios de producción.

España y la Región de Murcia: “Show must go on”
Pues bien, España no se libra de los vientos que soplan en el resto del mundo. Apuntábamos en documentos anteriores a la disminución de la agresividad de los recortes ante el próximo ciclo electoral como una de las posibles explicaciones del estancamiento momentáneo de la movilización. Pese a que esto es cierto, es una realidad que la presión de las fuerzas reaccionarias sobre los gobiernos de España, Grecia y Portugal, como “patio trasero de Europa”, van a empujar en dirección contraria. Y es que a la presión por no perder votos, se opone hoy la de la urgencia de los mercados por seguir manteniendo el funcionamiento del sistema.
Los datos del SIE de Octubre, pese a los malabarismos con los que intenta esconder la realidad, señalan que el crecimiento del PIB intertrimestral en el segundo trimestre de 2014 ha sido del 0,5%, y más adelante promete un milagroso crecimiento para el mismo año ¡del 1,3% para el 2014 y el 1,7% para el 2015!. Tampoco parecen acertar en los pronósticos sobre la exportación que de un 5,3% se quedan en un 0,5%, ni parece muy alentador el hecho que los intereses de la deuda pública puedan bajar gracias a la bajada de la prima de riesgo, ya que la inyección de dinero público del Estado Español ha hecho que para finales de año nuestra deuda supere el 100% del PIB.
Y como no podía ser de otra manera, estando el poder en manos de quien está, esto se va a traducir en más políticas de ajustes, que nadie lo dude. Es curioso que prometiendo el gobierno un crecimiento económico del 1,3% del PIB se anuncie la necesidad de reducir el gasto público en un 3,2% en 2015 (32.000 millones de euros), lo que va a significar claramente una reducción del gasto público.
Y el gobierno se ha preocupado de que se cumplan los objetivos previstos elaborando una serie de leyes que permitan hacer real la modificación del artículo 135 de la Constitución. Así, Ley 2/2012 ha supuesto que seis Comunidades Autónomas, Aragón, Castilla La Mancha, Navarra, Cataluña, Murcia y Valencia hayan debido presentar un Plan Económico y Financiero extraordinario para asegurar el cumplimiento de los objetivos de déficit, que se traducirá en medidas coercitivas si no se hace. Por su parte la Ley orgánica 9/2013, aprobada el 20 de diciembre de 2013, ¡extiende las medidas previstas en la Ley 2/2012 al control de la deuda de las AA.PP. con proveedores! En definitiva “el pago de la Deuda, el cumplimiento de los objetivos de déficit y, ahora, el pago a proveedores, se constituye en prioridad absoluta, por delante de la satisfacción de las necesidades de la población y del cumplimiento de las propias competencias asumidas por las AA.PP.” Lo que se traducirá sin duda en reducción de prestaciones por desempleo, en recortes en educación o sanidad, disminución de ayudas….
En nuestra Región los efectos de la crisis son más demoledores. En la memoria sobre la situación socioecónomica y laboral de 2013 del Consejo Económico y Social de la Región ya ni siquiera se esconde que “la economía murciana prolonga su recesión en 2013 casi con la misma intensidad que el año anterior pero más que la nacional, lo que acentúa la divergencia hacia el nivel medio de renta por habitante de España. Poco queda que añadir, por tanto, a lo que se expuso inicialmente en la Memoria de 2012 cuando se valoró el periodo transcurrido desde el inicio de la crisis como el más devastador económicamente desde mediados del pasado siglo”. Solo que el gobierno regional, de la misma forma que se consideraba autor de los éxitos del crecimiento durante la burbuja inmobiliaria, ahora no deja de “tirar balones fuera”.
Lo cierto es que nuestra región ha sido vapuleada de la misma forma que el resto del Estado por el tsunami de la crisis. Pero, el precario modelo de desarrollo del que se ha dotado ha hecho que desde 2008 el decrecimiento sea mayor y, de la misma forma, que las consecuencias de la crisis para la vida de las clases populares también lo sean. Mayor nivel de desigualdad, menores salarios, mayores recortes…
Y ante una ofensiva a todo lo público sin precedentes es llamativo como la Deuda Pública de la Región se ha sextuplicado en 3 años: de 139,0 millones en 2010 a 869,1 millones en 2013. Una aceleración de la deuda de la Región que obliga a pagar intereses y aumentar el gasto público. Demencial.
Insistimos que todo esto es muestra de que la recesión va mucho más lejos de la voluntad de quienes nos gobiernan. Su responsabilidad, desde nuestro punto de vista, es la de querer salvaguardar el Régimen al que representan, que los protege y que deben proteger. No hay opción ya de asumir reformas por parte de este modelo. La corrupción o los recortes no son más que dos caras de la misma moneda. Una legal y la otra ilegal. Por supuesto, Valcárcel, Sotoca, los corruptos o El Corte Inglés podían haber sido menos ambiciosos, y gestionar de otra manera menos lesiva para las clases populares los recortes, pero el tapón del modelo económico está ahí. Por supuesto que dentro de las reglas del juego actuales hay margen, y en unos u otros países, en unas u otras regiones las desigualdades no serán tan grandes, pero ese margen está limitado por la propiedad privada de las grandes empresas que, teniendo una capacidad productiva como nunca, el único criterio de búsqueda de beneficios impide el avance de la sociedad.
Hoy lo que toca es empujarlos hasta el precipicio, y no pensar que podemos construirles un puente.

Situación política: Cataluña, la corrupción, Podemos y Ganemos
La situación política se caracteriza con el descontento social generalizado, cuyos aspectos más llamativos son el auge del independentismo en Catalunya, la aparición de numerosos casos de corrupción y el crecimiento de Podemos. Veamos estos tres elementos.
El independentismo catalán. Con el ingrediente de la conciencia nacional catalana, las consecuencias de la crisis económica descargada sobre los trabajadores y el conjunto de los sectores populares, el malestar y protesta social ha estimulado el sentimiento nacionalista en Catalunya. Lo que ha proporcionado una coartada al gobierno de CIU, para difuminar sus recortes sociales –de los que fue adelantado-, trasladar la culpabilidad al gobierno central y a la vez intentar poner en marcha una especie de “nacionalismo controlado”, con el que ejercer presión sobre Madrid para resolver en beneficio propio las tensiones provocadas por el avance de la crisis económica, y conseguir una nueva distribución de los impuestos entre gobierno central y Generalitat para aligerar el enorme déficit publico.
Sin embargo, la llamada alta burguesía catalana se encastra perfectamente dentro del entramado de la oligarquía española a través de una bien tejida red de grandes empresas que se entrelazan con la de otras partes del Estado y coinciden en el dominio económico y político de toda España, participando en el saqueo a los ciudadanos junto con el resto de la oligarquía española, al controlar los sectores estratégicos de la economía. En verdad, la postura del gran empresariado catalán se enmarca hoy en no romper con España, como ellos mismos declaran; aunque está claro que todo esto revela la existencia de una crisis del marco político del que la oligarquía se dotó con la Constitución del 78.
En esta realidad, solamente de los sectores populares puede caminar la independencia de Catalunya con la condición de que al proceso independentista se le imprima carácter antioligárquico, con un programa y unos objetivos definidos. Y solo podrá ser posible si al unisono con el resto de los pueblos de España se le imprime una derrota política a la oligarquía, lo que por otra parte automáticamente conduciría al apoyo mutuo frente a un entorno de países hostiles.
La corrupción. La aparición de los numerosos casos de corrupción y las tensiones que provocan en los diferentes poderes del Estado no puede deberse a que precisamente ahora y en este momento se descubren toda una serie de tramas corruptas insertadas en los centros de poder económico y político durante muchos años. Lo normal es que sean la manifestación de los desajustes y choques vividos en la misma clase dominantes en su pugna interna por mantenerse en el poder y eso se traduce en crisis política e institucional.
De todas formas, no desinteresadamente, se intenta hacer creer que el problema de este país no es el dominio de una oligarquía que mantiene a la mayoría social sumergida en la necesidad, sino que existen un puñado de sinvergüenzas que violando la ética y “las buenas prácticas” del sistema, son los culpables de los males de España. En el fondo las mentes más lucidas de la oligarquía han emprendido una campaña para afirmarse en el poder y conseguir que nada o poco cambie, por la vía de entregar a los leones a sus partes más débiles caídos en desgracia.
El crecimiento de Podemos. Hay varios factores que exponencialmente explican el crecimiento de Podemos, pero uno de los importantes es que surge en el momento en que las condiciones de vida y trabajo se asientan en el deterioro, lo que le permite capitalizar el descontento social hacia la esperanza en un cambio social más justo por la vía electoral. Todo ello aderezado en una nueva imagen política presentada sin vínculos con quienes han sido los sostenedores del sistema durante decenios y en un discurso inicial que colocaba la participación ciudadana y toma de decisiones democráticas como el eje central de su propuesta. En ese sentido la aparición de Podemos contribuye a estimular y darle una difusa forma política a la aspiración de cambio social y ruptura con el sistema surgido de la constitución monárquica del 78.
Otro factor que ha favorecido el auge de Podemos han sido las mismas contradicciones en el seno de la oligarquía dominante, pues a nadie se le oculta que una parte de ella, vinculada a los medios de comunicación, ha desempeñado un papel de primer orden en la difusión y propaganda de Podemos. Esta ayuda es y ha sido mucho más importante que cualquier aportación económica. Naturalmente el apoyo prestado a Podemos es de suponer que persigue debilitar a partidos tradicionales que hasta la fecha se han alternado en la gestión de sus intereses, y de crear una dependencia de Podemos hacia los medios que pasará factura. Es posible que esta parte de la oligarquía esté persiguiendo forzar una alianza PP-PSOE ante el empuje de Podemos, para conseguir un país más estable políticamente para ellos, o es posible que se esté trabajando en la perspectiva de limarle los colmillos y acabar en su completa asimilación dentro del sistema en forma retocada. Lo que es evidente que el apoyo mediático que está recibiendo no es desinteresado; de hecho hoy es una evidencia ya reconocida en medios de comunicación que Podemos ha contribuido a sacar la protesta de la calle y dirigirla hacia la esperanza de un cambio político con las normas, reglas de juego, y en el campo de una legalidad diseñada para el mantenimiento de la oligarquía en el poder. También es cierto que las proclamas movilizadoras contra la oligarquía pondrían fin al apoyo mediático que recibe.
En tercer lugar la difusión de los casos de corrupción tanto en el PP como en el PSOE, la ambigüedad de su mensaje y el esfuerzo por presentar sus propuestas como “lógicas” al margen de la existencia de clases sociales e ideologías, está permitiendo que por una parte conserve imagen transformadora en sectores tradicionalmente de izquierdas desesperados ante la falta de alternativa real al sistema y por otra amortigüe el rechazo en sectores ideológicamente de derecha.
En el aspecto negativo, se puede decir que a Podemos han acudido numerosas pequeñas ambiciones políticas carentes totalmente de principios, que perfectamente pueden acabar con la imagen de honradez por la que está trabajando. Esa es posiblemente la causa de las reservas a la presentación de Podemos en las elecciones municipales.
Pero sobre todo, si entendemos a Podemos como un bloque amplio útil solamente para avanzar hacia la Unidad Popular y no como un partido político de clase portador de una ideología definida y antagónica con el sistema, el aporte más negativo de Podemos a las posibilidades de cambio social en profundidad es la aparente renuncia -al menos de momento- a considerar la movilización y protesta social en elemento central para impulsar un avance popular.
Ganemos. El proyecto de Unidad Popular que encierra Ganemos lo hemos entendido a partir de dos ideas: a) la unidad de la Izquierda puede contrubuir a ilusionar a la gente y a reforzar la Unidad Popular; b) la Unidad Popular va mucho más lejos de la unidad electoral, y por supuesto, de la unidad de la izquierda. Se trata de una unidad de lo mejor de la izquierda tradicional, con las nuevas incorporacioes que vienen de los movimientos sociales y de partidos rupturistas de reciente creación como es Podemos. La ilusión que ha generado la propuesta de Guanyem ha sido uno de los factores importantes para entender la implantación de este proyecto en diferentes ciudades.
Pero la realidad es que en la construcción de los Ganemos nos encontramos con varios problemas, al menos en la implantación de los Ganemos como Candidaturas de Unidad Popular. El crecimiento de las expectativas de voto de Podemos está en el origen de dos tendencias en IU: 1º Los que se hacen fuerte en la identidad del partido para alejarse de Ganemos. Aquí nos encontramos tanto los que honestamente creen en el papel de IU como fuerza transformadora, y los que tratan de conservar sus sillones. 2º Los que entienden que podemos es imprescindible en el momento actual para conseguir transformar la sociedad. Aquí también nos encontramos con los que se suman simplemente a caballo ganador, y los honestos que entienden la importancia de la convergencia.
A nosotros, por supuesto, solo nos interesa reforzar aquellas posiciones que comprendan que Ganemos puede servir para canalizar el descontento y reforzar la ofensiva contra el Régimen.
Por sus especiales condiciones, GRM, merece un debate aparte. En la mayoría de el Estado, los Ganemos, o proyectos de unidad se están dando en los municipios, algo que se facilita bastante con la decisión de Podemos de no utilizar su marca para las municipales. Pero en la Región de Murcia, este proyecto, también surge a nivel Regional, en este sentido, varios miembros de Republicanos hemos trabajado buscando la unidad de todos las personas de izquierdas, en la búsqueda de un proyecto que sea claramente republicano y de izquierdas. En este sentido los avances han sido bastante notorios, pues se consiguió que en la asamblea constituyente el proyecto se definiera como, rupturista y republicano.
Sin embargo tenemos que reconocer que no está siendo capaz de aglutinar a las fuerzas rupturistas, y no tanto por la actividad de los que están tratando de desarrollar el proyecto, sino, en gran parte, por los prejuicios que se han desarrollado acerca de un Ganemos que está desarrollándose para salvar a IU. (Nosotros sabemos, por el trabajo que hemos desarrollado dentro de Ganemos, que los rumores en ese sentido son falsos). Otro de los motivos por los que Ganemos es incapaz de incorporar a Podemos es por la presión del grupo “claro que podemos” de Podemos, que entiende que el objetivo es llegar al Gobierno de España, y la presencia en las diferentes comunidades autónomas se le hace importante, independientemente de la utilidad, en nuestra Región, de presentar la candidatura unitaria.
Ganemos además está teniendo dificultades para crecer en los municipios. Primero por los recelos de esos sectores de IU a los que nos referíamos antes, y segundo por la atmósfera antiganemos que se ha generado en los diferentes círculos.
Nosotros hemos contribuido a lanzar el proyecto de Ganemos y lo hemos hecho avanzar hasta sus límites rupturistas. Pero no tenemos capacidad de forzar una unidad que permita a la izquierda de la región salir reforzada del lance electoral. Son factores externos los que van a decidir si la unidad será posible o no.
Nosotros debemos seguir trabajando por construir una unidad que vaya más lejos de la unidad electoral, apoyando y creando las candidaturas de UP que se pueda, y trabajando desde Podemos para construir la esa unidad de caracter rupturista.


fichas ajedrezIII. La necesidad de una organización como Republicanos en Marcha RM
Pues bien, ante esta situación que podemos resumir como el intento de las clases dirigentes de construir un capitalismo salvaje para salvar el capitalismo y, pese al progresivo avance de las clases populares, como la debilidad del movimiento popular y de sus organizaciones políticas, tenemos que afinar en el modelo de organización que necesitamos y que pueda servir para orientar el conjunto del movimiento.
La gran mayoría de ideas que vamos a presentar son simplemente una explicitación de los objetivos y métodos que están presentes en nuestra vida colectiva y muchas han sido tratadas en diferentes textos ¿Cuáles son las señas definitorias de nuestra identidad y cuál es la organización que necesitamos?
Primero necesitamos una organización formada. Pero, sobre todo, formada colectivamente, en el debate franco y abierto sobre los objetivos a perseguir en cada momento y con capacidad de análisis de la realidad. Que sea capaz de entender el movimiento general de la sociedad y tener herramientas de análisis de cada momento.
Relacionado con lo anterior, necesitamos una organización cohesionada. Cohesionada en torno a nuestros símbolos y dirigentes pero, sobre todo en torno a las ideas generadas colectivamente y al trabajo en los diferentes frentes.
Necesitamos una organización que promueva la participación de sus miembros.
Necesitamos una organización que sepa moverse en esta vorágine en la que el marco ideológico (el discurso dominante) que sustentaba el sistema se ha descompuesto, y aparecen siempre nuevos referentes más o menos duraderos. Una organización flexible y ágil, capaz de entender que una consigna o herramienta que puede servir en un momento dado para el avance hacia la República en otro momento puede convertirse en un obstáculo.
Por eso necesitamos una organización permeable.
Pero para ser realmente útiles, necesitamos una organización firme. Que entienda que muchas veces lo que “escuece” cura, y que no tenga miedo a mostrar sus posiciones y símbolos, pese a que no sean las mayoritarias o no sea cómodo mantenerlas. En definitiva, que no pierda de vista que cada paso que da SÓLO es realmente efectivo si sirve para avanzar hacia la III República. Nosotros no entramos a puestos de dirección de los diferentes frentes en los que trabajamos más que para hacerlos avanzar en la dirección de un cambio profundo de sociedad. Nosotros solo ocultamos nuestros objetivos a los representantes de la oligarquía.
Necesitamos una organización autónoma. Que mantenga públicamente sus posiciones, que trabaje honestamente por el desarrollo de todos los movimientos en los que estamos, precisamente porque considera que esos movimientos son útiles en sí para la creación de conciencia, pero que entiende que esos movimientos son aspectos parciales de la solución, que pueden dejar de servir a los objetivos de la gente.
Necesitamos una organización incardinada en la movilización y que entienda que en los ciclos donde la movilización es importante, se dan las condiciones para que la sociedad asuma un discurso de ruptura. La movilización es una de las armas más poderosas para construir contrapoder. En ella las masas aprenden a organizarse y son conscientes de su fuerza. Un cambio democrático social en profundidad no es posible si para llevar a cabo todas estas transformaciones se confía exclusivamente en la vía electoral bajo las normas de juego, legislación y aparatos ideológicos y políticos diseñados para proteger la permanencia en el poder de la pequeña fracción de la clase dominante, que llamamos oligarquía. Cualquier gobierno transformador, revolucionario, o progresista surgido de unas elecciones, solo tendrá posibilidades de cambiar aquello que sea asimilable por la oligarquía, a no ser que su triunfo electoral sea el resultado de una amplia movilización popular sostenida en las clases y sectores explotados y oprimidos en disposición de impulsar, defender y construir una nueva sociedad.
Necesitamos una organización que ponga de relieve la necesidad de romper con el Sistema y con el actual Régimen, y que lleve hasta las últimas consecuencias la exigencia de democracia participativa que está en nuestro corazón. Necesitamos una organización que apueste por la construcción del socialismo.
En definitiva, necesitamos una organización fuerte, levantada sobre el debate colectivo, firme en la persecución de los objetivos y flexible en la intervención política, que apoye todas sus victorias en sus ideas y en aquellos sectores de las clases populares organizados y combativos.


IV. Republicanos y el socialismoLenin Marx Engels
En nuestro documento político y estratégico explicábamos cómo el republicanismo que defendemos entronca lo mejor de la tradición de la Revolución Francesa y lo mejor del constitucionalismo americano. Y decíamos que mientra que “para la tradición liberal el ciudadano ideal es aquel que persigue su propia felicidad y prosperidad privada sin inmiscuirse en los derechos y libertades de los demás, para la tradición republicana el ciudadano ideal es aquel que participa activamente en el gobierno de las cosas comunes”, “Nuestra oposición al régimen se basa (…) en que las instituciones posibiliten, faciliten y promuevan el ideal de una ciudadanía activa, comprometida y socialmente transformadora”
Pues bien, en Republicanos somos conscientes que esa sociedad a la que aspiramos no va a llegar de la nada y tiene que asentarse en elementos de la sociedad anterior. Por eso, cuando hablamos y tratamos de construir contrapoder entendemos que estamos creando las condiciones para ese cambio. O de otra manera, podremos expulsar a la oligarquía del poder, cuando, de alguna manera, estemos en condiciones de gobernar, lo que significa que necesitamos a una sociedad organizada y formada en “otro” poder diferente del de las clases dominantes, “porque la ciudadanía suponga, ya y siempre, un contrapoder permanente frente al poder de los mercados y de los grandes capitales”
Ahora bien, estos dos pilares de nuestra organización (la sociedad a la que aspiramos y el camino hacia ella), como estamos viendo, no pueden apuntar a una mera reforma del sistema, primero porque como decía Rosa Luxemburgo “la obra reformista de cada periodo histórico se realiza únicamente en el marco de la forma social creada por la última revolución”, y segundo porque de ninguna manera esa reforma del sistema puede ser progresista a día de hoy. Nuestra perspectiva tiene que apuntar hacia el socialismo. Volviendo a recordar a R. Luxemburgo: Revolución o barbarie.
Entendemos que hoy, más que nunca, se hace necesario apostar por el socialismo, porque el capitalismo se ha convertido en un verdadero tapón para el progreso. Es realmente perturbador que la superproducción se traduzca en miseria, que el progreso tecnológico implique el alargar la jornada laboral o que la guerra sea un motor de la economía.
En el capitalismo, con un dominio absoluto de los que controlan el poder económico, la realización de los valores republicanos es imposible. Y esto no es una mera posición teórica, sino que la historia del capitalismo da muestras claras de ello. En todo el siglo XX no podemos poner un solo ejemplo de toma de conciencia de las clases populares, participación o victoria electoral que apuntara a la realización de los valores republicanos, sin que se haya seguido de una reacción violenta por parte de quienes controlan el poder económico (Golpe de Estado o levantamiento armado). Lo que presentamos no son excepciones, sino la norma:
– Lo que pasó en España en 1936 es quizás el caso más paradigmático: gana el Frente Popular y se produce un levantamiento que, tras la victoria, se asienta sobre los asesinatos, las torturas y la más absoluta represión, para que 40 años después, tras la muerte del dictador, los verdugos se sentaran a discutir como hacer una “transición democrática”.
– En Guatemala gana en 1944 las elecciones Juan José Arévalo y en 1951 Jacobo Arbenz, ambos claramente enfrentados al poder de los monopolios fruteros norteamericanos. Mientras que la compañía United Fruit Company patrocina golpes de estado, la CIA lo realiza. Los años siguientes son los de la más absoluta barbarie, represión y genocidio en el país.
– En Indonesia la mera amenaza de que el Partido Comunista ganara las elecciones en 1964 llevó a EEUU a imponer un bloqueo y propiciar un golpe de Estado con el general Suharto. Según Amnistía Internacional fueron asesinados más de un millon de indonesios.
– En Brasil en 1961 gana las elecciones Joao Goulart, un reconocido anticomunista, pero que quería ¡elevar el salario mínimo! Esto lleva al gobierno de EEUU a financiar a los golpistas que triunfarán en 1964.
– El caso de Chile en 1973 es de sobra conocido. Allende inicia un proceso de recuperación de la soberanía nacional y de profundización democrática, que acaba con el criminal golpe de Estado de Pinochet.
1963 en República Dominicana gana con un 59% de los votos Juan Bosch Gaviño, con la inmediata invasión de EEUU.
– En Haití gana las elecciones un teólogo de la liberación en 1990, Arístide con un 67% de los votos. En un mes EEUU impone un Golpe de Estado.
– Colombia, Bolivia, Nicaragua….
Por su parte, las élites económicas nunca creyeron realmente en la democracia. Es sintomático que a Mussolini lo financiaran la alta burguesía italiana, y Hitler obtuvo gran apoyo político y financiero de la burguesía industrial y financiera de su país.
La historia nos muestra que la realización de los valores republicanos que estamos defendiendo es inviable sin proponer un nuevo modelo de sociedad que imposibilite, a quien tiene el poder económico, el control prácticamente absoluto sobre la política. La burguesía está dispuesta a aceptar cualquier tipo de intervención política que sirva para garantizar sus beneficios y, como hemos analizado, los más mínimos derechos sociales son hoy incompatibles con esos beneficios.
Desplazar del poder económico y político a esta pequeña élite económica que dirige el país, entregando la dirección de la economía general a los ciudadanos a través del Estado popular, significa colocarse en la vía de la construcción de una organización social socialista o socializada donde los intereses colectivos se imponen a los personales. La reedición de un capitalismo de mercado sostenido por capitalistas, hoy de segunda fila en la escala económica y social, representaría un paso atrás considerable, puesto que solamente pueden aportar niveles productivos y organizaciones sociales correspondientes a un tipo de capitalismo ya superado históricamente y no acordes con el nivel de desarrollo que hemos alcanzado.
Este cambio social en profundidad que necesariamente implica la destrucción de los viejos órganos de poder estatales, es imposible si no se asienta sobre la participación y dominio directo democrático de los sectores populares sobre la administración y decisiones que afectan a las condiciones de vida y convivencia social, y a la vez ahuyenta los intentos internos y externos de socavar la nueva legalidad democrática.
En definitiva, ¿cuál es el socialismo que defendemos?
– Nos sentimos herederos de todos los intentos emancipatorios que han tratado de acabar con la explotación del ser humano a lo largo de la historia.
– Consideramos que el capitalismo es la forma más acabada de explotación.
– Entendemos que las contradicciones, dentro del capitalismo, se resuelven en el conflicto entre quienes trabajan y los dueños de los medios de producción.
– Consideramos que el capitalismo se ha desarrollado en forma de imperialismo monopolista.
– Entendemos que las contradicciones que preñan hoy al capitalismo apuntan a un modelo de sociedad que acabe con los privilegios de las grandes empresas y la banca.
– Entendemos que el socialismo al que aspiramos se resuelve en el control y racionalización por los trabajadores de los medios de producción.
– Consideramos que se dan las condiciones para la realización de una sociedad donde se puedan desarrollar todas las potencialidades del ser humano.
– Entendemos que el socialismo al que aspiramos tiene que acoger los principios de democracia participativa y la perspectiva republicana.
– El socialismo es en realidad del predominio del salario social sobre el salario directo.
– Caminar hacia el socialismo, la supresión del salario directo, requiere etapas intermedias de toma de conciencia y consolidación de la Unidad Popular frente a la oligarquía. Creemos que es necesario conquistar, previamente a la realización del socialismo la República democrática, como paso a un cambio más profundo de las estructuras políticas.

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