Las encuestas como instrumento para dirigir el voto

Artículo del compañero de REM-Madrid Miquel Alonso Rodrigo

logo.publicaciones.blogEn vísperas a unas elecciones, las encuestas de intención y estimación de voto se convierten en una referencia para los votantes. Todas siguen un proceso estadístico más o menos claro, salvo en la fase relativa al tratamiento de datos.

La encuesta del CIS puede servir como ejemplo.

Si entramos en su página web a día de hoy, podemos ver la encuesta de intención de voto y estimación de voto para el 20D; podemos comprobar, en la ficha técnica, que llevan a cabo un contraste de hipótesis, con un intervalo de confianza del 95,5 %, pero no podemos encontrar nada en relación a cómo se ha construído, a partir de los datos en crudo de la encuesta, la propia intención de voto.

A tal respecto, el CIS sólo comenta, en la propia predicción, lo siguiente:

Dado que los datos de los indicadores ‘intención de voto’ e ‘intención de voto + simpatía’ son datos directos de opinión y no suponen ni proporcionan por sí mismos ninguna proyección de hipotéticos resultados electorales, en este anexo se recogen los resultados de aplicar un modelo de estimación a los datos directos de opinión proporcionados por la encuesta. Obviamente, la aplicación a los mismos datos de otros modelos podría dar lugar a estimaciones diferentes.

Y, en su web, añade la siguiente «explicación»:

La Estimación de Voto no es un indicador comparable al resto de los que se presentan, en la medida en que su método de cálculo nunca se ha hecho público y ha cambiado con los distintos equipos de dirección del CIS.

De tal manera, que si bien hay una cocina matemática, cuantitativa, exacta y precisa, no está abierta al público. ¿Cómo pasan, pues, de los datos recogidos, que miden, entre otros, el voto directo, a la intención de voto?

No hay mucha información en Internet accesible a un ciudadano medio; es posible que a través de búsquedas exhaustivas (por ejemplo, desde órganos universitarios) sí lo haya. Algunos artículos de prensa y algunos vídeos explican qué aspectos se tienen en cuenta, pero siempre cualitativamente.

Pues bien, lo más técnico que yo he podido encontrar en unos ratos libres ha sido un artículo de la revista Investigación y Ciencia (Mayo, 2008) titulado “Encuestas electorales” en el que se tiene en cuenta una entrevista con el director de investigación del CIS, y que explica parte de la ponderación que se hace con las respuestas de los encuestados, en relación a las elecciones generales de 2008.

En ese artículo se habla de dos elementos fundamentales, que son la simpatía y el recuerdo de voto, los cuales se aplican para estimar el voto de aquellas personas que declaran no tenerlo decidido del todo. Si bien el primero puede construirse tomando como punto de partida los datos de la encuesta, el segundo sólo puede construirse teniendo en cuenta los resultados obtenidos en las elecciones anteriores, y es, por tanto, por definición, un instrumento conservador; la utilización de esta técnica llevó a un fracaso estrepitoso prácticamente a la totalidad de los órganos dedicados a la demoscopia en las elecciones europeas de 2014, en las que prácticamnte funcionó como un distorsionador de la realidad.

En términos comparativos, se puede interpretar, además, que el recuerdo de voto ha tenido siempre mucho más peso que cualquier otro ajuste, aunque a veces se mencione al lado de otros que se justificarían a través de preguntas en la misma encuesta que podrían representar más acertadamente la realidad.

Públicamente, el CIS no menciona ningún otro aspecto relacionado con la cocina de las encuestas, pero sí detalla un «error» que entiende que se debe «corregir», y que tiene relación con sus encuestas electorales; en todas ellas, también en las del 20D, se pide a los sujetos que se sitúen, a ellos mismos y a los partidos, en un eje del 1 al 10, donde éstos representan la izquierda y la derecha extremas, respectivamente. El centro de dicho eje se sitúa en el 5,5, de tal manera que el CIS interpreta que, por costumbre (por usar la escala del 0 al 10, por ejemplo, en las notas), la gente interpreta que el centro esta en el 5, y que, por tanto, cuando se posiciona, lo hace «sin querer», más a la izquierda de lo que realmente pretende.

Puede que la explicación sea cierta, pero yo pregunto: ¿Si las encuentas son siempre mediante encuestador, por qué no se aclara tal peculiaridad a los encuestados? ¿Se hace eso realmente? ¿Por qué no se usa la escala del 0 al 10, o del 1 al 5, y se evita tal error?

Cabe interpretar, quizá malpensar, que este método justifica razonablemente una corrección hacia la derecha de los datos recogidos y, de una manera técnica, aparentemente objetiva, da sustento a la afirmación «la mayoría de gente se concentra en la derecha», y permite interpretar que pocas personas se encuentran verdaderamente en territorio de partidos de izquierda radical (y que su simpatía hacia ella no es, por tanto, del todo creíble).

En definitiva, hay poca transparencia en el CIS en lo que al tratamiento de datos se refiere, pero en lo poco que se entreve, no hay ningún proceso que pemita reflejar tendencias hacia la izquierda, ni de predecir cambios radicales.

Es de recibo, no obstante, señalar que en un intento de limpiar su imagen, y recuperar prestigio (http://fivethirtyeight.com/features/polling-is-getting-harder-but-its-a-vital-check-on-power/?ex_cid=538twitter#fn-7), para las elecciones del 20D el CIS ha multiplicado por casi 18 el número de encuestados y, con ello, ha pretendido desvincularse del pasado, aún sin haber confesado detalladamente cómo.

¿Cómo tratar las encuestas?

Últimamente se han realizado multitud de encuestas (https://en.wikipedia.org/wiki/Opinion_polling_for_the_Spanish_general_election,_2015), y un tratamiento muy acertado de las mismas es el que ha llevado a cabo Kiko Llaneras para El Español: http://datos.elespanol.com/elecciones-generales/la-cocina-20d/en/ Consiste en una ponderación de la información en la que interviene un gran números de sondeos electorales en términos probabilísticos (http://fivethirtyeight.com/features/how-the-fivethirtyeight-senate-forecast-model-works/#fn-1), es decir, en la que se asigna a cada uno de ellos un error, que bien podría deducirse a partir de los errores que hubieran cometido en comicios anteriores.

Esta lectura de las encuestas no está demasiado extendida y, sin embargo, parece la más racional; los medios de comunicación podrína llevarla a cabo, en lugar de simplemente remitirse a las estimaciones de voto en términos deterministas, como siempre suelen hacer, aunque ello les supusiera reconocer que ofrecen información que en sí misma permite interpretaciones distintas.

Por otra parte, y como bien explica Jesús Fernández-Villaverde para NeG (http://nadaesgratis.es/fernandez-villaverde/encuestas-en-la-era-del-multipartidismo), cuando se trata de bipartidismo, salvo en los llamados casos de empate técnico, los errores en la estimación de voto se traducen en una diferencia de escaños que no puede influir más allá de en si una mayoría es absoluta o simple. Pero en el caso del multipartidismo, las estimaciones son algo más difusas, y pequeños erroes pueden alterar la perspectiva de manera más notable, ya que pueden tergiversar en varios órdenes las posiciones de los partidos en el ránking de más votados.

Así pues, teniendo un poco de perspectiva, la información aportada por la demoscopia no puede tomarse como punto de referencia meramente descriptivo, puesto que su elaboración es (extrapolando el caso del CIS) siempre parcialmente opaca, y tiene que asociarse a un cierto grado de incertidumbre.

En mi opinión, el desafío sería periodístico, y consistiría en la publicación de los procesos de tratamiento de datos que se hacen para las estimaciones de voto, así como en la cuantificación de la fiabilidad que se podría asociar los mismos. En otros términos se podría continuar hablando también de tendenciosidad.

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