¡No a un gobierno del Partido Popular!

logo generalLa superestructura (ideología, sistema de valores, organización política y social, administración, legislación, la política educacional etc.), está permanentemente obligada a adaptase a una infraestructura económica y productiva en continuo cambio. Esta tendencia autotransformadora de la base material modifica también las relaciones entre clases y subclases sociales.   Cuando, ya sea por el surgimiento o crecimiento de nuevas clases y sectores que pujan por la participación en el poder político, ya sea por el difícil encaje de las necesidades de una parte –nueva o vieja- de las clase dominantes dentro de la estructura legal existente, ya sea porque la superestructura, -que tiende a ser rígida- ya no proporciona el marco político adecuado para una realidad económica y social  que se ha transformado, ya sea por la coincidencia de una de las crisis cíclicas del modo de producción capitalista con la presión ejercida por el desarrollo de las fuerzas productivas, ya sea por el peso de la influencia externa o internacional, o ya sea por el estallido de varias de estas contradicciones a la vez, se puede producir la ruptura del consenso ideológico y político entre diferentes sectores de la clase dominante.

Este resquebrajamiento en el fondo no es más que la búsqueda de un nuevo marco político superestructural que renueve el acoplamiento de los sectores dominantes. La transición de la dictadura franquista a la democracia y el periodo que le precedió, es un ejemplo más entre muchos.

Las transformaciones de la base material no pueden dejar de sacudir las condiciones de vida y trabajo de las clases y sectores dominados, por lo general atrapadas en el consenso social construido en torno a la ideología y valores de las clases dominantes. Pero, cuando estos cambios llegan a producir grietas en la coincidencia ideológica y político de la clase dominante, se facilita  que en el conjunto social emerjan las  latentes propuestas políticas e ideológicas de las clases dominadas, que bajo determinadas circunstancias pueden adquirir el peso suficiente para que primarias movilizaciones y protestas desemboquen en una alternativa contraria –electoral o no- a la persistencia de la clase –o fracción de clase- dominante en el poder.

Es por eso por lo  que cualquier choque político dentro de diferentes sectores de la clase dominante  tiene el límite de la preocupación común para evitar que la ruptura o fisura abierta en su seno se traduzca en un desbordamiento social de las clases dominadas y explotadas.

La ruptura del consenso socialmente mayoritario en torno a la ideología de la clase dominante tiene una relación directa con el auge de la movilización social de carácter alternativo y a veces simplemente reivindicativo. Ambos  se alimentan mutuamente con resultados multiplicadores en sentido creciente o decreciente.

Sin embargo, estos cambios en la base económica, incluso cuando producen un empeoramiento dramático de las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo pasan sin respuesta popular alguna si la clase dominante sigue conservando la hegemonía ideológica en el conjunto de la sociedad, o bien después de un periodo de enfrentamiento y crisis, ha conseguido la unidad de las diferentes fracciones  de las clases explotadoras a costa de una derrota política completa y desmovilizadora de los trabajadores y el pueblo (ya sea en la calle, en las urnas o, en lo militar). Por ejemplo, tanto la pérdida de derechos laborales y sociales en el Reino Unido que ejecutó Margaret Thatcher inmediatamente después del fracaso de duras huelgas sindicales contra el gobierno, como la aplicación de un liberalismo salvaje en el Chile de Pinochet, o la superexplotación  a la que dio lugar la pérdida de derechos democráticos, sociales y laborales tras  la Guerra Civil española, fueron consecuencias de derrotas políticas de los trabajadores, aunque se dieron en planos, intensidad, gravedad, y  métodos diferentes.

SPAIN-ECONOMY-SOCIAL-PROTEST

   Manifestación Marchas de la Dignidad, 22M 2014 (Madrid)

En nuestro País durante estos últimos años se produjo un auge de la protesta y movilización centrada sobre todo en la resistencia al empeoramiento general de las condiciones de vida y trabajo fruto de la crisis económica y a la política de recortes sociales requerida por los centros capitalistas mundiales; ejecutada inicialmente por el gobierno Zapatero y ya con más dureza por el PP. Estas movilizaciones y protestas tuvieron una influencia directa en la aparición de denuncias por casos de corrupción entre sectores oligárquicos, en cierto enfrentamiento entre el poder político y judicial, en la visualización de la crisis económica, en escaramuzas a través de periódicos y revistas especializadas de grandes y medianos empresarios con el poder financiero , en el cuestionamiento de la monarquía y la abdicación de Juan Carlos, en la incorporación al campo contestarío de buena parte de sectores intermedios.  El estado general de protesta y descontento influyó en el crecimiento del nacionalismo en Catalunya, creo un rechazo ciudadano muchas veces activo contra los bancos y sus desahucios; hizo que una parte importante de la base electoral del PSOE, -la más obrera y popular-, girara hacia la izquierda e incluso que algunos ayuntamientos socialistas prestaran cobertura a las Marchas de la Dignidad del 22 de Marzo de 2014, o que en Murcia altos cargos del PSOE casi suplicaron participar en las grandes manifestaciones de las Marchas de Mareas, o que el PSOE quisiera implicarse en las mareas blancas en defensa de la sanidad pública en Madrid y otras ciudades. En definitiva, el impacto sobre la sociedad y la base electoral socialista ha socavado el bipartidismo como formula consensuada que permitía alternativamente al PP, o al PSOE gestionar los intereses de una oligarquía que hacía y deshacía a su antojo. Pero además la protesta y movilización social facilitó un avance importantísimo de las candidaturas contestarías al sistema en las elecciones de Mayo del 2015, que aprovechando cierto desplazamiento a la izquierda de la base del PSOE para ganar los ayuntamientos de Madrid, Barcelona, Zaragoza, Cadiz…………

Llegados a este punto, era necesario dotar al empuje movilizador, ciudadano y popular de unos objetivos políticos unitarios para de evitar que se agotara en la falta de alternativas globales al sistema. Y efectivamente, en el momento justo, cuando los ánimos eran más receptivos a darle forma política al descontento social surge un movimiento como Podemos que consigue desviar la protesta en las calles hacia cauces exclusivamente electoralista. Pero además esto se hace sin procurar escapar, ni ideológica, ni culturalmente, a la influencia de la clase dominante, ni superar los prejuicios típicos de las clases medias tradicionales. De hecho se ha confundido el “ganar la hegemonía ideológica”, con exhibir gestos intrascendentes, y “ser alternativa política para un cambio social en profundidad” con lograr diputados a toda costa, aunque sea  adaptando las propuestas políticas a lo que se supone aceptable para una parte de la sociedad atrapada en los conceptos ideológicos de la clase dominante. Se trataba de ganar el voto, no de ganar el alma; como si esto último no fuera la condición imprescindible para llevar a cabo un cambio social en profundidad.

A pesar de sus límites para construir una alternativa global al sistema, el surgimiento de Unidos Podemos como fórmula electoral unitaria de las fuerzas de izquierdas señalaba el camino que había que proyectar al terreno de la movilización social.  De ello nuestra implicación en el apoyo a sus candidaturas en las elecciones del 26 de junio.

Si bien las elecciones de 26 de Junio han confirmado en las urnas el avance de los sectores populares experimentado en los últimos años, este no ha sido suficiente para infringir una derrota a los partidos oligárquicos. De hecho,-en relación al 20D- hay un retroceso electoral en las filas del pueblo y un pequeño avance en el PP, que de no invertir la tendencia podría acabar  en una recomposición del consenso político de los partidos que se ofrecen para gestionar los intereses oligárquicos. De ser así, se abriría un nuevo periodo de recortes sociales auspiciado por la UE y una consolidación y asentamiento definitivo de los bajos salarios.

En estas circunstancias, creemos que el objetivo inmediato de los trabajadores y el pueblo es conseguir el escenario más favorable para construir una alternativa política que tenga el objetivo claro de desplazar del poder político a la oligarquía. Y eso a nuestro entender pasa por:

PRIMERO. Por volver a activar la movilización social, procurando que los trabajadores aparezcan como clase social con intereses específicos. Sin que los trabajadores sean el núcleo del movimiento popular y ciudadano toda protesta puede orientarse hacia ninguna parte.

SEGUNDO. Evitar que la oligarquía recomponga su unidad a través del consenso político de los partidos que se postulan para gestionar sus intereses. En ese sentido hay que evitar a toda costa la formación de un gobierno del PP, o en torno al PP con la complicidad del PSOE; ya no solo porque pasaría aplicar de nuevo una política antisocial, sino también por la resignación que puede provocar.

TERCERO: Dado que es previsible que cualquier gobierno –incluso si el PP no forma parte de él- se someta a las presiones de la UE, y por tanto intente aplicar los recortes requeridos por los grandes capitales, o a lo máximo una versión dulcificada, es necesario oponer una fuerte resistencia obrera y popular reivindicando soberanía de los pueblos frente a la Europa de los grandes capitales.

CUARTO: Impulsar una Unidad Popular que concluya en una alternativa  para desalojar a la oligarquía del poder. Además de elevar el nivel político de los movimientos que expresan su protesta en la calle, es necesario poner en marcha encuentros de amplia participación con el objetivo concreto de trabajar una alternativa política a la monarquía en la que se resguardan los intereses de la oligarquía.

QUINTO: Buscar la solidaridad y la colaboración de los trabajadores y pueblos de Europa, en la batalla común que estamos librando contra el capitalismo neoliberal.

Anuncios

3 comentarios

  1. Pingback: ¡No a un Gobierno del Partido Popular! MULTIFORO.EU. Víctor Arrogante | noticiasdigital.es

  2. Pingback: ¡No a un Gobierno del Partido Popular! | Antimperialista

  3. Berenice

    Es muy importante seguir movilizándose, organizándose, haciendo calle, sino estamos perdidos.El voto es solo una herramienta de cambio, pero hay que seguir luchando, cuanto menos organizados nos vean, más aprovecharán para despojarnos de nuestros derechos sociales. Muchos estamos decepcionados con los resultados electorales y la lentitud del cambio, pero no es momento de venirse abajo, de bajar los brazos, es momento de unirnos y plantar cara.

    agosto 9, 2016 en 11:52 am

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s