La oligarquía sacrifica un peón

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Los  poderes facticos  del PSOE han perdido completamente los papeles; no acaban de entender que su retroceso electoral no es debido a que Pedro Sánchez sea incapaz de ponerle convicción a sus palabras, -que no la pone-, o que no ha sabido transmitir una postura clara para desplazar al PP, -que no ha sabido- . Pero es que si fuera capaz de contagiar entusiasmo, o  si su capacidad maniobrera hubiera estado a la altura de Felipe González, el PSOE también estaría en caída libre. Y eso no se puede arreglar con un cambio de orientación cosmética, ni  sustituyéndolo por otra persona, ni recitando el discurso hueco de Susana Diez, ni  favoreciendo la investidura de Rajoy y ni  bailando al grito ¡No, es no!

No, el  problema del PSOE, no es el problema del PSOE, es el problema del modelo político que se estructura en España a partir de la constitución del 78, que hace aguas.

Dicho así parece una sentencia difícil de demostrar. Sin embargo todos los síntomas apuntan en esa dirección: aireamiento público de la corrupción en la que está sumergido el régimen del 78  y sus pilares: PP. PSOE, CIU, y la monarquía; ruptura del pacto tácito entre parte de la burguesía catalana y la oligarquía centralista; crecimiento del republicanismo en Catalunya, con un claro enfrentamiento a la legalidad monárquica del 78 que conducirá seguramente a un escenario de desobediencia ; desaparición del bipartidismo canovista;  y asentamiento en una sensación social de provisionalidad política e institucional. Todo ello, envuelto en las consecuencias de la crisis económica, cuyas secuelas se viven en forma de normalización de míseros salarios, precariedad laboral, aumento de la miseria, estabilización en el desempleo necesario para impedir el crecimiento de las rentas del trabajo,  y en el rechazo social que provoca la presión impuesta por la UE, Banco Mundial, y FMI sobre servicios públicos esenciales como sanidad y educación; hace que desde todos los ángulos se sospeche que el  descontento social no se ha conseguido reconducir completamente hacia cauces institucionales y electoralistas. Por el contrario, el proceso movilizador abierto a partir del año 2011, solo se ha expresado electoralmente durante dos años; pero está latente porque no han desaparecido las causas que lo motivaron, ni la oligarquía ha conseguido una clara victoria política, que provoque la resignación popular.

Es la imposibilidad de ofrecer soluciones  a la oligarquía por parte de los dos principales partidos gestores de sus intereses,  lo que ha forzado el golpe de estado en el comité federal del PSOE.

Y esto es así, porque en los últimos tiempos este partido presionado por el efecto destructor que sobre sus fidelidades electorales tiene el empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo de militantes y  base electoral, que por otra parte tambien le impediría validarse como gestor útil a la oligarquía, lo que obliga a un Pedro Sánchez elegido para evitar cualquier deriva del PSOE a la izquierda, mantenerse en la indefinición y en el incumplimiento de los espactos tácitos entre caballeros para facilitar un gobierno del Partido Popular.

La oligarquía y los grandes capitales internacionales a través Felipe González, amigo y socio confeso de Carlos Slim (una de las grandes fortunas mundiales), ha decidido concentrar la gestión de sus intereses únicamente en el Partido Popular, asistido por Ciudadanos, y a ser posible por un PSOE al que llamaran al orden, y someterán al chantaje económico para facilitar un gobierno del PP.

Nos encontramos en una situación en la que  los trabajadores y la mayoría de los ciudadanos todavía no han agotado su capacidad de respuesta, ni tampoco, con esta maniobra la oligarquía ha conseguido cohesionarse, ni ahuyentar las causas que provocan su propia crisis política. Solamente, al igual que pasó con la abdicación de Juan Carlos, puede aplazar la resolución de sus propias contradicciones, y tapar alguna grieta abierta, pero en estos momentos no puede ofrecer una propuesta capaz de crear un amplio consenso social –ni miedo generalizado-  para darle larga vida a la Constitución del 78.

En estas condiciones los sectores populares, la clase trabajadora y la mayoría de la ciudadanía, que todavía no hemos sido completamente derrotados, aunque acudimos a este reto desprovistos sin una propuesta alternativa y rupturista con el régimen, no nos queda otra posibilidad que reparar nuestras carencias, si no queremos ser completamente derrotados.  Esto consiste, en dotarse de instrumentos de intervención políticas dispuestas a llevar sus programas al enfrentamiento directo con la oligarquía, a la ruptura con su régimen monárquico, y al objetivo de conseguir la soberanía de nuestros pueblos en relación a la UE; pero además debe alimentarse en la existencia de contrapoderes organizados en torno a plataformas y frentes sociales movilizados de pueblo, trabajadores y trabajadoras.

Las próximas movilizaciones contra el TTIP del 15 de octubre, y las manifestaciones descentralizadas de las Marchas de la Dignidad del 3 de diciembre contra la represión y en defensa de los derechos sociales, la huelga general de enseñanza del 28 de octubre, son pasos a dar en esa dirección.

 

 

 

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