Posición de REM sobre la situación en Grecia

logo.publicaciones.blogEl desarrollo de los acontecimientos de las últimas semanas, en especial de los últimos días, en la política griega merece un análisis detenido y sereno sobre la situación en la que ha quedado el país heleno. En primer lugar, desde REM queremos reafirmar nuestro apoyo a las políticas antiausteridad y al programa contrario a la Troika con el que Syriza se presentó a las elecciones de enero. Las dificultades con las que el gobierno de Alexis Tsipras se ha encontrado en el camino para desarrollar ese programa han sido enormes. No podía ser de otra manera. La lucha de clases se acentúa mucho más cuando las oligarquías delegadas de la gran banca europea pierden el control de los gobiernos. La ofensiva desde todos los frentes ha sido brutal, demostrando la poca capacidad de actuación de los gobiernos estatales en un marco supranacional en el que son los poderes no democráticos (FMI, Banco Europeo, Banco Mundial, Comisión Europea…) los que determinan la política económica de los Estados. La respuesta del gobierno griego fue recibida como una gesta heroica por parte de toda la izquierda europea. El encargado de negociar con la Unión Europea y los acreedores fue el ministro de Economía, Yanis Varoufakis, quien encarnó a la perfección la resistencia a las políticas de austeridad que la Troika quería imponer en el tercer “rescate” a Grecia. Estas condiciones pretendieron ser impuestas sometiendo al país a un inaceptable chantaje, en el que se llegó a instaurar un corralito bancario que limitaba la disponibilidad del dinero a 60 euros por habitante al día. El gobierno griego estuvo entonces a la altura del momento histórico, y dio la palabra al pueblo en un referéndum valiente, con el que el pueblo decidiría por sí mismo si aceptaba o no las condiciones de este rescate. La victoria del NO (OXI) por un 61% dio alas a la visión revolucionaria del pueblo griego, quien a pesar de la campaña del miedo desarrollada por los poderes europeos, el claro posicionamiento de los medios de comunicación helenos contra el gobierno y a favor del SÍ, o las continuas amenazas de expulsión de la Eurozona, dio una lección de dignidad y soberanía, rechazando las condiciones humillantes del rescate y asumiendo iniciar, al lado de su gobierno, un camino de lucha y resistencia frente a las lógicas del gran capital y del imperialismo germanoeuropeo.

Todos estos anhelos y aspiraciones populares fueron hechos añicos con el transcurso de los acontecimientos a partir de la victoria en el referéndum del 5 de julio. La salida, apenas 12 horas después de conocerse los resultados, del gobierno de Yanis Varoufakis no auguraban nada positivo para los trabajadores griegos. Pocos días después, se conocía la nueva propuesta de la Comisión Europea para Grecia, que agudizaba aún más los recortes y situaba al país en peores condiciones que las que acababa de rechazar en referéndum. Fue una auténtica sorpresa que Tsipras aceptase dichas condiciones y que iniciase un viraje hacia posturas continuistas con las desarrolladas por los gobiernos anteriores, basadas en la austeridad y el expolio del patrimonio público de los griegos y las griegas.

La posible convocatoria de elecciones para septiembre y la consecuente dimisión de Alexis Tsipras (condición indispensable según las leyes griegas para que se puedan celebrar elecciones), no son –como hay quien pretende señalar- un ejercicio de responsabilidad democrática. Responde más bien a otra lógica menos épica. Las palabras de Monereo sintetizan nuestra visión: «Tsipras sabía mejor que nadie que no estaba garantizada su mayoría en el próximo congreso de Syriza. La convocatoria de nuevas elecciones no tiene nada de heroico. Sabedor de que las cosas en su partido estaban difíciles para él, convoca elecciones generales para conseguir tres cosas a la vez: garantizarse las siglas, propiciar la ruptura de Syriza huyendo del debate democrático y del posible cuestionamiento de su liderazgo y, por último, buscar el respaldo popular antes de que se empiecen a notar los efectos económicos y sociales de las políticas de austeridad impuestas por la troika y aceptadas por la mayoría del parlamento griego.».

Si para decidir si se aceptaban o no las condiciones impuestas por el memorando de junio, Tsipras convocó a las urnas, no fue así para aceptar condiciones aún más duras en la nueva redacción. El rescate ya ha sido firmado, y lo único que podrán decidir los griegos es quien gestiona el nuevo escenario, para nada coherente con el programa que Tsipras llevó a las últimas elecciones.

Desde República en Marcha creemos que el análisis de los acontecimientos tiene que llevarnos a mantener las mismas posiciones que manteníamos hace unos meses. En aquella ocasión, nuestro apoyo a Syriza fue total, identificándonos con su programa antiausteridad. El desarrollo de la actualidad política nos lleva a sacar varias conclusiones, que deberán ir concretándose a medida que avancen los acontecimientos en Grecia.

En primer lugar, admiramos y apoyamos al pueblo griego, quien dio una lección de dignidad sin precedentes al rechazar en referéndum las políticas de recortes, saqueo, austeridad y genocidio social impuestas por las instituciones de la oligarquía internacional.

En segundo lugar, insistimos en la necesidad de que los gobiernos estén controlados directamente por el pueblo. La ruptura entre la decisión del pueblo en el referéndum sobre el memorando y la decisión del gobierno de aceptar las medidas impuestas muestran que es necesario más que nunca el reforzar y crear estructuras y herramientas de contrapoder popular, que controlen al gobierno y democraticen la toma de decisiones, haciendo imposible que un gobierno legisle en contra de su propio pueblo.

En tercer lugar, en línea con lo anterior, la derrota en la batalla de Grecia y la capitulación del gobierno de progreso viene a confirmar la idea de que no es suficiente una victoria electoral para derrotar a la oligarquía. El establecimiento de esas herramientas de contrapoder popular es básico para conseguir cualquier avance en las posiciones de las clases trabajadoras. Las elecciones pueden ser una herramienta más, pero es necesario tener en cuenta que dentro del corsé impuesto por las (dentro del mol modelo de sociedadinstituciones burguesas no tendremos las estructuras necesarias para ganar.

Por último, no solo se trata de la movilización y la organización de un pueblo, el caso griego viene a demostrar que es completamente imposible realizar políticas que beneficien a las clases populares dentro de la institucionalidad de esta Unión Europea. Somos europeístas, entendiendo la necesidad de unión y colaboración entre los diferentes pueblos libres de Europa, para la construcción de un esqueleto social que garantice la prosperidad y la justicia social de todos los europeos y europeas. Esta visión del europeísmo se enfrenta a la realidad actual del engranaje institucional de la Unión Europea, diseñada para favorecer al gran capital y beneficiar a las burguesías de Europa Central, situando a los países del sur como protectorados coloniales, y a sus habitantes como súbditos de un Reich Económico. Es necesario por tanto trabajar en la construcción de relaciones entre los pueblos del sur de Europa para determinar una agenda común de enfrentamiento a las políticas de austeridad y desmantelamiento de los estados, que camine en la dirección del desmontaje del actual cuerpo de una Europa cada vez más antisocial, para construir una Europa basada en los valores de soberanía popular y justicia social. Por supuesto, ninguna idea de Europa puede estar sobre los esa idea de igualdad y justicia social que abarca a toda la humanidad. Por eso se hace urgente ahora asumir que es indispensable una valiente ruptura con el actual marco de construcción europea.

Ante este análisis, desde República en Marcha vemos clara la necesidad de apoyar el programa original con el que se presentó Syriza a las elecciones griegas, y que a día de hoy sólo representan los diputados escindidos de la formación, y la candidatura de Unidad Popular. Así mismo, sostenemos que las tesis defendidas por Yanis Varoufakis sobre las posibilidades de un gobierno de resistencia, son las que van en el buen camino para la recuperación de la soberanía del pueblo griego. También llamamos a las diferentes fuerzas de progreso de todos los estados europeos a posicionarse junto al pueblo y denunciar cualquier intento de capitulación. La tarea de los gobiernos de la izquierda no es gestionar la miseria que nos deja la oligarquía internacional, sino romper con su institucionalidad y desafiarla con políticas que desborden sus lógicas. Por último, rechazamos cualquier intento de vender la idea de que no hay otro camino a las políticas de austeridad neoliberales, tanto en Grecia como en nuestro país.

Si las fuerzas de progreso quieren disputar el gobierno al bloque de la oligarquía, debe ser bajo la premisa de ruptura democrática y de organización de las masas para el desarrollo de políticas que favorezcan al pueblo.

¡Ni un paso atrás!

¡Unidad Popular frente a los recortes y el desmantelamiento de los estados del Sur!

¡No a la Europa del Capital! ¡Sí a la Europa de los pueblos, la libertad y la justicia social!

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