Valoración de las elecciones y perspectivas de futuro

logo.publicaciones.blogEl resultado electoral del 24 Mayo ha tambaleado a la derecha, pero no la ha noqueado. De momento el PP intenta revalidarse como gestor útil de los intereses de la oligarquía aunque con cierta confusión, lo que da lugar a banderías Por una parte van surgiendo -con matices- propuestas convergentes del PP –como partido más votado-con el resto de los partidos implicados en el mantenimiento del orden actual, en concreto: PSOE, Ciudadanos y si es posible el nacionalismo que llaman “moderado”. Eso es lo que hay detrás de las propuestas de Aguirre, Barbera, Monago y en cierta forma de Rajoy. En la otra parte surgen algunos francotiradores que piden una renovación completa e incluso la sustitución de Mariano Rajoy. En cualquier caso, parece que el PP se enfrenta a un escenario que a pesar de las encuestas no esperaba, puesto que confiaba en compensar su previsible retroceso electoral con un ascenso suficiente de Ciudadanos.

La dirección del PSOE, -que todavía no ha entendido que la ruptura del sistema está llamando a la puerta- intenta recuperar el papel de gestor de los grandes capitales procurando convertirse en el eje hegemónico de toda la oposición al PP e integrarla dentro de los cauces y normas del sistema, aunque ello implique pequeñas reformas maquilladoras. De esa forma el PSOE quedaría validado a los ojos de la oligarquía como su más eficaz instrumento político en momentos de incertidumbre.

Las fuerzas de progreso Podemos, IU, y otras candidaturas populares que han conseguido representación autonómica o local se encuentran en el dilema de convertirse en centro impulsor de la política de ruptura con el régimen, o bien sumergirse en un mar de pequeñas reformas –con y sin PSOE- que no lo ponen en cuestión.

A medio plazo esta política es el camino perfecta para que la derecha montaraz recupere el terreno perdido una vez, que se disipen las esperanzas de cambio en profundidad, expresado en el voto a estas fuerzas políticas, y latente en el prestado al PSOE . Y ello porque la estructura de poder económico y político imperante en España no permite un cambio de las relaciones de dominio de una oligarquía sobre el resto de sectores sociales.

Quebrar el dominio de la oligarquía requiere el resurgir de la movilización y la conversión de los centros de poder institucionales en verdaderos centros de resonancia y clamor de los sectores populares movilizados. Se trata entender que los elegidos el 24 de mayo son verdaderos tribunos populares y no meros administradores con mayor sensibilidad social que los del PP.

Pero esto, no es una cuestión de decisión personal de diputados, concejales, o alcaldes, ni siquiera sirve para mucho la utilización de radicalismos verbales y afirmaciones de fidelidad revolucionaria, la única condición necesaria para que los elegidos en estos comicios puedan convertirse en verdaderos tribunos populares es la existencia de un clima social que lo permita, es decir la existencia de un pueblo movilizado que dispute cada conquista, y que sostenga en la calle cada iniciativa que haga retroceder el poder oligárquico. Ese es el único terreno de lucha que realmente amenaza a las clases dominantes y que obviamente no podrá seguir la dirección del PSOE, -o solo a regañadientes-, aunque si sus bases trabajadoras.

En lo inmediato las fuerzas y partidos políticos populares que han conseguido representación institucional tienen el dilema de hacerse acompañar por el PSOE, o facilitar gobiernos presididos por él. A nuestro entender allí donde las fuerzas populares y rupturistas tenemos fuerza para disputar el terreno a la derecha, sería una grave irresponsabilidad agrandar el estado mayor de la oligarquía, -que hoy todavía es el PP- rechazando la colaboración del PSOE y echándolo en brazos de la derecha para formar ese gran bloque reaccionario por el que claman algunos dirigentes del PP. En cualquier caso el peso político e ideológico de las propuestas del PSOE, y fuerzas similares, están en relación directa con la existencia, o no, de la movilización social.

En aquellos lugares donde la representación de los sectores rupturistas es la clave para la formación de gobiernos del PSOE, creemos que la línea a seguir consiste en la exigencia de medidas populares a cambio de facilitar la formación de gobiernos PSOE y próximos, y debilitar de esa forma al administrador de turno de los intereses oligárquicos en estos momentos, que es el PP, pero sin implicarse en el gobierno de un ente local o autonómico en el que no podremos ejercer una labor hegemónica y al que solamente podremos contribuir a su administración dentro de los parámetros del sistema. Por el contrario debemos utilizar los cargos públicos para desplazar el protagonismo político y social hacia la calle. Y por últimos en aquellos lugares donde se puedan formar gobiernos sin nuestro concurso nuestra tarea es trasladar a las instituciones el clamor popular.

Más allá de lo inmediato, de los votos, los concejales y los pactos, debemos pensar en el largo plazo. En este combate de fondo entre los intereses de la oligarquía y los intereses de las clases populares, la única ventana de oportunidad está en la construcción de unidad popular. En primer lugar, porque sólo una confluencia amplia entre movimientos sociales, sindicales y políticos, puede ponernos en condiciones de enfrentar el colosal poder de la oligarquía. En segundo lugar, porque un proyecto unitario en el que no sobre nadie que esté por la ruptura contra la oligarquía, los recortes y la austeridad, es un proyecto ilusionante y exitoso.

Se ha demostrado en estas elecciones que la unidad popular funciona incluso desde la perspectiva electoral. Las candidaturas donde esa unidad ha sido real y no sólo nominal han sido un éxito. Durante mucho tiempo hemos oido hablar contra la confluencia bajo el argumento de que “hay sumas que restan”. Los hechos han probado lo contrario: hay sumas que multiplican. Los que no han sabido o no han querido ver el éxito de las candidaturas unitarias se equivocan. Dentro de PODEMOS se equivocan aquellos que piensan que el éxito de las candidaturas de unidad popular se debe fundamentalmente al liderazgo carismático de sus cabezas de lista o al hecho de que “la pulsión de cambio” llega antes a las grandes ciudades que a las provincias. Dentro de IU, se equivoca el sector que piensa que los malos resultados se deben a que IU se ha disuelto en siglas extrañas en su intento de confluir.

Lo llevamos diciendo mucho tiempo: la unidad popular es el camino. Es lo que nos puede permitir conectar las instituciones con la movilización. Es lo que puede ilusionar y cohesionar a una izquierda social que corre el riesgo de desfondarse en luchas sin horizonte. Es lo único que asusta a la oligarquía. Se ha visto en las reacciones que ha generado el éxito de las candidaturas de unidad popular. Un partido que se aviene exclusivamente al juego electoral de defender su marca y buscar discursos que pesquen votos, no asusta a nadie. Está dentro de las reglas del Régimen. Un movimiento amplio de unidad popular que cohesione y unifique luchas y demandas de las clases populares, que entre en las instituciones para ser motor y altavoz de esas luchas y que aspire a romper con el Régimen del 78; eso sí asusta a la oligarquía.

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