Atrapados en la urna

logo generalEste sistema político está organizado para revalidar electoralmente cada cuatro años un modo de producción, distribución y consumo controlado por una minoría oligárquica; y para que la sociedad sancione con su voto la continuidad o renovación de sus gestores.

Ello es posible porque en cualquier sociedad, la clase dominante consigue el consenso mayoritario en torno a la ideología y sistema de valores de la que desprende la forma en que las personas viven y trabajan. Lo cual incluye, explicita e implícitamente,  la aceptación como normal de la desigualdad social, y la hegemonía política y económica de una clase –por lo general minoritaria-.

Ahora bien, cuando la hegemonía ideológica de la clase dominante se debilita; cuando aparecen  grietas en la aceptación mayoritaria del dominio oligárquico y surge la posibilidad de desplazar del poder político a la minoría mediante unas elecciones,  no es nada extraño que ésta recurra a la manipulación policial y judicial, a la manipulación mediática, al fraude electoral, al golpe de Estado, o al chantaje, como ha ocurrido en Grecia. Para el caso, es lo mismo.

¿Significa lo anterior que hay que descartar siempre la participación electoral  porque casi siempre sirve para ajustar y renovar este sistema económico y político? En absoluto, las elecciones pueden servir como tribuna para la difusión ideológica y política alternativa al sistema dominante, pueden servir como test del estado de conciencia social (acabamos de obtener una muestra de este estado de conciencia en estas últimas elecciones generales) y excepcionalmente, pueden servir para sancionar con un triunfo electoral la voluntad mayoritaria de desplazar a las clases dominantes del poder.

Siguiendo este hilo argumental, queda claro que es necesaria la ruptura, o como mínimo, el debilitamiento de la hegemonía ideológica de la clase dominante para que un triunfo electoral de las clases populares hunda sus raíces en el contexto social. Y solo será real si está inmerso en un proceso de movilización, protesta social y callejera que habiendo superado una primera fase de oposición a los efectos del sistema, lo pone en cuestión; arrastra a sectores y clases intermedias; permite penetrar o apropiarse ideológicamente de los centros transmisores de opinión; y tiene la fuerza intimidatoria necesaria para condicionar el funcionamiento de los aparatos ideológicos, administrativos, políticos, judiciales, y represivos del Estado. Sin estas condiciones previas, no es posible un triunfo electoral efectivo de los trabajadores y el pueblo; y si coyunturalmente se diera, siempre quedaría expuesto a su invalidación asimilándolo dentro del sistema, o se abortaría en origen con el fraude y con la presión en una segunda etapa; debido a que carece del aspecto intimidatorio y paralizante que sobre las clases dominantes ejerce un pueblo alzado.

La creación de estas condiciones imprescindibles para el cambio real ha sido el objetivo perseguido, animado y difundido con nuestro apoyo a las candidaturas de Unidos Podemos, a la vez que señalábamos sus carencias. Carencias, que por otra parte son las mismas que históricamente han tenido los antiguos movimientos progresistas de la pequeña-burguesía tradicional, y clases medias; en especial la tendencia a desviar el descontento social exclusivamente hacia la vía electoral, la minusvaloración de la protesta y movilización en la calle, y el intento de ocultar la existencia de las clases sociales y de la lucha de clases. Esta vez con el abuso del término genérico de “ciudadanía”.

A pesar de todo, Unidos Podemos es una contribución a la Unidad Popular, y polariza las ansias de la parte más lúcida de nuestro pueblo de desprenderse del dominio oligárquico, y de su partido estrella: el PP.

Es a partir de las consideraciones anteriores como analizamos los resultados electorales del 26 de Junio. Con el triunfo del PP, el mantenimiento de Ciudadanos, y la persistencia de un PSOE, que dice mirar a la izquierda, pero guiña un ojo a la derecha, se puede constatar, que la brecha ideológica abierta en el sistema no es suficiente para provocar por la vía electoral un cambio social y político transcendente. Los resultados electorales han demostrado que el asentamiento social en una forma de vida es todavía firme; que el consenso social en torno a la clase dominante se ha debilitado, pero no roto completamente.

El voto depositado a favor a cualquiera de los partidos principales es estas elecciones (PP, PSOE, C´s y Unidos Podemos) ha sido una respuesta a la percepción –real por otra parte- de que independientemente de las propuestas -y quizás de la convicción- de las cabezas visibles de Unidos Podemos, lo que está verdaderamente en juego en estos tiempos, es cambiar o persistir en este modelo de sociedad.

Por su parte Podemos acude a estas elecciones prisionero de sus inclinaciones exclusivamente electoralistas. Ha  olvidado que quienes proporcionaron el aire para su nacimiento y desarrollo fueron las contradicciones del régimen, el empuje movilizador, y la búsqueda de alternativas por la sociedad civil. De esta forma mata su capacidad de construir un mensaje alternativo coherente para acumular fuerzas en las instituciones y en la calle, tensando el protagonismo social y popular. Ello hubiera permitido disputarle la hegemonía ideológica al capitalismo-oligárquico. En su lugar, lanzado a toda prisa a ocupar un papel determinante en el engranaje político institucional como objetivo principal, renuncia a la guerra de ideas –salvo en temas epidérmicos-, adapta su discurso a una opinión pública mediatizada; elude, oculta o se coloca a la defensiva en las cuestiones de principio que desde tiempos inmemoriales han imprimido su carácter particular al enfrentamiento de “los de arriba contra los de abajo” y confunde la crítica a los efectos del sistema, con la condena del sistema.

El surgimiento de Unidos Podemos, y el acuerdo con IU creó unas expectativas electorales multiplicadoras que rápidamente fueron compensadas por la persistencia en la misma  línea ideológicamente aséptica. Esa búsqueda desesperada por ganar votos, minimizando la importancia de ganar conciencias, tenía que traducirse en una sensación de fracaso si no se cubrían las expectativas interesadamente elaboradas en las encuestas.

A partir de ahora entramos en un nuevo periodo, en el que previsiblemente nos enfrentaremos a una nueva oleada de recortes sociales, reiteradamente aplazados por el largo periodo electoral; y dada la persistencia de un desempleo -solo aliviado estacionalmente por el turismo y los bajos salarios-, es normal que tras el verano asistamos a una fuerte presión sobre  las condiciones de trabajo e ingresos de las y  los asalariados.

Salvo, que trabajadoras y trabajadores caigan en un estado de abatimiento, y resignación provocado por una sensación de derrota social, sindical y política, lo lógico es que se recupere la capacidad de movilización de estos años pasados. Movilizaciones en las que hay que hacer valer las posiciones ganadas en las instituciones en los dos largos años electorales por los partidos transformadores. En definitiva, a menos que Unidos Podemos, y las candidaturas municipales del cambio se inhiban de la realidad social, AVANZAMOS en zig-zag, pues tanto las Mareas, como el 22M, como la PAH, siguen vivas. Ellos son la base para la creación de un contrapoder social y político capaz de hacer frente a la oligarquía española, zafarse del tutelaje y presiones de la UE y a la vez caminar hacia la unidad de trabajadores y pueblos europeos, como medio de frenar el auge del chovinismo, el racismo, la xenofobia, el machismo y el fascismo, alimentados precisamente por las políticas de recortes sociales, y deterioro general de las condiciones de vida y trabajo de los trabajadores y pueblos de Europa.

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3 comentarios

  1. abelardo fernandez fernandez

    Para que la izquierda y los republicanos, tengan posibilidades por la vía electoral, hay que cambiar la ley electoral. Si queremos, podemos, porque somos muchas y muchos, más.

    julio 6, 2016 en 9:35 pm

    • Jose Camoto

      La clave de ello esta en la movilización obrera, popular y ciudadana

      julio 7, 2016 en 9:20 am

  2. Cuando digo que el sistema surgido de la revolucion Sovietica de 1917, sirve solo para aprender, no quiero quitarle merito, sino solo decir, que a una realidad diferente corresponde una propuesta revolucionaria diferente.

    julio 15, 2016 en 4:56 pm

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