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Cuando ruge la marabunta

por Ana Argüelles, compañera de REM-Andalucía

mineros

Con la publicación de “indignaos” en 2011 entre la población mundial y, sobre todo, en la española surge un sentimiento generalizado de frustración social y democrática ante la grave situación económica y política que se vive desde hace tiempo, y más concretamente, desde que se desata la crisis financiera.

Esta indignación colectiva y social ante un sistema que la población siente que ya no les representa, sino que ven que está al servicio de los grandes capitales apoyados por sus controladas oligarquías capitalistas, va a dar lugar a lo que se denominará la “Revolución Española” con su “Democracia Real Ya”.

Las oleadas de levantamientos surgidos con la primavera árabe van a servir de punto de partida para que nazcan movimientos sociales que pretenden luchar contra las injusticias sociales derivadas de la crisis y de las políticas neoliberales del Gobierno, y llevará a la población a concentrarse, de manera espontánea, en la plaza del sol de Madrid un histórico 15 de Mayo.

Esta concentración pacífica surgida del descontento popular, quizás, no hubiera tenido mayor repercusión si dos días después, por un intento de evacuación policial, las redes se inundasen de llamamientos de apoyo sin precedentes hasta la fecha. El incendio social que se produjo en las redes no solo llenará la plaza de la capital madrileña, sino también las plazas de muchas ciudades de España. Surge así el movimiento 15 M.

A pesar de las campañas de desprestigio de los medios de comunicación más conservadores y a merced de los grandes capitales, este movimiento asambleario y horizontal consigue ganarse la simpatía de gran parte de la población, ya que defiende la búsqueda de un sistema más justo e igualitario, con problemas que representan a toda la sociedad y no sólo a colectivos particulares. Sin embargo, esta gran oleada romperá contra el dique del individualismo dando lugar a las diferentes mareas, que en la defensa de ideologías sociales más sectarias, se centrarán solo en los problemas concretos de sus propios colectivos.

El triunfo había radicado en el discurso sobre los derechos humanos, el reconocimiento de injusticias sociales y en una desvinculación de la izquierda o de la derecha. Se recuperaba un sentimiento republicano en el que lo del pueblo es del pueblo, y que las injusticias que afectan a una sociedad pueden ser enfrentadas si existe una acción conjunta del mismo.

Quizás otro de sus logros fue llevar la política a los bares, a las casas, a todos los rincones de este país. La gente empezaba a tomar conciencia política, y sobre todo, conciencia de grupo. Esto les hacía tomar parte activa de las concentraciones, amparados por el clamor y el desencanto generalizado. Pero este éxito, de pensamiento colectivo horizontal que daba cabida a todas las voces, cada vez se iba disgregando más ante la lentitud del sistema asambleario, la falta de liderazgos, las tendencia a realizar propuestas más específicas que afectaban a una minoría y el enfrentamiento entre el sentimiento pacífico de su nacimiento frente a la radicalización de unos pocos. Esta fragmentación del movimiento se ha visto incrementado hasta la actualidad, quizás, por un triunfo sobre el bipartidismo que deja a los movimientos como meros instrumentos a merced de un nuevo escenario político de la mano de UP, que parece haber sacado al pueblo de las calles que le han dado el poder.

Es necesario retomar ese espíritu unificador y de justicia social y alejarnos de los individualismos que surgen del triunfo del capitalismo con la división y sectorización del trabajo, así como, de la deshumanización de las organizaciones como estrategia de manipulación de masas.

Debemos estar en la calle, unidos, preparados y dispuestos a defender una sociedad más justa, que nos represente. Del 15 M hemos aprendido que la unión hace la fuerza, y que unos cuantos años después, los movimientos sociales siguen presentes, organizados, latentes, a la espera de la chispa que vuelva a darnos el espacio que nos corresponde. Solo debemos coordinarnos, unirnos, navegar para el mismo lado. Olvidarnos de lo individual para luchar por lo colectivo, y trabajar en equipo por una sociedad diferente y más justa incluyendo a todos los sectores de las generaciones venideras, que serán los sectores de nuestros hijos e hijas.

Con esta apuesta por lo colectivo, esperamos que el “sol” vuelva a salir en todos los rincones de España.

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Tras las elecciones, continuemos la OFENSIVA

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Una de las claves de la estabilidad del Régimen consistía en que la oposición a las políticas del partido que gobernara se expresaba, desde el punto de vista electoral, o bien con el voto al otro extremo del bipartidismo (PP o PSOE) o bien con la abstención, o bien, con el voto desde la conciencia más crítica, a IU o a cualquiera de los partidos del campo de la izquierda más radical. La aparición de Podemos y el consecuente desarrollo de Ciudadanos ha dejado herido ese modelo de turnismo, y el rechazo a las políticas del PP se ha podido expresar en otras formaciones.

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Manifiesto de Republica en Marcha ante las elecciones del 20 de diciembre

A los pueblos, naciones y nacionalidades del España:

logo.publicaciones.blogEste próximo 20 de diciembre están convocadas elecciones generales. Elecciones presentadas como cruciales para nuestro futuro y son las más animadas mediáticamente desde la llamada “transición democrática”. Unas elecciones celebradas con cinco millones de parados, y diez millones de ciudadanos bajo el umbral de la pobreza y, sin embargo, con los mayores beneficios bancarios de la historia; elecciones sumergidas en la búsqueda desesperada de beneficios para el capital internacional. Pero lo cierto es que no dejan de ser el más alto ejercicio de democracia tutelada por el gran capital financiero y oligopolista europeo. Unas elecciones en las que cumplir las aspiraciones populares y el programa esgrimido por los partidos del cambio y de la izquierda queda supeditado al visto bueno de los capitales financieros asociados en la Unión Europea; en las que toda decisión popular y democrática queda sujeta al permiso de las elites financieras e industriales alemanas, como ha dejado tristemente claro el ejemplo griego.

En estas tierras agrupadas bajo el nombre de Reino de España la oligarquía, más españolista que española, se ha involucrado en el sacrificio de la libertad, protección social, y progreso; se ha empeñado en el empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo para alimentar la tasa de beneficios que las inversiones financieras requieren. Esa minoría que controla las empresas oligopolistas españolas de la mano del capital financiero extranjero tanto árabe como europeo y norteamericano; esa casta que controla los sectores estratégicos y energéticos de nuestra economía una vez más tiene que revalidar su dominio político encauzando el creciente descontento popular hacia la integración en su legalidad, en su ideología, en su sistema de valores, su patriarcado, sus normas, sus leyes, su constitución monárquica, en su Unión Europea, que no es la de los pueblos de Europa sino la de los capitales apátridas.

En estas condiciones, la clase trabajadora, el pueblo, y la mayoría social no puede acudir a estas elecciones más que denunciando sus problemas y afianzando sus reivindicaciones sociales y políticas a modo de banderas de enganche que permitan acumular fuerzas para la verdadera batalla contra la oligarquía. Una batalla que ha de librarse en nuestro terreno, o no será verdaderamente antioligárquica y democrática; un partido que habrá que jugarse en el campo de la movilización y la participación popular entre cerrados puños; música de valores solidarios y cánticos de libertad e igualdad.

Ese partido por el cambio de verdad no se juega en estas elecciones; aquí nadie pone en cuestión la hegemonía económica de la oligarquía para conseguir el derecho a la vivienda, al trabajo, acabar con los bajos salarios, evitar los recortes en sanidad y educación, terminar con el saqueo de los oligopolios y luchar eficazmente contra la pobreza. Frenar el retroceso de derechos democráticos y propuestas socialmente avanzadas, son presentados como compatibles con la permanencia bajo el tutelaje de los grandes capitales de la Unión Europea. Parece que nadie ha aprendido del ejemplo de Grecia y se sigue soñando con mejorar las condiciones de vida y trabajo reeditando un imposible keynesianismo consumista, envuelto en ventajas y protecciones sociales ya indigeribles por la fase actual del capitalismo.

Sabemos, en definitiva, que queda trabajo por hacer y que la construcción de una sociedad democrática, justa e igualitaria que desarrolle ventajas y conquistas sociales, requiere la nacionalización de los sectores estratégicos; la recuperación de los oligopolios, una política de soberanía nacional económica y política frente a los dictados de la UE; la negativa a pagar la deuda pública generada para beneficiar a los grandes capitales, negocios especulativos y banca nacional y extranjera, la ruptura con el régimen monárquico del 78, y el desplazamiento de la oligarquía del poder político a través de un proceso constituyente que contemple la posibilidad de la Republica. Todas ellas propuestas y reivindicaciones populares en buena medida fueron clamor en las movilizaciones de las Marchas de la Dignidad el 22M.

Es precisamente porque en estas elecciones esos temas no forman parte clara de los programas de izquierda transformadora, popular y social; para limitarse a propuestas aisladas de mejora social separadas de la capacidad real e independencia nacional necesaria para poder aplicarlas; y porque en contrapartida también incorporan reivindicaciones justas de amplio calado, como el derecho a la autodeterminación, o a decidir; las cinco condiciones de la PAH (dación en pago, fin de los desahucios, alquiler asequible, vivienda social y suministros garantizados); así como buena parte de las reivindicaciones surgidas de las movilizaciones de estos pasados años, por lo que creemos que votar las candidaturas de estos partidos sirve para afirmar nuestras reivindicaciones, difundirlas, colocarlas en el terreno del concurso político de estas elecciones con vistas a recuperar la movilización por ellas; y si es posible, situarlas en el terreno de su aplicación con una victoria electoral de los partidos de izquierda que las recogen; empujándolos con la movilización a romper con el corsé que nos impone el sometimiento al capital financiero internacional y a la Unión Europea.

Votar, en estas próximas elecciones a los partidos que por unos u otros motivos han surgido, o querido aparecer vinculados parcialmente a reivindicaciones derivadas de la explosión de descontento social de estos años pasados y de ruptura sociologica con un sistema político basado en la alternancia gestionante de los intereses de la oligarquía financiera, puede contribuir a relanzar esas mismas reivindicaciones al terreno políticamente eficaz de la movilización y presión social sobre la que sustentar un verdadero cambio social y una alternativa política en profundidad al sistema. Si todo permanece dentro de sus cauces institucionales, su ideología, sus normas, sus leyes, su legalidad, su ética, su moral, y su constitución, habrán conseguido retrasar su caída como clase dominante una vez más.

Republica En Marcha (Coordinadora interprovincial y autonómica)

Diciembre de 2015


REM Madrid comienza su andadura

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos” Antonio Gramsci

logo.publicaciones.blog República en Marcha ha comenzado a dar sus pasos en Madrid para trabajar en la construcción de un sistema más justo y social. Empieza un capítulo nuevo de una historia que pretendemos ayude a acabar con la explotación entre seres humanos.

Nuestro criterio primero y último, el principio que entendemos que hoy marca la diferencia, es la convicción de que no es posible dar forma a un capitalismo bueno para la gran mayoría de la sociedad. La misma dinámica que tiene la búsqueda de beneficios como hilo conductor de nuestro mundo, ha llevado a una concentración de capital, que hace que haya fortunas con más poder que cualquier gobierno. El problema ya no es si podemos controlar esas fortunas, sino el hecho de que esas fortunas no se puedan controlar a si mismas. Esas inmensas cantidades de dinero, en una feroz competencia contra otros capitales, necesitan tener gobiernos aliados, recortar en derechos sociales, extorsionar a los pueblos financiera o militarmente, financiar a facciones religiosas que debiliten a otras que no podamos controlar, propiciar estados de excepción prolongados…. Y todo esto ya ni siquiera para hacer progresar a la sociedad, sino para llevarla finalmente hacia estados de guerra y miseria.

Entendemos que dentro del Estado Español todas fuerzas conservadoras se han atrincherado en el régimen monárquico, y desde ahí tratan de imponer las políticas que les interesan. Antes del inicio de la crisis, en un periodo expansivo del capitalismo, podían compartir las migajas de los beneficios con el pueblo y, a través de un cierto consenso social, mantener la apariencia de democracia. La crisis ha puesto de manifiesto que los estrechos márgenes tanto de igualdad como de democracia que teníamos impiden imponer las políticas de privatización, desregulación y recortes sociales.

Entendemos entonces que defender hoy la educación pública, la sanidad universal y los derechos de los trabajadores es, a la vez, defender un nuevo modelo político, económico y social que rompa con la lógica del capitalismo. Y es en esta lógica en la que creemos que la defensa de la III República puede constituir un paso clave que exprese a la vez la ruptura con el régimen de la oligarquía y la construcción de una verdadera democracia.
Una nueva sociedad a la que aspirar no se construye simplemente proclamando la verdad, creemos que la III República se tiene que construir desde cada espacio en los que se va a expresar el conflicto. Entendemos que en el momento actual, la presión por parte de la oligarquía se va a endurecer y las tensiones estallarán en miles de formas. Nuestra tarea es evitar que ese descontento se transforme en apatía o desaliento, sino más bien en una fuerza positiva que esté dispuesta a abordar la construcción de esa sociedad que queremos. Convencidos de que necesitamos tener ideas fuertes, propuestas concretas y una organización dinámica. Creemos en cualquier caso que se dan las condiciones para desarrollar una respuesta revolucionaria.

Hay temas pendientes de debate, puertas que hay que empujar y muros que hay que derribar. No ocultamos los problemas que existen y hay que debatir; desde la estructura de clases actual en nuestro Estado sobre la que construir una nueva sociedad, hasta los mecanismos que la oligarquía ha desarrollado para mantenerse el poder, pasando por los problemas de la democracia dentro de la organización. Nos comprometemos a abordar todos esos problemas de manera científica, sin alejarnos nunca de la gente.

Asumimos así que en este momento histórico tenemos la responsabilidad de introducir cuñas en cada grieta que se abra en el régimen, y empujar con todas las fuerzas para hacerlo caer.


Posición de REM sobre la situación en Grecia

logo.publicaciones.blogEl desarrollo de los acontecimientos de las últimas semanas, en especial de los últimos días, en la política griega merece un análisis detenido y sereno sobre la situación en la que ha quedado el país heleno. En primer lugar, desde REM queremos reafirmar nuestro apoyo a las políticas antiausteridad y al programa contrario a la Troika con el que Syriza se presentó a las elecciones de enero. Las dificultades con las que el gobierno de Alexis Tsipras se ha encontrado en el camino para desarrollar ese programa han sido enormes. No podía ser de otra manera. La lucha de clases se acentúa mucho más cuando las oligarquías delegadas de la gran banca europea pierden el control de los gobiernos. La ofensiva desde todos los frentes ha sido brutal, demostrando la poca capacidad de actuación de los gobiernos estatales en un marco supranacional en el que son los poderes no democráticos (FMI, Banco Europeo, Banco Mundial, Comisión Europea…) los que determinan la política económica de los Estados. La respuesta del gobierno griego fue recibida como una gesta heroica por parte de toda la izquierda europea. El encargado de negociar con la Unión Europea y los acreedores fue el ministro de Economía, Yanis Varoufakis, quien encarnó a la perfección la resistencia a las políticas de austeridad que la Troika quería imponer en el tercer “rescate” a Grecia. Estas condiciones pretendieron ser impuestas sometiendo al país a un inaceptable chantaje, en el que se llegó a instaurar un corralito bancario que limitaba la disponibilidad del dinero a 60 euros por habitante al día. El gobierno griego estuvo entonces a la altura del momento histórico, y dio la palabra al pueblo en un referéndum valiente, con el que el pueblo decidiría por sí mismo si aceptaba o no las condiciones de este rescate. La victoria del NO (OXI) por un 61% dio alas a la visión revolucionaria del pueblo griego, quien a pesar de la campaña del miedo desarrollada por los poderes europeos, el claro posicionamiento de los medios de comunicación helenos contra el gobierno y a favor del SÍ, o las continuas amenazas de expulsión de la Eurozona, dio una lección de dignidad y soberanía, rechazando las condiciones humillantes del rescate y asumiendo iniciar, al lado de su gobierno, un camino de lucha y resistencia frente a las lógicas del gran capital y del imperialismo germanoeuropeo.

Todos estos anhelos y aspiraciones populares fueron hechos añicos con el transcurso de los acontecimientos a partir de la victoria en el referéndum del 5 de julio. La salida, apenas 12 horas después de conocerse los resultados, del gobierno de Yanis Varoufakis no auguraban nada positivo para los trabajadores griegos. Pocos días después, se conocía la nueva propuesta de la Comisión Europea para Grecia, que agudizaba aún más los recortes y situaba al país en peores condiciones que las que acababa de rechazar en referéndum. Fue una auténtica sorpresa que Tsipras aceptase dichas condiciones y que iniciase un viraje hacia posturas continuistas con las desarrolladas por los gobiernos anteriores, basadas en la austeridad y el expolio del patrimonio público de los griegos y las griegas.

La posible convocatoria de elecciones para septiembre y la consecuente dimisión de Alexis Tsipras (condición indispensable según las leyes griegas para que se puedan celebrar elecciones), no son –como hay quien pretende señalar- un ejercicio de responsabilidad democrática. Responde más bien a otra lógica menos épica. Las palabras de Monereo sintetizan nuestra visión: «Tsipras sabía mejor que nadie que no estaba garantizada su mayoría en el próximo congreso de Syriza. La convocatoria de nuevas elecciones no tiene nada de heroico. Sabedor de que las cosas en su partido estaban difíciles para él, convoca elecciones generales para conseguir tres cosas a la vez: garantizarse las siglas, propiciar la ruptura de Syriza huyendo del debate democrático y del posible cuestionamiento de su liderazgo y, por último, buscar el respaldo popular antes de que se empiecen a notar los efectos económicos y sociales de las políticas de austeridad impuestas por la troika y aceptadas por la mayoría del parlamento griego.».

Si para decidir si se aceptaban o no las condiciones impuestas por el memorando de junio, Tsipras convocó a las urnas, no fue así para aceptar condiciones aún más duras en la nueva redacción. El rescate ya ha sido firmado, y lo único que podrán decidir los griegos es quien gestiona el nuevo escenario, para nada coherente con el programa que Tsipras llevó a las últimas elecciones.

Desde República en Marcha creemos que el análisis de los acontecimientos tiene que llevarnos a mantener las mismas posiciones que manteníamos hace unos meses. En aquella ocasión, nuestro apoyo a Syriza fue total, identificándonos con su programa antiausteridad. El desarrollo de la actualidad política nos lleva a sacar varias conclusiones, que deberán ir concretándose a medida que avancen los acontecimientos en Grecia.

En primer lugar, admiramos y apoyamos al pueblo griego, quien dio una lección de dignidad sin precedentes al rechazar en referéndum las políticas de recortes, saqueo, austeridad y genocidio social impuestas por las instituciones de la oligarquía internacional.

En segundo lugar, insistimos en la necesidad de que los gobiernos estén controlados directamente por el pueblo. La ruptura entre la decisión del pueblo en el referéndum sobre el memorando y la decisión del gobierno de aceptar las medidas impuestas muestran que es necesario más que nunca el reforzar y crear estructuras y herramientas de contrapoder popular, que controlen al gobierno y democraticen la toma de decisiones, haciendo imposible que un gobierno legisle en contra de su propio pueblo.

En tercer lugar, en línea con lo anterior, la derrota en la batalla de Grecia y la capitulación del gobierno de progreso viene a confirmar la idea de que no es suficiente una victoria electoral para derrotar a la oligarquía. El establecimiento de esas herramientas de contrapoder popular es básico para conseguir cualquier avance en las posiciones de las clases trabajadoras. Las elecciones pueden ser una herramienta más, pero es necesario tener en cuenta que dentro del corsé impuesto por las (dentro del mol modelo de sociedadinstituciones burguesas no tendremos las estructuras necesarias para ganar.

Por último, no solo se trata de la movilización y la organización de un pueblo, el caso griego viene a demostrar que es completamente imposible realizar políticas que beneficien a las clases populares dentro de la institucionalidad de esta Unión Europea. Somos europeístas, entendiendo la necesidad de unión y colaboración entre los diferentes pueblos libres de Europa, para la construcción de un esqueleto social que garantice la prosperidad y la justicia social de todos los europeos y europeas. Esta visión del europeísmo se enfrenta a la realidad actual del engranaje institucional de la Unión Europea, diseñada para favorecer al gran capital y beneficiar a las burguesías de Europa Central, situando a los países del sur como protectorados coloniales, y a sus habitantes como súbditos de un Reich Económico. Es necesario por tanto trabajar en la construcción de relaciones entre los pueblos del sur de Europa para determinar una agenda común de enfrentamiento a las políticas de austeridad y desmantelamiento de los estados, que camine en la dirección del desmontaje del actual cuerpo de una Europa cada vez más antisocial, para construir una Europa basada en los valores de soberanía popular y justicia social. Por supuesto, ninguna idea de Europa puede estar sobre los esa idea de igualdad y justicia social que abarca a toda la humanidad. Por eso se hace urgente ahora asumir que es indispensable una valiente ruptura con el actual marco de construcción europea.

Ante este análisis, desde República en Marcha vemos clara la necesidad de apoyar el programa original con el que se presentó Syriza a las elecciones griegas, y que a día de hoy sólo representan los diputados escindidos de la formación, y la candidatura de Unidad Popular. Así mismo, sostenemos que las tesis defendidas por Yanis Varoufakis sobre las posibilidades de un gobierno de resistencia, son las que van en el buen camino para la recuperación de la soberanía del pueblo griego. También llamamos a las diferentes fuerzas de progreso de todos los estados europeos a posicionarse junto al pueblo y denunciar cualquier intento de capitulación. La tarea de los gobiernos de la izquierda no es gestionar la miseria que nos deja la oligarquía internacional, sino romper con su institucionalidad y desafiarla con políticas que desborden sus lógicas. Por último, rechazamos cualquier intento de vender la idea de que no hay otro camino a las políticas de austeridad neoliberales, tanto en Grecia como en nuestro país.

Si las fuerzas de progreso quieren disputar el gobierno al bloque de la oligarquía, debe ser bajo la premisa de ruptura democrática y de organización de las masas para el desarrollo de políticas que favorezcan al pueblo.

¡Ni un paso atrás!

¡Unidad Popular frente a los recortes y el desmantelamiento de los estados del Sur!

¡No a la Europa del Capital! ¡Sí a la Europa de los pueblos, la libertad y la justicia social!


Valoración de las elecciones y perspectivas de futuro

logo.publicaciones.blogEl resultado electoral del 24 Mayo ha tambaleado a la derecha, pero no la ha noqueado. De momento el PP intenta revalidarse como gestor útil de los intereses de la oligarquía aunque con cierta confusión, lo que da lugar a banderías Por una parte van surgiendo -con matices- propuestas convergentes del PP –como partido más votado-con el resto de los partidos implicados en el mantenimiento del orden actual, en concreto: PSOE, Ciudadanos y si es posible el nacionalismo que llaman “moderado”. Eso es lo que hay detrás de las propuestas de Aguirre, Barbera, Monago y en cierta forma de Rajoy. En la otra parte surgen algunos francotiradores que piden una renovación completa e incluso la sustitución de Mariano Rajoy. En cualquier caso, parece que el PP se enfrenta a un escenario que a pesar de las encuestas no esperaba, puesto que confiaba en compensar su previsible retroceso electoral con un ascenso suficiente de Ciudadanos.

La dirección del PSOE, -que todavía no ha entendido que la ruptura del sistema está llamando a la puerta- intenta recuperar el papel de gestor de los grandes capitales procurando convertirse en el eje hegemónico de toda la oposición al PP e integrarla dentro de los cauces y normas del sistema, aunque ello implique pequeñas reformas maquilladoras. De esa forma el PSOE quedaría validado a los ojos de la oligarquía como su más eficaz instrumento político en momentos de incertidumbre.

Las fuerzas de progreso Podemos, IU, y otras candidaturas populares que han conseguido representación autonómica o local se encuentran en el dilema de convertirse en centro impulsor de la política de ruptura con el régimen, o bien sumergirse en un mar de pequeñas reformas –con y sin PSOE- que no lo ponen en cuestión.

A medio plazo esta política es el camino perfecta para que la derecha montaraz recupere el terreno perdido una vez, que se disipen las esperanzas de cambio en profundidad, expresado en el voto a estas fuerzas políticas, y latente en el prestado al PSOE . Y ello porque la estructura de poder económico y político imperante en España no permite un cambio de las relaciones de dominio de una oligarquía sobre el resto de sectores sociales.

Quebrar el dominio de la oligarquía requiere el resurgir de la movilización y la conversión de los centros de poder institucionales en verdaderos centros de resonancia y clamor de los sectores populares movilizados. Se trata entender que los elegidos el 24 de mayo son verdaderos tribunos populares y no meros administradores con mayor sensibilidad social que los del PP.

Pero esto, no es una cuestión de decisión personal de diputados, concejales, o alcaldes, ni siquiera sirve para mucho la utilización de radicalismos verbales y afirmaciones de fidelidad revolucionaria, la única condición necesaria para que los elegidos en estos comicios puedan convertirse en verdaderos tribunos populares es la existencia de un clima social que lo permita, es decir la existencia de un pueblo movilizado que dispute cada conquista, y que sostenga en la calle cada iniciativa que haga retroceder el poder oligárquico. Ese es el único terreno de lucha que realmente amenaza a las clases dominantes y que obviamente no podrá seguir la dirección del PSOE, -o solo a regañadientes-, aunque si sus bases trabajadoras.

En lo inmediato las fuerzas y partidos políticos populares que han conseguido representación institucional tienen el dilema de hacerse acompañar por el PSOE, o facilitar gobiernos presididos por él. A nuestro entender allí donde las fuerzas populares y rupturistas tenemos fuerza para disputar el terreno a la derecha, sería una grave irresponsabilidad agrandar el estado mayor de la oligarquía, -que hoy todavía es el PP- rechazando la colaboración del PSOE y echándolo en brazos de la derecha para formar ese gran bloque reaccionario por el que claman algunos dirigentes del PP. En cualquier caso el peso político e ideológico de las propuestas del PSOE, y fuerzas similares, están en relación directa con la existencia, o no, de la movilización social.

En aquellos lugares donde la representación de los sectores rupturistas es la clave para la formación de gobiernos del PSOE, creemos que la línea a seguir consiste en la exigencia de medidas populares a cambio de facilitar la formación de gobiernos PSOE y próximos, y debilitar de esa forma al administrador de turno de los intereses oligárquicos en estos momentos, que es el PP, pero sin implicarse en el gobierno de un ente local o autonómico en el que no podremos ejercer una labor hegemónica y al que solamente podremos contribuir a su administración dentro de los parámetros del sistema. Por el contrario debemos utilizar los cargos públicos para desplazar el protagonismo político y social hacia la calle. Y por últimos en aquellos lugares donde se puedan formar gobiernos sin nuestro concurso nuestra tarea es trasladar a las instituciones el clamor popular.

Más allá de lo inmediato, de los votos, los concejales y los pactos, debemos pensar en el largo plazo. En este combate de fondo entre los intereses de la oligarquía y los intereses de las clases populares, la única ventana de oportunidad está en la construcción de unidad popular. En primer lugar, porque sólo una confluencia amplia entre movimientos sociales, sindicales y políticos, puede ponernos en condiciones de enfrentar el colosal poder de la oligarquía. En segundo lugar, porque un proyecto unitario en el que no sobre nadie que esté por la ruptura contra la oligarquía, los recortes y la austeridad, es un proyecto ilusionante y exitoso.

Se ha demostrado en estas elecciones que la unidad popular funciona incluso desde la perspectiva electoral. Las candidaturas donde esa unidad ha sido real y no sólo nominal han sido un éxito. Durante mucho tiempo hemos oido hablar contra la confluencia bajo el argumento de que “hay sumas que restan”. Los hechos han probado lo contrario: hay sumas que multiplican. Los que no han sabido o no han querido ver el éxito de las candidaturas unitarias se equivocan. Dentro de PODEMOS se equivocan aquellos que piensan que el éxito de las candidaturas de unidad popular se debe fundamentalmente al liderazgo carismático de sus cabezas de lista o al hecho de que “la pulsión de cambio” llega antes a las grandes ciudades que a las provincias. Dentro de IU, se equivoca el sector que piensa que los malos resultados se deben a que IU se ha disuelto en siglas extrañas en su intento de confluir.

Lo llevamos diciendo mucho tiempo: la unidad popular es el camino. Es lo que nos puede permitir conectar las instituciones con la movilización. Es lo que puede ilusionar y cohesionar a una izquierda social que corre el riesgo de desfondarse en luchas sin horizonte. Es lo único que asusta a la oligarquía. Se ha visto en las reacciones que ha generado el éxito de las candidaturas de unidad popular. Un partido que se aviene exclusivamente al juego electoral de defender su marca y buscar discursos que pesquen votos, no asusta a nadie. Está dentro de las reglas del Régimen. Un movimiento amplio de unidad popular que cohesione y unifique luchas y demandas de las clases populares, que entre en las instituciones para ser motor y altavoz de esas luchas y que aspire a romper con el Régimen del 78; eso sí asusta a la oligarquía.


Llamamiento a la cordura

logo.publicaciones.blogAnte el fracaso de la casi totalidad de los intentos de candidaturas unitarias en los municipios de nuestra región, REM se propuso publicar un llamamiento a la unidad. Sin embargo, en las últimas semanas, ante el recrudecimiento de las hostilidades entre las partes llamadas a la unidad, hemos ido posponiendo la tarea. No tenía mucho sentido llamar a la unidad cuando la izquierda murciana se había convertido en un campo de batalla. Ante el malestar generado por desencuentros irresponsables, declaraciones cruzadas en las redes y artículos de opinión envenenados en los medios, podemos aspirar como mucho a un llamamiento a la cordura. En efecto, la locura se ha apoderado de la izquierda con la cercanía de las elecciones.

Nada de lo que ha ocurrido en las últimas semanas tiene sentido a menos que cambiemos la hipótesis de base. Hasta ahora habíamos trabajado sobre la hipótesis de que las distintas organizaciones de izquierdas, a su modo, tienen el objetivo prioritario de transformar la sociedad. Sin embargo, lo ocurrido, especialmente en el municipio de Murcia, no tiene explicación a menos que supongamos que a gran parte de la izquierda de esta región le importa una mierda cambiar realmente las cosas. Se ha puesto de manifiesto que la transformación de la sociedad ha pasado a un segundo plano casi folclórico y que lo primero han sido los egos inmensos, el ansia de aferrarse a insignificantes parcelas de poder, el tacticismo electoralista y el recurso a identidades políticas hipertrofiadas hasta el ridiculo o la impostura.

Si nos tomamos en serio el objetivo de transformar la sociedad y poner las instituciones al servicio de las clases populares, debemos tener claro que el narcisismo, el tacticismo, el cortoplacismo y el fundamentalismo identitario no sirven a ese objetivo. Esto no es un juego en el que conseguir más votos que el compañero de trinchera sirva para algo. Esto no es un concurso de popularidad de la izquierda murciana.

Lo hemos dicho muchas veces. El enemigo que tenemos enfrente es demasiado grande, nos estamos enfrentando a la oligarquía capitalista. Ellos tienen la maquinaria del bipartidismo a su servicio, los medios de comunicación en sus manos, los think tanks creando ideología a pleno rendimiento y las instituciones en su poder. Al poder sólo se le puede vencer oponiéndole un poder semejante. La única estrategia posible es construir un contrapoder que pueda disputar el poder a la oligarquía con las únicas armas que tenemos en nuestras manos: unidad y organización. Nuestras posibilidades de victoria pasan únicamente por construir una unidad social, política y sindical amplia a la que hemos llamado unidad popular.

El caso es que parece que el discurso de la unidad popular como estrategia ha calado en la mayoría de las organizaciones. Seguramente porque previamente ha calado en las clases populares. Es posiblemente lo más repetido y escuchado en los corrillos de la izquierda murciana: si queremos transformar en profundidad la sociedad, no basta con ganar las elecciones, debemos tener detrás una sociedad movilizada. Sin embargo, lo que se repite como un mantra, no ha empapado la praxis política de las organizaciones. Mientras se llama a construir unidad popular se sigue jugando al juego electoralista, personalista e identitario.

Esta disociación entre la teoría y la praxis, entre lo que se dice y lo que se hace, sólo tiene sentido si suponemos que gran parte de la izquierda de nuestra región no cree realmente en los principios que dice mantener. El espectáculo esperpéntico al que hemos asistitdo estas últimas semanas sólo resulta inteligible si suponemos que muchos de los actores que han participado en él no creen nada de lo que dicen. La praxis política ha convertido los discursos de unidad popular, participación ciudadana y democracia radical en carcasas vacías. He aquí la praxis política preelectoral haciendo fosfatina los principios políticos: hablar de candidaturas de unidad popular para referirse a espacios en los que no hay ni unidad ni pueblo, hablar de participación ciudadana y democracia al tiempo que no se aceptan los resultados de unas primarias, hablar de generosidad política al tiempo que se intentan imponer la propia visión o enarbolar discursos obreristas al tiempo que se dilapidan las posibilidades de las clases populares de alcanzar el poder en las instituciones.

Lo cierto es que el tacticismo electoralista, los egos gigantes y el fundamentalismo identitario se han acabado imponiendo a los principios políticos y a la necesidad perentoria de la sociedad murciana de articular un proyecto político unitario para poner las instituciones al servicio de las clases populares.

Ante este fracaso, no tiene mucho sentido llamar a la unidad. Por eso, desde REM, queremos llamar a la cordura y al cese de las hostilidades. Queremos llamar a que la campaña sea limpia, leal y no se pongan palos en las ruedas de los que, si hubiese habido un poco de responsabilidad y altura de miras, habrían ido juntos a las elecciones.

No se trata de un llamamiento naïf a la concordia de la izquierda, sino de un llamamiento a la responsabilidad: no hay que abrir heridas que luego no se puedan cerrar. Más pronto que tarde, las circunstancias nos forzarán a reencontrarnos y a hablar seriamente de unidad. Cuando pasen estas elecciones y el sistema electoral nos haya triturado y asignado parcelitas de poder insignificantes, cuando el desastre que hemos construido se nos haga manifiesto y la oligarquía siga pasando el rodillo de la austeridad; la gente seguirá necesitando un proyecto político y social capaz de disputar el poder a la oligarquía.

En el espacio que queda entre el desastre de las municipales y las elecciones generales, esperamos que los errores nos sirvan de aprendizaje y se impongan la cordura y la responsabilidad. Este país no puede soportar cuatro años más de austeridad, precariedad, paro, deshaucios y crecimiento de la exclusión social. Estamos jugando con las vidas y las esperanzas de la gente. Tenemos una responsabilidad inmensa: cuando, en una situación de emergencia social, la izquierda no es capaz de dar salidas a las necesidades y expectativas de las clases populares, se deja el camino abonado para el florecimiento de los fascismos.

Seguramente, es cierto, la situación en la que se encontraba la izquierda y la falta de organización de los trabajadores y las clases populares, no permitían otro panorama. Las organizaciones no han estado a la altura y la gente no ha sobrepasado el ombliguismo en el que nos encontramos. El trabajo ahora no puede ser otro que el de seguir haciendo pedagogía política y traer a la gente al discurso de ruptura con el régimen desde la unidad popular, el de seguir organizando a la gente y el de hacer que sean estas clases populares las que organizándose un poco más y movilizándose por un mundo mejor, nos exijan lo que no hemos sabido darles: Unidad Popular.