La guerra de ideas

logo generalCualquier hecho político -electoral o no- cobija intereses enfrentados de  clases sociales en liza.  También, con frecuencia, un momento electoral es solo el acto en el que se dirime un nuevo reparto del poder entre distintas fracciones de la misma clase dominante; sin embargo a fin de conseguir consenso social se invita a la mayoría explotada y oprimida a dar su conformidad votando.

Hay otros momentos en que  esta guerra de clases entre explotados y explotadores, entre opresores y oprimidos puede expresarse también en las urnas. Eso ocurre siempre que se abre una brecha en el sistema ideológico-político en el que se sustenta el dominio de la clase dominante, o lo que es lo mismo: empiezan a aparecer fisuras en el consenso social  construido en torno a la ideología, y sistema de valores hegemónicos.

Una situación próxima a ello se vive en España en vísperas de las elecciones del 26 de Junio. Y decimos próxima, porque no es completa; porque de momento la oligarquía ha conseguido sacar el descontento de las calles y canalizarlo mayoritariamente hacia la vía electoral; porque el peso de la ideología de la clase dominante es muy importante en los partidos alternativos; porque su horizonte mental no concibe otro tipo de sociedad distinta del capitalismo; y en consecuencia: todavía ni ideológica, ni políticamente existe un proyecto social de ruptura con  él.

La forma de entender el Mundo, el sistema de valores, los conceptos, la lucha por la igualdad, la patria, la independencia nacional, o la religión; en definitiva la ideología, ha sido siempre la bandera que –electoral o no- ha revestido cualquier enfrentamiento entre las clases sociales principales dentro de una formación social dada. Estas clases sociales principales, buscan el apoyo del conjunto social para que su objetivo tenga éxito. Es decir, intentan conseguir que su ideología penetre en otras clases y sectores intermedios; que su ideología sea socialmente hegemónica.

A partir de eso, podemos decir que: siendo los trabajadores la única clase de la que no se puede prescindir, a pesar de su transformación por el desarrollo de las fuerzas productivas, y por tanto la única sobre la que se puede edificar una sociedad distinta al capitalismo, éste ha tenido siempre un interés especial en descomponer –muchas veces con  éxito- la cohesión y solidaridad que proporciona ser consciente de la pertenencia a una clase social con intereses específicos, como es la clase obrera; es decir, en descomponer su ideología. Para ello ha persistido en la difusión de ideas, conceptos y uso de términos que ocultan o niegan la existencia de la clase obrera como grupo social con intereses  propios y diferenciados.

El intento de hacer desaparecer a la clase obrera del lenguaje habitual y sustituirla por una confusa clase media, no pretende solo acabar con la ideología de la única clase social que puede sustituirla, quiere también, -esgrimiendo hábilmente la coartada de la modernidad-  ocultar la existencia de clases sociales con intereses contrapuestos, y con ello sugerir que las desigualdades económicas y sociales no se deben a la explotación de unos grupos humanos por otros.

La imposición de la ideología capitalista en el conjunto social, está teniendo éxito, debido a que los trabajadores no se han recompuesto como clase social con conciencia de ello, ni todavía puesto al día críticamente, el terreno ideológico perdido con el fracaso de los intentos de construir sociedades igualitarias.

En esta situación, las inevitables nuevas protestas contra la opresión, y las desigualdades, se colocan dentro de la aceptación de un capitalismo reformado, que permite a partidos y organizaciones ideológicamente vinculados con clases intermedias -siempre receptivas a adoptar la ideología hegemónica- tomar la dirección política de la protesta en la perspectiva, no  de superar el capitalismo, sino únicamente mejorar las condiciones de vida dentro del mismo, a través de un avance electoral desconectado de una ideología alternativa al sistema.

De esta forma, vemos con frecuencia como se oculta o se renuncia a la adhesión al marxismo, se niega el recurso a la lucha de clases, y esgrimiendo una falsa modernidad, se desarma ideológicamente a los trabajadores y el pueblo con eufemismos y sofismos que esconden la existencia de clases sociales, y son inicuos para un capitalismo en su fase oligárquica.

No caen en la cuenta de que hemos llegado a un punto en que la dinámica interna del capitalismo le empuja a empeorar esas condiciones de vida y trabajo y que en consecuencia  todo avance concreto debe servir para acumular fuerzas, y ganar la hegemonía ideológica necesaria para suprimir este sistema económico.

Pero en lo concreto,  lo cierto es, que las elecciones del 26 de junio serán una manifestación de las contradicciones en las que está sumida España, serán una expresión de la lucha de clases en nuestro País. Detrás de cada voto a Unidos Podemos, estará la intención, de terminar con los desahucios, de frenar los recortes, de poner fin a los abusos de la banca y las grandes empresas oligopolistas, de acabar con el paro y los bajos salarios, en fin, -aunque sea en forma latente- de llegar a una sociedad justa y democrática a la que se opone el Partido Popular, Ciudadanos y en cierta forma el PSOE.

Seria pues una deserción oportunista, inhibirse de esta batalla porque no se da en las condiciones que creemos óptimas para asentar un golpe definitivo a la oligarquía. Por el contrario entendemos que nuestra obligación consiste en incrementar el componente esencial de la movilización social,  señalar críticamente las carencias y aportar elementos ideológicos necesarios para ir construyendo esa alternativa global al sistema capitalista a partir de cada pequeña victoria.

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3 comentarios

  1. Abelardo Fernández Fernández

    Entre el capitalismo ultraliberal actual y el comunismo, puede haber un modelo político internedio. Evidentemente ese intermedio no puede ser la social-democracia porque asumió el ultraliberalismo y las diferencias económicas entre las personas y sin un límite. ¿Puede haber un modelo intermedio? –salud y Rep–

    junio 7, 2016 en 9:05 pm

    • Jose Aviles

      En mi opinion, los sistemas economicos y politicos a edificar dependen de la base material, e ideologica de la que se parte y sobre la que se edifican. Creo que es un error intentar copiar modelos. Lo cual no quiere decir que un modelo no se parezca a otro si parten de realidades parecidas y el sujeto activo transformador tambien es parecido. Pero puede ser diferente si la realidad es diferente.
      Quiero decir con ello, que la sociedad libre e igualitaria a la que aspiramos en las condiciones y realidades actuales debe considerar en primer lugar el desarrollo de las fuerzas productivas y como ello han afectado la forma de vida y las costumbres.
      Los intentos de constuir sociedades igualitarias del pasado -como por ejemplo la revolucion sovietica- sirven para aprender, pero nada mas.
      Y los intentos de perpetuarse en un capitalismo reformado, como por ejemplo la socialdemicracia, tambien pierden todo su sentido cuando la misma dinamica interna del propio capitalismo modifica la realidad sobre la que se puede aplicar. Por eso, la socaldemicracia ha pasado de ser keynesiamos a altranza, al neoliberalismo, aunque recen a keynes.
      El neoliberalismo es la salida mas realista para la supervivencia del capitalismo.
      Republica

      julio 15, 2016 en 4:29 pm

    • Jose Aviles

      En respuesta a Aberlado, en mi opinion, si hoy se quiere ser realista hay que partir que los modelos economicos y politicos estan determinados por la base material e ideologica de la que se parte.
      No se trata de elegir entre la forma que tomo un intento de construir sociedades sin clases como fue el periodo abierto por la revolucion sovietica y las sociedades capitalistas neoliberales, sino de construir un modelo igualitario a partir de la realidad actual.

      julio 15, 2016 en 4:37 pm

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