¡O nosotros o el caos!

Artículo de la compañera Elia Olgoso Rubio

caosLo de que la nobleza se una con el clero para aplastar al populacho viene de muy antiguo, desde la Edad Media, esos tiempos oscuros en que la Iglesia explotó el filón del miedo del más allá para controlar los asuntos del más acá. Ese binomio lo vio muy claro, y lo sigue viendo claro hasta la fecha. Este binomio indisoluble funciona de manera muy simple pero efectiva: uno genera el miedo y el otro pone el supuesto orden y equilibrio. Una vez en el poder, ¿quién es el pueblo para proponer otro tipo de alternativas? La incultura del vulgo no puede traer más que caos y desequilibrio. Pero claro, por otro lado, convenía mantenerlos incultos para impedir su acceso a las élites de poder. La nobleza y el clero fueron caminando de la mano durante siglos, complementándose a la perfección con eso de los poderes humanos y divinos. Como no pudieron evitar el desarrollo social, económico e ideológico han tenido que reinventarse de manera secular para mimetizarse con el contexto, utilizando distintos collares y adaptándose a cada cambio sin que pareciera que en realidad nada cambiaba.

Y de pronto se cruzan en el siglo XX, donde no pudieron evitar que los movimientos internacionales permeabilizaran en nuestro ruido ibérico y el pueblo se empapara de las nuevas corrientes. La falsa alternancia entre liberales y conservadores de finales del siglo XIX y principios del XX (inspiradora del escenario de transición entre socialistas y populares) no pudo contener el huracán de los nuevos vientos de pensamientos renovados, lo que derivó en la II República, tras unas elecciones democráticas. La única etapa de nuestra historia en la que el pueblo toma el poder.

La nobleza, los conservadores, la derecha o el término que se acuñe a cada periodo histórico lleva en el ADN (instinto, desde tiempos medievales) el cromosoma del poder.

Por designio divino, por herencia de sangre o porque sí, se arroban el derecho desde la cuna de dirigir el cortijo nacional. Sin ellos, la nada. El miedo y el caos. Por esto, solo creerán en la democracia cuando ese pueblo inculto o desinformado les designe como dirigentes. De lo contrario, sienten como si esos ingratos les estuvieran abofeteando y se lo llevan al terreno personal y revanchista. Entonces, la soberbia les obliga a reconducir la situación por el conducto que sea. Por el bien patrio, claro, porque solo ellos pueden salvarnos. Ojo, no les mueve el interés, solo su solidaridad hacia el pueblo errado y perdido. En aquellos tiempos convulsos de entreguerras la cosa se les torció. La Iglesia y la élite poderosa tiraron de la otra pata necesaria, el Ejército, el uso de la fuerza frente a la razón, a una razón que solo les pertenece a ellos, para poner las cosas en su lugar con un buen golpe de Estado; que nos devolvió a la Edad Mediador otros 40 años. Después de este tortuoso camino post cruzada, si queríamos entrar en el nuevo orden político y económico mundial no les quedó otro remedio que abrazar y piropear (cruzando los dedos y tapándose la nariz) el nuevo concepto democrático. Aún así hubo una última intentona de sables, pero la asonada ya resultaba demasiado anacrónica. Sin el Ejército y con el clero cada vez menos intervencionista (y no porque no quisiera serlo) había que inventar nuevas fórmulas para seguir perpetuándose sin compartir privilegios con el pueblo. Hemos asistido a algunos ejemplos. El Tamayazo, que truncó unas elecciones democráticas y que puso en el poder a la elitista Esperanza Aguirre, que copió los regímenes totalitarios (que tanto detesta) al secuestrar los medios de comunicación públicos para crear una red de informaciones partidistas y propagandísticas. Otro ejemplo fue el enroscamiento ante la pérdida de las elecciones tras el ocultamiento de la verdad de los atentados en los trenes. Hasta el día de hoy se sigue creyendo en la teoría conspiranoicas. Bueno, lo creen sus votantes, porque ellos simplemente no aceptaron la derrota, como nunca la han aceptado, sobre todo cuando no la esperan. Y llegamos al presente, un presente en el que sus fieles devotos les siguen votando a pesar de que al final hayan sido desenmascarados, y es que, nunca han soportado a los otros, a los que simplemente no piensan como ellos. Y han descubierto quién puede sustituir a los antiguos ejércitos para que sigan defendiendo su negociado, esparciendo la vieja teoría del miedo y del caos si no son ellos los que sigan dirigiéndonos y robándonos de forma equilibrada. El nuevo ejército de la “prensa” mercenaria, los voceros del Apocalipsis, los tenebrosos personajes que tejen en las mesas de redacción una telaraña de odio entre vecinos para que vuelva el caos y con él los únicos y verdaderos salvapatrias. Algún día tendrán que rendir cuentas por insultar, mentir, injuriar, generar el enfado, la ira y el odio en las calles, y sobre todo por haber hecho tan pequeño el concepto de democracia, pues el miedo a Podemos es el miedo a un cambio de estructura social. Las profecías apocalípticas: O nosotros o el caos.

Ahora nos presentan una renovada “transición”, vuelven a ganar los mismos: los señores del Dinero.

Ellos piensan que aún puede funcionar el gatopardismo: cambiar algo para que nada cambie.

Pero en eso se equivocan, desde el 15M y tras años de lucha en la calle, estamos más unidos, más organizados, más involucrados, estamos en las instituciones. No les vamos a dejar respirar. Ni un paso atrás, ni para tomar aliento.

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