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¡LA VIRGEN! [REM-Andalucía]

El Ayuntamiento de Cádiz ha concedido la Medalla de Oro a la Virgen del Rosario, Patrona de la ciudad. La Comisión de Honores y Distinciones aprobó esta medida y la corporación municipal lo ha ratificado en el pleno de este viernes. Y de nuevo una decisión de un Ayuntamiento con una población de menos de 120.000 habitantes recibe todos los focos mediáticos a nivel estatal.

Sin duda, se trata de una cuestión polémica, pero quizás el ruido no parece proporcional a la decisión. Y es que para la derecha, los sectores afines al Régimen y la vieja y nueva jauría antipodemos se trata de una buena oportunidad de hacer fuego contra el partido que tantas veces ha puesto en evidencia a los ejecutivos del IBEX 35 en las instituciones, contra uno de sus sectores más combativos, la órbita Anticapitalistas, y contra uno de sus símbolos, como es el alcalde de Cádiz. La verdad es que aquí hay carnaza, porque ya no sólo se abre la posibilidad de dividir a los sectores populares que no vemos con buenos ojos las concesiones a la Iglesia, sino que, sobre todo, es posible poner encima de mesa la necesidad de su particular real politik y las incongruencias de esos radicales que un día se rasgan las vestiduras contra el fanatismo religioso y otro se arrodillan ante la virgen. Está claro que la derecha de este país no puede dejar pasar una oportunidad como esta.

En fin, teniendo en cuenta las dificultades de caminar en un terreno en el que se está rodeado de enemigos que cuentan con medios más poderosos que los nuestros, la verdad es que es irresponsable no asumir que debemos también atrevernos reflexionar sobre las decisiones y los métodos de los que consideramos de los nuestros. Precisamente porque la valoración colectiva y los espacios colectivos de reflexión, entiendo, son lo único que nos puede asegurar que al final los da abajo, ganemos.

Lo cierto es que la izquierda se divide, efectivamente, porque son relativemente fáciles los ataques que puede recibir Por Cadiz Si se Puede. La formación se explica:

“Se trata de una propuesta que se ha entregado en el Ayuntamiento y viene avalada por más de 6.000 firmas. Proviene de particulares, asociaciones de vecinos, entidades ciudadanas y colegios profesionales… Es, por lo tanto, por el componente popular y el apoyo ciudadano que tiene esta propuesta. Por ello se apoya, nada que ver con el supuesto componente religioso, sino por el componente popular”.

Un argumento lícito, la verdad, que en definitiva justifica la decisión sobre la base del respaldo popular. Podemos señalar que subyace a esta decisión la idea de que en ocasiones la religión no es un arma de los poderosos contra los débiles y que, en particular, en nuestra particular y actual España, hay una forma popular de vivir la religión que adora vírgenes y santos como símbolos de su tierra, rozando en ocasiones el paganismo. De ahí la defensa de Teresa Rodríguez: “es un símbolo de la ciudad que por cierto trasciende lo religioso y que tiene que ver con nuestra propia identidad” Esto permitiría explicar, claro, la poca cantidad de practicantes que encontramos en un país de mayoría declarada católica. Incluso no faltan voces como la de Monedero que tratan de atenuar la condena al kichismo señalando que en Cádiz gobiernan para el pueblo tal y como es el pueblo.

Pues bien, es cierto que la política es compleja y que debemos navegar entre contradicciones, más cuanto menor sea el poder del pueblo frente al de los poderosos, pero no todo vale. Pero cualquier proyecto popular que pretenda la emancipación del ser humano tiene que tener en cuenta dos cuestiones clave: la importancia de los principios y el papel de cada paso que damos en el logro de nuestros objetivos. Esto último es especialmente importante, porque desde REM entendemos perfectamente la necesidad de adaptar el discurso a las necesidades de cada espacio, siempre sabiendo hacia donde nos dirigimos. El objetivo no es, nunca lo ha sido, ser capaces de resistir a la presión del Régimen en todos los frentes, sino que el objetivo es ganar al Régimen, en todos los frentes. La superstición en general y la Iglesia en particular, por muy populares que puedan ser, siempre han formado parte de la red con la que someter o adormecer al pueblo. Efectivamente, en raras ocasiones ha servido para fines liberadores, pero eso, en contadas ocasiones. No nos engañemos, la Iglesia tiene mucho más peso del que nos creemos. Igual que la mayoría de los que se lean este artículo cuando testan su entorno no encuentran a votantes del PP, también hay una gran cantidad de personas, que realmente tienen la sarten por el mango en este país, para los que lo que dice la Iglesia es palabra de santo. Y nos encontramos con esa Iglesia, jefa espiritual del pueblo que adora a santos y vírgenes, que denuncia el matrimonio entre personas del mismo sexo, que transmite valores reaccionarios, que se alía con el Estado para imponer la religión católica en los centros públicos de enseñanza y se alía día sí, día también con la ideología neoliberal. Nunca dejó de ser un pilar del Régimen.

Y es aquí donde situamos la cuestión de los principios. Efectivamente una particular tradición que inicia Maquiavelo y acaba en Laclau, nos advierte de la inutilidad de los principios, en ocasiones, para ganar en política; los principios efectivamente son un estorbo a la hora de conseguir objetivos políticos, sean estos la emancipación del género humano o la liberalización del mercado. Pero es que los principios son faros también que señalan hacia donde nos conducimos. Nosotros no podemos estar siempre reflexionando sobre el camino a seguir y cuando decimos que en ocasiones hay que tomar partido hasta mancharse, nos referimos a este tipo de cosas. La equidistancia en determinadas cuestiones es simplemente ponerse del lado de quien controla la situación. Al final, uno de nuestros enemigos centrales es la religión en general transmisora de un mensaje de docilidad sobre la base de la superstición y el engaño. Dentro de los parámetros de Laclau, se trata simplemente de un relato que podemos y debemos utilizar, dentro de una posición científica no se trata de un simple relato, sino de uno particular que es fácil que usen los poderosos para someter al pueblo, y efectivamente así ha sido en la mayoría de los casos. En el Estado Español está claro el papel que ha jugado y juega la Iglesia a la hora de mantener el orden, como centro de poder.

Sea el motivo que sea por el que realmente el Ayuntamiento gaditano haya concedido medallas a vírgenes no ayuda al la gente que objetivamente está frente a los intereses del IBEX 35. Si ha sido por presión de sectores reaccionarios, la realidad es que es responsabilidad de un grupo en el poder construir contrapoder, también contrapoder a la religión tan conservadora y que tanto poder tiene en España. La clave aquí es rodearse de las asociaciones laicas y crear laicismo. Pero si ha sido efectivametne porque entiende que hay que darle al pueblo lo que pide, pues, como decíamos, sin hacer reglas universales de nada, esta es una de esas cosas que no hay que darle.

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¡O nosotros o el caos!

Artículo de la compañera Elia Olgoso Rubio

caosLo de que la nobleza se una con el clero para aplastar al populacho viene de muy antiguo, desde la Edad Media, esos tiempos oscuros en que la Iglesia explotó el filón del miedo del más allá para controlar los asuntos del más acá. Ese binomio lo vio muy claro, y lo sigue viendo claro hasta la fecha. Este binomio indisoluble funciona de manera muy simple pero efectiva: uno genera el miedo y el otro pone el supuesto orden y equilibrio. Una vez en el poder, ¿quién es el pueblo para proponer otro tipo de alternativas? La incultura del vulgo no puede traer más que caos y desequilibrio. Pero claro, por otro lado, convenía mantenerlos incultos para impedir su acceso a las élites de poder. La nobleza y el clero fueron caminando de la mano durante siglos, complementándose a la perfección con eso de los poderes humanos y divinos. Como no pudieron evitar el desarrollo social, económico e ideológico han tenido que reinventarse de manera secular para mimetizarse con el contexto, utilizando distintos collares y adaptándose a cada cambio sin que pareciera que en realidad nada cambiaba.

Y de pronto se cruzan en el siglo XX, donde no pudieron evitar que los movimientos internacionales permeabilizaran en nuestro ruido ibérico y el pueblo se empapara de las nuevas corrientes. La falsa alternancia entre liberales y conservadores de finales del siglo XIX y principios del XX (inspiradora del escenario de transición entre socialistas y populares) no pudo contener el huracán de los nuevos vientos de pensamientos renovados, lo que derivó en la II República, tras unas elecciones democráticas. La única etapa de nuestra historia en la que el pueblo toma el poder.

La nobleza, los conservadores, la derecha o el término que se acuñe a cada periodo histórico lleva en el ADN (instinto, desde tiempos medievales) el cromosoma del poder.

Por designio divino, por herencia de sangre o porque sí, se arroban el derecho desde la cuna de dirigir el cortijo nacional. Sin ellos, la nada. El miedo y el caos. Por esto, solo creerán en la democracia cuando ese pueblo inculto o desinformado les designe como dirigentes. De lo contrario, sienten como si esos ingratos les estuvieran abofeteando y se lo llevan al terreno personal y revanchista. Entonces, la soberbia les obliga a reconducir la situación por el conducto que sea. Por el bien patrio, claro, porque solo ellos pueden salvarnos. Ojo, no les mueve el interés, solo su solidaridad hacia el pueblo errado y perdido. En aquellos tiempos convulsos de entreguerras la cosa se les torció. La Iglesia y la élite poderosa tiraron de la otra pata necesaria, el Ejército, el uso de la fuerza frente a la razón, a una razón que solo les pertenece a ellos, para poner las cosas en su lugar con un buen golpe de Estado; que nos devolvió a la Edad Mediador otros 40 años. Después de este tortuoso camino post cruzada, si queríamos entrar en el nuevo orden político y económico mundial no les quedó otro remedio que abrazar y piropear (cruzando los dedos y tapándose la nariz) el nuevo concepto democrático. Aún así hubo una última intentona de sables, pero la asonada ya resultaba demasiado anacrónica. Sin el Ejército y con el clero cada vez menos intervencionista (y no porque no quisiera serlo) había que inventar nuevas fórmulas para seguir perpetuándose sin compartir privilegios con el pueblo. Hemos asistido a algunos ejemplos. El Tamayazo, que truncó unas elecciones democráticas y que puso en el poder a la elitista Esperanza Aguirre, que copió los regímenes totalitarios (que tanto detesta) al secuestrar los medios de comunicación públicos para crear una red de informaciones partidistas y propagandísticas. Otro ejemplo fue el enroscamiento ante la pérdida de las elecciones tras el ocultamiento de la verdad de los atentados en los trenes. Hasta el día de hoy se sigue creyendo en la teoría conspiranoicas. Bueno, lo creen sus votantes, porque ellos simplemente no aceptaron la derrota, como nunca la han aceptado, sobre todo cuando no la esperan. Y llegamos al presente, un presente en el que sus fieles devotos les siguen votando a pesar de que al final hayan sido desenmascarados, y es que, nunca han soportado a los otros, a los que simplemente no piensan como ellos. Y han descubierto quién puede sustituir a los antiguos ejércitos para que sigan defendiendo su negociado, esparciendo la vieja teoría del miedo y del caos si no son ellos los que sigan dirigiéndonos y robándonos de forma equilibrada. El nuevo ejército de la “prensa” mercenaria, los voceros del Apocalipsis, los tenebrosos personajes que tejen en las mesas de redacción una telaraña de odio entre vecinos para que vuelva el caos y con él los únicos y verdaderos salvapatrias. Algún día tendrán que rendir cuentas por insultar, mentir, injuriar, generar el enfado, la ira y el odio en las calles, y sobre todo por haber hecho tan pequeño el concepto de democracia, pues el miedo a Podemos es el miedo a un cambio de estructura social. Las profecías apocalípticas: O nosotros o el caos.

Ahora nos presentan una renovada “transición”, vuelven a ganar los mismos: los señores del Dinero.

Ellos piensan que aún puede funcionar el gatopardismo: cambiar algo para que nada cambie.

Pero en eso se equivocan, desde el 15M y tras años de lucha en la calle, estamos más unidos, más organizados, más involucrados, estamos en las instituciones. No les vamos a dejar respirar. Ni un paso atrás, ni para tomar aliento.