El cielo se toma con pico y pala

Un texto para debatir sobre cómo orientar el trabajo en PODEMOS

logo.publicaciones.blogDecíamos en los últimos documentos que el trabajo en Podemos se tenía que centrar en reforzar aquellos elementos que considerábamos progresistas y que podían ayudar a construir la Unidad Popular y romper con el Régimen del 78. Desde entonces nos hemos involucrado en del desarrollo de Podemos desde la perspectiva de REM, hemos contribuido a desarrollar los círculos y participado en el debate de documentos y procesos de elecciones internas.

Siempre hemos planteado abiertamente cual es el trabajo a realizar en Podemos, y hemos marcado colectivamente las líneas sobre las que nos involucramos en el proyecto. Creemos que se hace necesario establecer los puntos claves sobre los que debemos avanzar hoy.

Nuestra propuesta parte de cuatro puntos que entendemos que están íntimamente relacionados, concebidos desde una concepción integradora: movilización, formación, ruptura con el régimen del 78 y proceso constituyente, y convergencia.

1. La movilización y organización

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Creemos que es fundamental entender que sin la movilización y la organización de la sociedad es impensable que el programa de Podemos se pueda aplicar. Creemos que la movilización es el espacio donde se genera Unidad Popular, donde se forma a la gente y donde se avanza en el discurso. Es indispensable para enfrentarse a las políticas de la élite económica, que maneja muy bien los instrumentos del régimen (medios de comunicación, ayuntamientos, ley electoral….)

Desde las elecciones europeas, sin embargo, en el Estado Español se han hecho muchas menos movilizaciones y la asistencia a estas ha sido escasa en comparación con el periodo anterior ¿ha sido porque la gente tenga menos problemas? Evidentemente no. Escuchamos a veces que la gente participa de otra manera, llenando las plazas en asambleas o yendo a reuniones, pero eso no es cierto del todo. La gente que ha votado en los procesos de primarias de Podemos o de IU no llega a ser ni un 10% de la gente que se movilizaba por la educación pública,la sanidad, o en las Marchas de la Dignidad. Y quién asiste a las asambleas son muchos menos. Las clases populares están confiando a los procesos electorales la posibilidad de cambiar las cosas. Y eso significa un cambio de enfoque con respecto al discurso hegemónico que fuimos capaces de construir hasta las Marchas de la Dignidad. Un cambio que significa poner de nuevo el acento en la delegación.

Hoy precisamente creemos que la ausencia de movilización hace que nos encontremos con que está perdiendo terreno las posiciones más progresistas. Es en el desarrollo de la movilización donde, al vincularnos mucho más íntimamente con los sectores populares, al sentir la fuerza de la Unidad Popular, confrontamos mejor contra el discurso de las clases dominantes.

Es por esto que para hacer valer una posición antioligárquica que pueda hacer realista lo mejor de la propuesta de Podemos, es necesario recurrir a ese espacio de unidad que es la calle.

2. La formación política

Sin contar con una base de gente dispuesta a entender y analizar los procesos que ocurren en la sociedad, que conozca elementos básicos de nuestra política, pero también que se plantee cuál es el camino, y los pasos a dar para cambiar las cosas, será imposible que un programa rupturista salga adelante. En el terreno de los eslóganes y los espacios comunes que abundan en nuestra sociedad solo nos queda la confianza ciega en nuestros dirigentes.

Señala Errejón que la ilusión, en Podemos, sirve de cemento, ante la ausencia de un relato común que unifique “a los de abajo”. Y también que piensa que la situación cambiará porque si bien las élites están reaccionando muy lentamente, también es cierto que tienen muchísimos recursos para contratar a gente muy buena (https://ipena44.files.wordpress.com/2014/12/errejon_claves.pdf). La ilusión es pasajera y muy difícil de mantener en periodos prolongados. No conviene olvidar que nuestro aparato de propaganda se apoya actualmente en los medios del sistema, y que eso no va a ser siempre así porque la lógica comercial será taponada por la lógica política de actores influyentes que puedan imponer un “ya no más” (Íñigo Errejón).

Es precisamente por esto por lo que se hace necesario sedimentar los avances, marcar el terreno alcanzado y seguir avanzando desde la última conquista. Y esto es imposible sin atender a la formación colectiva, sin debatir y convencernos unos a otros, sobre qué queremos conseguir y cómo conseguirlo. Nuestro aparato de propaganda tienen que ser las decenas de miles de personas inscritas en Podemos. Personas que sepan explicar las cuestiones centrales de nuestro programa, y moverse en el complicado terreno político.

Es una irresponsabilidad abandonar esta necesidad por la urgencia de la organización interna, o por la confianza en que las elecciones nos situarán en un terreno nuevo. Primero porque nuestro programa se moderará constantemente ante la presión de esa “gente muy buena” de las élites, y segundo porque si, por lo que sea, no somos capaces de cambiar las reglas del juego en los procesos electorales que se avecinan, y no transformamos los eslóganes en mensajes políticos, entonces Podemos dejará un desierto de desilusión y desmovilización.

El insertar nuestra lucha en un pasado y proyectarla hacia un futuro es lo que ha permitido a la gente seguir luchando cuando, manifestación tras manifestación, no parecía haber éxitos concretos. Ha sido en esa lucha como se ha ido generando el discurso rupturista que ha permitido la aparición de Podemos.

Abandonar esto, para nosotros, no es más que comodidad y renuncia a la transformación.

En lo concreto, para nosotros es clave desarrollar un plan de formación, que incluya un listado de textos, libros, artículos, publicaciones digitales, cine y música de referencia; que contemple los diferentes niveles de formación, que aborde de forma sistemática el debate político en los círculos…. Esto se traduce, por ejemplo, en cuestiones tan simples como el hecho de que en las reuniones de grupos de trabajo y asambleas de los círculos haya un punto del orden del día dedicado al debate político, donde se planteen las cuestiones relevantes de política internacional, nacional, regional, local o sectorial.

3. La ruptura democrática con el Régimen del 78 y el proceso constituyente

La movilización puede dirigirse hacia muchos sitios y la formación puede ser muy amplia. Pues bien, ¿hacia dónde vamos?

Lo primero que nos interesa señalar es que no puede ser la misma formación para los que tenemos que sobrevivir con nuestro trabajo, que la de aquellos que viven del trabajo ajeno. Para estos, conocer los vaivenes de la ingeniería financiera, o cómo hacer una empresa rentable, o informarse de cómo hacer una campaña publicitaria de miles de millones es fundamental. Sin embargo, a la gran mayoría de “los de abajo” nos interesan otras cosas, de nuestra vida personal, pero también de la colectiva, como por qué sube o baja la gasolina, quién paga los servicios públicos, por qué hacen una reforma laboral o por qué el banco se queda con tu casa y encima tienes que seguir pagando la deuda.

Y no solo es que nos interesen otras cosas, es que no podemos ver nunca las cosas igual que las ven los de arriba, porque el conocimiento también son intereses. Es fácil que un gran accionista de Iberdrola se estruje los sesos para creer que hay otras formas de salir de la crisis que la nacionalización de “su” empresa, o que el dueño de Mercadona entienda que una bajada de salarios es buena para que haya beneficios. Ya habrá estudios de economistas reconocidos que expliquen que eso que es bueno para unos pocos es bueno para todos. Esa será su verdad, la que se repetirá porque interesa a los grupos dirigentes.

Pues bien, la formación que necesitamos es la formación de lo que hemos llamado las clases populares, o los de abajo, y tiene que enmarcarse en ese proyecto de ruptura democrática con el régimen del 78. Porque hoy, ante la crisis del régimen del 78, se abren dos posibilidades: la de un proceso que cambie las reglas del juego para que los de arriba sigan sacando beneficios del miserable trabajo de los demás (aunque signifique el estancamiento económico y la miseria social), o una un cambio para que los de abajo acaben controlando las instituciones. Proceso constituyente reaccionario o proceso constituyente progresista.

Señala Errejón: “las posibilidades de PODEMOS pasan por dar una disputa que tenga un pie en el sentido común de época y el otro en (…) una posibilidad transformadora desde la que realizar una intervención política que cambie las reglas del juego” Necesitamos hablar claramente desde los círculos y a la sociedad de que lo que necesitamos es caminar hacia la ruptura con ese modelo de sociedad que implica recortes en calidad de vida y derechos, y eso es la ruptura con este modelo de Estado.

¿Cómo desarrollamos esto desde los círculos? Lo primero, se trata de no dejarnos seducir por el “hay que hablarle a la gente de las cosas concretas”. La gente necesita mensajes valientes y generales, que les ofrezcan soluciones políticas realistas. Atrevidas, pero realistas. Y eso significa decirles que hay que acabar con el régimen que hace imposible que la ciudadanía tenga unos derechos mínimos. También significa que hay que señalar quiénes son los otros, los que están más allá del muro, los intereses que han llevado a la situación que estamos viviendo. Nosotros los llamamos oligarquía, pero pueden tener muchos otros nombres, los del IBEX35, las élites económicas, los de arriba…. Y decir que hoy tienen unos intereses contrapuestos al pueblo. Para ellos la movilización es mala, para ellos no hay que nacionalizar, para ellos la deuda ilegítima hay que pagarla. Ruptura con el régimen significa señalar que esa gente controla unas instituciones que son un traje a medida fabricado durante más de 70 años, para que siempre salgan ganando, y que tenemos que desarrollar otro modelo institucional, que cambie las cosas de abajo a arriba. Y eso se hace, también, con la movilización y la organización de la gente. Significa, además, explicar que no vamos a aceptar ningún pacto de gobierno con partidos del régimen.

No solo se trata de escribir esto en nuestro programa, porque el papel lo acepta todo, sino de hacerlo valer, de decirlo cuando haya oportunidad.

4. La confluencia

Bien, pues nuestro proyecto de ruptura democrática con el Régimen se desarrolla en el proceso de construcción de la Unidad Popular, esa es la verdadera centralidad del tablero, esa es la transversalidad en la que creemos. El pueblo unido en torno a un proyecto común es lo que puede hacer posible el cambio. Entender las claves de la construcción de esa unidad del pueblo es fundamental. Esa unidad va mucho más allá de la unidad de las organizaciones y partidos rupturistas, precisamente porque el pueblo no está encuadrado en organizaciones; pero tiene que ver con ellas.

Nosotros defendemos la necesidad de la confluencia fundamentalmente por dos motivos políticos, y no solo estadísticos.

1. Pongámonos las gafas de las elecciones, y pensemos qué es lo que serviría para obtener más votos. Porque es cierto que los votos son expresión de confianza y, sobre todo, pueden ilusionar. Nosotros tenemos la hipótesis de que la confluencia, bien entendida, serviría para obtener más votos. Es cierto que el crecimiento electoral de Podemos se asocia, en lo inmediato, a la idea de que novedad y “pureza” de la organización, y que mezclarla con otras organizaciones podría frenar este crecimiento, pero también es cierto que la idea de unidad genera entusiasmo. La experiencia lo demuestra. En las movilizaciones que hemos vivido estos últimos años la masa de gente se multiplicaba por cien cuando se unían las diferentes organizaciones. Lo hemos visto en educación, en sanidad, en las mareas, en las Marchas de la Dignidad. Y eso pese a que esa unidad se realizó con organizaciones que no contaban con la simpatía de mucha gente. Un ejemplo que creemos debería ser revelador es el de la II Marcha de Mareas en Murcia. Cuando en el resto del Estado las disputas entre organizaciones impidieron hacer manifestaciones importantes, en Murcia la unidad en un programa, unos objetivos y un trabajo común sacó a 80.000 murcianos a la calle. Y acudir a una manifestación es también expresar la necesidad de cambio, es salir de casa, coger el coche y desplazarte muchos kilómetros para volver unas horas después. La unidad entusiasmó, y parece que hoy olvidamos eso. Se dice que no es lo mismo la psicología del votante que la del manifestante, pues eso sí que no está contrastado con ninguna hipótesis. En realidad para la gente manifestarse y votar son dos formas de intentar cambiar las cosas.

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En la crisis del Régimen la ciudadanía rechaza, sobre todo, el bipartidismo, PP y PSOE, y el no tener opción de decidir sobre cuestiones importantes, el voto hipotecado a cuatro años. ¿Acaso no ayudaría, mucho, a obtener votos que Alberto Garzón, Cañamero, Ada Colau y Pablo Iglesias hicieran un acto de campaña juntos?

2. Pero bueno, quizá esa hipótesis no sea la correcta, incluso si no consiguiéramos más votos, con ese proceso de convergencia conseguiríamos algo mucho más importante: tomar el cielo que se conquista con Unidad Popular. Con los mejores de cada casa. Conviene recordar que la renuncia a presentarnos a las locales es una muestra de nuestra debilidad orgánica, política e ideológica. Tenemos unos círculos poco formados, sin experiencia, que además renuncian a la formación y al debate, se dice, por estar en pleno proceso de primarias. Errejón, atacando la vieja política explica que Los mecanismos de ascenso no estaban fundados en la generación de ideas propias, sino en la capacidad para no buscar enemigos, para no molestar. En un tiempo en el que se precisan grandes transformaciones, en el que son necesarios líderes políticos con audacia e imaginación, con inteligencia, atrevimiento y valentía, descubrimos que estos líderes han sido seleccionados precisamente por lo contrario. Están marcadamente incapacitados para reaccionar ante lo que pasa.

La movilización y las demandas de mayor democracia que han cristalizado en Podemos, ya ha tenido el efecto de arrinconar a esos líderes que ya no sirven.

Pero cuidado, porque este mismo problema puede afectar claramente a Podemos. La gente no manifiesta su posición política porque no quiere asustar, por ocupar el centro, que no la centralidad. De ahí nuestra demanda de movilización, formación y discurso político.

La cuestión, en todo caso, es que no tenemos estructura suficiente, para asaltar el cielo, que necesitamos lo mejor del resto de organizaciones, la gente que ha estado luchando y los que saben mantenerse firmes, y no plegarse a los vientos. Los líderes que sí sirven.

¿Hacen falta encuestas para ser conscientes de esto? ¿Acaso tenía encuestas Pablo Iglesias cuando lanzó la idea de Podemos?

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