Por qué leer La doctrina del shock, de Naomi Klein

Reseña realizada por el compañero Sergio Avilés

shockHe de reconocer que cuando me regalaron el libro no sabía si el esfuerzo de leerlo podía compensar lo que podía aprender de él. Sabía que podía servir para entender, sobre todo, el análisis encerrado en la repetida consigna “no es una crisis, es una estafa”, pero era precisamente eso lo que me echaba para atrás. Y esto es porque hace tiempo que pienso que al identificar crisis y estafa se hace de la crisis en algo subjetivo, que depende de la bondad o maldad de quienes tienen en sus manos los gobiernos, y no un producto objetivo de la misma forma de funcionar del capitalismo.

En cualquier caso, aún sin leerme el libro su idea central me llegó, como a casi todo el mundo que milite en la izquierda, de una manera u otra: un estado de shock permite sortear las resistencias y aplicar políticas impopulares. Con eso me bastaba.

Ha sido un poco casualidad el que me decidiera a leérmelo hace unas semanas y bendita la hora en que lo hice. A raíz de un hecho que creo que no ha sido suficientemente analizado: después de los atentados de París del 13 de noviembre el gobierno de Hollande, que no podemos olvidar que se pretende situar dentro del campo del progresismo, decide prolongar el Estado de Emergencia ¡durante tres meses! La conexión para mi era cristalina: atentados, estado de shock, cambio radical en las políticas.

Lo cierto es que a día de hoy considero que se trata de un trabajo imprescindible. Su lectura ha contribuido a perfilar, mejorar o cambiar algunos análisis que tenía, y no poco. En resumen, hasta ahora pensaba que los recortes aplicados a partir de la crisis, eran algo así como la muestra de que el capitalismo se encontraba en una etapa decisiva en la que teníamos que elegir, de nuevo, entre “revolución o barbarie”. La sociedad de bienestar llega a su fin y para que los capitales puedan seguir obteniendo beneficios, necesitan recortar derechos sociales. El libro me ha introducido en una nueva perspectiva: Naomi Klein explica como la ofensiva neocon pretende desregular el mercado laboral, privatizar zonas productivas que estaban fuera de las leyes del mercado (desde la educación y la sanidad, hasta aspectos fundamentales de la seguridad nacional) y recortar en derechos sociales. Lo nuevo es que al final de lo que se trata es de volver a convertir en mercancía de la que poder obtener beneficios los productos, por ejemplo, de la educación, la sanidad o la seguridad nacional.

Sigo pensando que la apuesta de Naomí Klein tiene sus limitaciones y algunos errores de bulto que con el tiempo serán problemáticos para la práctica transformadora. Así a lo grueso, el problema es que no explica como esas políticas son fruto de un momento concreto en el que, ante los límites del capitalismo (ante aquella caída de la tasa de beneficios) había que reconquistar espacios que habían sido expulsados del mercado. Pero entiendo que esta investigación es insustituible para cualquiera que pretenda transformar la sociedad.

La apuesta es realmente ambiciosa, y nos permite aprender y cohesionar muchas ideas que ya teníamos, desde las barbaridades de Pinochet o VIdela, hasta la guerra de Irak o los desastres del huracán Katrina, pasando por las políticas de Margaret Thacher o la caída de la URSS. Nos permite también conocer una de las herramientas más utilizadas para acabar implementando sus políticas: dejar a los pueblos aturdidos y aplicar, antes de que podamos reaccionar, la mayoría de políticas regresivas posibles.

Es necesario reconocer que escasean los estudios científicos con perspectivas revolucionarias. El capitalismo no ofrece muchos incentivos para acabar con él.

Recuerda al espíritu de algunos pasajes de El capital de Marx en la voluntad de desmontar el mito de la bondad del desarrollo del capitalismo, incluso, aunque nunca lo dice de esta forma, nos sitúa ante la explicitación de la idea de que al final la tendencia del capitalismo es mantener a la clase obrera recibiendo por su trabajo lo necesario subsistir. Me han vuelto también reminiscencias de El imperialismo, fase superior del capitalismo, de Lenin, en su voluntad de explicitar la relación entre capital y Estado. Y actualmente lo podemos situar dentro de la literatura de Alberto Garzón, Luís Alegre o Carlos Fernández Liria y su voluntad de construir híbridos entre capitalismo y socialismo, y de denunciar la incompatibilidad del capitalismo con la democracia

Además nos encontramos con una obra de divulgación comprensible para cualquiera. El libro navega por nuestra historia reciente y explica con detalles fascinantes como numerosos acontecimientos recientes pudieron ser provocados deliberadamente para propiciar los estados necesarios para aplicar las políticas neoliberales.

En resumen, entre las grandezas de este libro hay que resaltar el rescate de la perspectiva materialista al situar los objetivos económicos como la base de las reformas políticas y el hacer un análisis científico de las técnicas de control de los pueblos. Su mayor problema es que no acaba de permitir entender el capitalismo como un sistema infestado por la contradicción y al final entiendo que no se atreve a llevar hasta sus últimas consecuencias el análisis. Por eso flojea al señalar las soluciones.

La pregunta que me asaltaba desde el principio, si en algún momento hay que elegir entre revolución o barbarie ¿qué preferiremos?

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