Atocha 55, in memoriam

Artículo de nuestro compañero Javier Ferri

Arrabal_San_Andres 13

La noche del 24 al 25 de Enero de 1977, tres hombres armados entraban en el edificio número 55 de la Calle Atocha de Madrid y disparaban y mataban a los abogados Enrique Valdevira Ibáñez, Luís Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco; al estudiante de Derecho Serafín Delgado y al administrativo Ángel Rodríguez Leal. Su pecado fue militar en el Partido Comunista de España. Son testigos de la tragedia, que a menudo ha quedado escrita en los márgenes de un discurso oficial que se olvida de que la Transición nunca fue tan modélica como nos la han querido vender, una escultura en la Plaza de Antón Martín y una placa en la fachada del edificio, que, muy significativamente tuvimos que esperar hasta 2007 para que fuese colocada, evidencia de hasta donde ha llegado el Pacto del Silencio.

Como historiador, me sorprende y me espanta ver como se ha intentado recomponer el pasado, para hacer de nuestra transición una especie de Historia Oficial casi mitológica. Personalmente pienso que faltar a la verdad de lo que fue la Transición es desmerecer uno de los momentos clave de nuestra Historia Contemporánea. Pero no es así para los que han hecho del Discurso Oficial una verdad de fe (ellos siempre han sido, por otra parte, muy amigos de la fe, así que poco debería sorprendernos). Me sorprende y espanta ver cómo los que hoy defienden esta “Historia Oficial” son los hijos y los nietos del franquismo, que hoy se sientan en las bancadas de nuestros Parlamentos. Ellos se han convertido en los Paladines de una Transición que no querían y de una Constitución, que ahora reivindican como un libro sacro, pero que de haber podido, no hubieran votado. Poco amigos de la democracia como han sido siempre, ahora quieren ser más papistas que el Papa, y mientras que con la boca pregonan, con la mano han convertido el gobierno en el patio de su casa y de cada palmo han hecho negocio. Son los mismos que fueron a París a hacerse fotos y a hablar de libertad mientras en su casa aprobaban leyes mordazas y trataban de estrangular la voz del pueblo.

Hoy creo que es un buen día para recordar a los que escribimos Historia, a los que la enseñamos, o a los que creemos que no hace falta cambiarla a nuestro gusto para dignificarla, que todavía tenemos una deuda con los que, antes que nosotros, pagaron la libertad al precio terrible de su sangre, y que el fascismo tiene todavía tantas caras como aquella Hidra de Lerna que Hércules nunca acabó de enterrar del todo.

También recomendamos esta gran película de Juan Antonio Bardem que transcurre durante la semana de los asesinatos de los abogados laboralistas de Atocha.

Ahora los mercados intentan dirigir la transición hacia sus intereses con presión mediática y financiera. En 1977 lo hacían con pistolas.

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