Declaración ante los actos de terrorismo yihadista perpetrados en París

logo.publicaciones.blogEl reciente acto de terrorismo acecido en Paris, con su secuela de asesinatos, alarma social y miedo, no es la foto fija de un hecho execrable y condenable sin paliativos, sino que debe invitar a reflexionar sobre las circunstancias que lo han promovido.

No es ajeno al terrorismo yihadista, las políticas occidentales al servicio de los intereses de los EEUU y de las multinacionales, que bajo la excusa de acabar con regímenes dictatoriales en Afganistán, Irak o Siria, con argumentos tan falsos como acabar con la imposición del burka, la destrucción de armas de destrucción masiva, o proteger a la población civil del tirano, han llevado a territorios lejanos de mayoría musulmana, guerras despiadadas, alimentadas con el armamento convencional más mortífero y letal conocido.

Los cientos de miles de civiles, asesinados impunemente en estos conflictos armados, bendecidos por gobiernos occidentales; las decenas de miles de niños, mujeres y ancianos caídos casi diariamente, bajo el fuego de las bombas de racimo, de los misiles lanzados por invisibles aviones drones, y los millones de desplazados por enfrentamientos armados, no son hechos desconectados del odio colectivo, inducido a sus fieles por ulemas oportunistas, en amplios sectores de pueblos de confesión y cultura islámica; un caldo de cultivo en el que se está desarrollando esta nueva Guerra Santa del siglo XXI, y que tiene como consecuencia el reclutamiento por facciones extremistas, de jóvenes musulmanes suicidas, imbuidos de fanatismo vengativo y redentor, por lo que unirse al clamor de protesta por la barbarie de París, y manifestar solidaridad con las víctimas no basta, sobretodo viendo cómo en nombre de los valores de la democracia y de la libertad de expresión, asoman por doquier mensajes xenófobos, racistas y antimusulmanes, intentando acabar con las políticas de pluriculturalidad y de acogida, calificándolas poco menos como el origen de los actos criminales de han conmovido a Francia y a toda Europa.

La respuesta al terrorismo no puede simplificarse con más policía, más leyes restrictivas de las libertades públicas, o más ejércitos y acciones bélicas de castigo en países más o menos remotos, aventuras criminales pagados con el dinero de todos para servir a los intereses geoestratégicos de los mercados. Ya estamos viendo el efecto boomerang de operaciones bélicas como “Tormenta del Desierto” o “Libertad Duradera”, que han trasladado el frente de batalla desde las polvorientas aldeas del Hindu Kush, a la estación de Atocha, el metro de Londres, las Torres Gemelas de Nueva York o las calles de Paris.

Si la visión de una escuela rural incendiada, rodeada de cadáveres destrozados de niños y maestros cerca de Mosul, si las decenas de heridos calcinados tras un ataque USA en el hospital iraquí de Fallujah, y si la escena de los cincuenta asistentes a una boda, en una población del este de Afganistán, convertidos en un montón de carne picada, como consecuencia de una bomba de racimo, si estas imágenes censuradas hubiesen llegado a los telediarios de las televisiones europeas en hora de máxima audiencia, entonces se comprendería sin esfuerzo por la gente, la relación entre el terrorismo practicado en zonas de religión musulmana -con el concurso de nuestros países-, y los actos de terrorismo que han tenido por escenario Nueva York, Londres, París o Madrid. Para protegerse contra esta categoría de terrorismo, es indispensable acabar con las actuales políticas de belicismo preventivo, que finalmente degeneran en campañas de instrumentalización yijadista por estas guerras injustas.

Por lo pronto, debemos de estar alerta ante las estrategias que los gobiernos de la OTAN pretenden poner en marcha, amparándose en la emotividad colectiva, levantada por las consecuencias de la masacre de Paris, y que tiene por objeto la militarización de la sociedad, con medidas supuestamente garantistas de la seguridad, pero que en realidad están orientadas a menoscabar las libertades individuales y colectivas para controlar, no solo los movimientos supuestamente pro-terroristas, sino también los de las organizaciones y personas que estos gobiernos consideran “peligrosos” para el manteniendo del actual “statu quo” del imperio del capitalismo y de los mercados.

No al terrorismo yihadista.

No a las causas que lo promueven.

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