Manifiesto de Republica en Marcha ante las elecciones del 20 de diciembre

A los pueblos, naciones y nacionalidades del España:

logo.publicaciones.blogEste próximo 20 de diciembre están convocadas elecciones generales. Elecciones presentadas como cruciales para nuestro futuro y son las más animadas mediáticamente desde la llamada “transición democrática”. Unas elecciones celebradas con cinco millones de parados, y diez millones de ciudadanos bajo el umbral de la pobreza y, sin embargo, con los mayores beneficios bancarios de la historia; elecciones sumergidas en la búsqueda desesperada de beneficios para el capital internacional. Pero lo cierto es que no dejan de ser el más alto ejercicio de democracia tutelada por el gran capital financiero y oligopolista europeo. Unas elecciones en las que cumplir las aspiraciones populares y el programa esgrimido por los partidos del cambio y de la izquierda queda supeditado al visto bueno de los capitales financieros asociados en la Unión Europea; en las que toda decisión popular y democrática queda sujeta al permiso de las elites financieras e industriales alemanas, como ha dejado tristemente claro el ejemplo griego.

En estas tierras agrupadas bajo el nombre de Reino de España la oligarquía, más españolista que española, se ha involucrado en el sacrificio de la libertad, protección social, y progreso; se ha empeñado en el empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo para alimentar la tasa de beneficios que las inversiones financieras requieren. Esa minoría que controla las empresas oligopolistas españolas de la mano del capital financiero extranjero tanto árabe como europeo y norteamericano; esa casta que controla los sectores estratégicos y energéticos de nuestra economía una vez más tiene que revalidar su dominio político encauzando el creciente descontento popular hacia la integración en su legalidad, en su ideología, en su sistema de valores, su patriarcado, sus normas, sus leyes, su constitución monárquica, en su Unión Europea, que no es la de los pueblos de Europa sino la de los capitales apátridas.

En estas condiciones, la clase trabajadora, el pueblo, y la mayoría social no puede acudir a estas elecciones más que denunciando sus problemas y afianzando sus reivindicaciones sociales y políticas a modo de banderas de enganche que permitan acumular fuerzas para la verdadera batalla contra la oligarquía. Una batalla que ha de librarse en nuestro terreno, o no será verdaderamente antioligárquica y democrática; un partido que habrá que jugarse en el campo de la movilización y la participación popular entre cerrados puños; música de valores solidarios y cánticos de libertad e igualdad.

Ese partido por el cambio de verdad no se juega en estas elecciones; aquí nadie pone en cuestión la hegemonía económica de la oligarquía para conseguir el derecho a la vivienda, al trabajo, acabar con los bajos salarios, evitar los recortes en sanidad y educación, terminar con el saqueo de los oligopolios y luchar eficazmente contra la pobreza. Frenar el retroceso de derechos democráticos y propuestas socialmente avanzadas, son presentados como compatibles con la permanencia bajo el tutelaje de los grandes capitales de la Unión Europea. Parece que nadie ha aprendido del ejemplo de Grecia y se sigue soñando con mejorar las condiciones de vida y trabajo reeditando un imposible keynesianismo consumista, envuelto en ventajas y protecciones sociales ya indigeribles por la fase actual del capitalismo.

Sabemos, en definitiva, que queda trabajo por hacer y que la construcción de una sociedad democrática, justa e igualitaria que desarrolle ventajas y conquistas sociales, requiere la nacionalización de los sectores estratégicos; la recuperación de los oligopolios, una política de soberanía nacional económica y política frente a los dictados de la UE; la negativa a pagar la deuda pública generada para beneficiar a los grandes capitales, negocios especulativos y banca nacional y extranjera, la ruptura con el régimen monárquico del 78, y el desplazamiento de la oligarquía del poder político a través de un proceso constituyente que contemple la posibilidad de la Republica. Todas ellas propuestas y reivindicaciones populares en buena medida fueron clamor en las movilizaciones de las Marchas de la Dignidad el 22M.

Es precisamente porque en estas elecciones esos temas no forman parte clara de los programas de izquierda transformadora, popular y social; para limitarse a propuestas aisladas de mejora social separadas de la capacidad real e independencia nacional necesaria para poder aplicarlas; y porque en contrapartida también incorporan reivindicaciones justas de amplio calado, como el derecho a la autodeterminación, o a decidir; las cinco condiciones de la PAH (dación en pago, fin de los desahucios, alquiler asequible, vivienda social y suministros garantizados); así como buena parte de las reivindicaciones surgidas de las movilizaciones de estos pasados años, por lo que creemos que votar las candidaturas de estos partidos sirve para afirmar nuestras reivindicaciones, difundirlas, colocarlas en el terreno del concurso político de estas elecciones con vistas a recuperar la movilización por ellas; y si es posible, situarlas en el terreno de su aplicación con una victoria electoral de los partidos de izquierda que las recogen; empujándolos con la movilización a romper con el corsé que nos impone el sometimiento al capital financiero internacional y a la Unión Europea.

Votar, en estas próximas elecciones a los partidos que por unos u otros motivos han surgido, o querido aparecer vinculados parcialmente a reivindicaciones derivadas de la explosión de descontento social de estos años pasados y de ruptura sociologica con un sistema político basado en la alternancia gestionante de los intereses de la oligarquía financiera, puede contribuir a relanzar esas mismas reivindicaciones al terreno políticamente eficaz de la movilización y presión social sobre la que sustentar un verdadero cambio social y una alternativa política en profundidad al sistema. Si todo permanece dentro de sus cauces institucionales, su ideología, sus normas, sus leyes, su legalidad, su ética, su moral, y su constitución, habrán conseguido retrasar su caída como clase dominante una vez más.

Republica En Marcha (Coordinadora interprovincial y autonómica)

Diciembre de 2015

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