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¡LA VIRGEN! [REM-Andalucía]

El Ayuntamiento de Cádiz ha concedido la Medalla de Oro a la Virgen del Rosario, Patrona de la ciudad. La Comisión de Honores y Distinciones aprobó esta medida y la corporación municipal lo ha ratificado en el pleno de este viernes. Y de nuevo una decisión de un Ayuntamiento con una población de menos de 120.000 habitantes recibe todos los focos mediáticos a nivel estatal.

Sin duda, se trata de una cuestión polémica, pero quizás el ruido no parece proporcional a la decisión. Y es que para la derecha, los sectores afines al Régimen y la vieja y nueva jauría antipodemos se trata de una buena oportunidad de hacer fuego contra el partido que tantas veces ha puesto en evidencia a los ejecutivos del IBEX 35 en las instituciones, contra uno de sus sectores más combativos, la órbita Anticapitalistas, y contra uno de sus símbolos, como es el alcalde de Cádiz. La verdad es que aquí hay carnaza, porque ya no sólo se abre la posibilidad de dividir a los sectores populares que no vemos con buenos ojos las concesiones a la Iglesia, sino que, sobre todo, es posible poner encima de mesa la necesidad de su particular real politik y las incongruencias de esos radicales que un día se rasgan las vestiduras contra el fanatismo religioso y otro se arrodillan ante la virgen. Está claro que la derecha de este país no puede dejar pasar una oportunidad como esta.

En fin, teniendo en cuenta las dificultades de caminar en un terreno en el que se está rodeado de enemigos que cuentan con medios más poderosos que los nuestros, la verdad es que es irresponsable no asumir que debemos también atrevernos reflexionar sobre las decisiones y los métodos de los que consideramos de los nuestros. Precisamente porque la valoración colectiva y los espacios colectivos de reflexión, entiendo, son lo único que nos puede asegurar que al final los da abajo, ganemos.

Lo cierto es que la izquierda se divide, efectivamente, porque son relativemente fáciles los ataques que puede recibir Por Cadiz Si se Puede. La formación se explica:

“Se trata de una propuesta que se ha entregado en el Ayuntamiento y viene avalada por más de 6.000 firmas. Proviene de particulares, asociaciones de vecinos, entidades ciudadanas y colegios profesionales… Es, por lo tanto, por el componente popular y el apoyo ciudadano que tiene esta propuesta. Por ello se apoya, nada que ver con el supuesto componente religioso, sino por el componente popular”.

Un argumento lícito, la verdad, que en definitiva justifica la decisión sobre la base del respaldo popular. Podemos señalar que subyace a esta decisión la idea de que en ocasiones la religión no es un arma de los poderosos contra los débiles y que, en particular, en nuestra particular y actual España, hay una forma popular de vivir la religión que adora vírgenes y santos como símbolos de su tierra, rozando en ocasiones el paganismo. De ahí la defensa de Teresa Rodríguez: “es un símbolo de la ciudad que por cierto trasciende lo religioso y que tiene que ver con nuestra propia identidad” Esto permitiría explicar, claro, la poca cantidad de practicantes que encontramos en un país de mayoría declarada católica. Incluso no faltan voces como la de Monedero que tratan de atenuar la condena al kichismo señalando que en Cádiz gobiernan para el pueblo tal y como es el pueblo.

Pues bien, es cierto que la política es compleja y que debemos navegar entre contradicciones, más cuanto menor sea el poder del pueblo frente al de los poderosos, pero no todo vale. Pero cualquier proyecto popular que pretenda la emancipación del ser humano tiene que tener en cuenta dos cuestiones clave: la importancia de los principios y el papel de cada paso que damos en el logro de nuestros objetivos. Esto último es especialmente importante, porque desde REM entendemos perfectamente la necesidad de adaptar el discurso a las necesidades de cada espacio, siempre sabiendo hacia donde nos dirigimos. El objetivo no es, nunca lo ha sido, ser capaces de resistir a la presión del Régimen en todos los frentes, sino que el objetivo es ganar al Régimen, en todos los frentes. La superstición en general y la Iglesia en particular, por muy populares que puedan ser, siempre han formado parte de la red con la que someter o adormecer al pueblo. Efectivamente, en raras ocasiones ha servido para fines liberadores, pero eso, en contadas ocasiones. No nos engañemos, la Iglesia tiene mucho más peso del que nos creemos. Igual que la mayoría de los que se lean este artículo cuando testan su entorno no encuentran a votantes del PP, también hay una gran cantidad de personas, que realmente tienen la sarten por el mango en este país, para los que lo que dice la Iglesia es palabra de santo. Y nos encontramos con esa Iglesia, jefa espiritual del pueblo que adora a santos y vírgenes, que denuncia el matrimonio entre personas del mismo sexo, que transmite valores reaccionarios, que se alía con el Estado para imponer la religión católica en los centros públicos de enseñanza y se alía día sí, día también con la ideología neoliberal. Nunca dejó de ser un pilar del Régimen.

Y es aquí donde situamos la cuestión de los principios. Efectivamente una particular tradición que inicia Maquiavelo y acaba en Laclau, nos advierte de la inutilidad de los principios, en ocasiones, para ganar en política; los principios efectivamente son un estorbo a la hora de conseguir objetivos políticos, sean estos la emancipación del género humano o la liberalización del mercado. Pero es que los principios son faros también que señalan hacia donde nos conducimos. Nosotros no podemos estar siempre reflexionando sobre el camino a seguir y cuando decimos que en ocasiones hay que tomar partido hasta mancharse, nos referimos a este tipo de cosas. La equidistancia en determinadas cuestiones es simplemente ponerse del lado de quien controla la situación. Al final, uno de nuestros enemigos centrales es la religión en general transmisora de un mensaje de docilidad sobre la base de la superstición y el engaño. Dentro de los parámetros de Laclau, se trata simplemente de un relato que podemos y debemos utilizar, dentro de una posición científica no se trata de un simple relato, sino de uno particular que es fácil que usen los poderosos para someter al pueblo, y efectivamente así ha sido en la mayoría de los casos. En el Estado Español está claro el papel que ha jugado y juega la Iglesia a la hora de mantener el orden, como centro de poder.

Sea el motivo que sea por el que realmente el Ayuntamiento gaditano haya concedido medallas a vírgenes no ayuda al la gente que objetivamente está frente a los intereses del IBEX 35. Si ha sido por presión de sectores reaccionarios, la realidad es que es responsabilidad de un grupo en el poder construir contrapoder, también contrapoder a la religión tan conservadora y que tanto poder tiene en España. La clave aquí es rodearse de las asociaciones laicas y crear laicismo. Pero si ha sido efectivametne porque entiende que hay que darle al pueblo lo que pide, pues, como decíamos, sin hacer reglas universales de nada, esta es una de esas cosas que no hay que darle.


Tras las elecciones, continuemos la OFENSIVA

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Una de las claves de la estabilidad del Régimen consistía en que la oposición a las políticas del partido que gobernara se expresaba, desde el punto de vista electoral, o bien con el voto al otro extremo del bipartidismo (PP o PSOE) o bien con la abstención, o bien, con el voto desde la conciencia más crítica, a IU o a cualquiera de los partidos del campo de la izquierda más radical. La aparición de Podemos y el consecuente desarrollo de Ciudadanos ha dejado herido ese modelo de turnismo, y el rechazo a las políticas del PP se ha podido expresar en otras formaciones.

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Manifiesto de Republica en Marcha ante las elecciones del 20 de diciembre

A los pueblos, naciones y nacionalidades del España:

logo.publicaciones.blogEste próximo 20 de diciembre están convocadas elecciones generales. Elecciones presentadas como cruciales para nuestro futuro y son las más animadas mediáticamente desde la llamada “transición democrática”. Unas elecciones celebradas con cinco millones de parados, y diez millones de ciudadanos bajo el umbral de la pobreza y, sin embargo, con los mayores beneficios bancarios de la historia; elecciones sumergidas en la búsqueda desesperada de beneficios para el capital internacional. Pero lo cierto es que no dejan de ser el más alto ejercicio de democracia tutelada por el gran capital financiero y oligopolista europeo. Unas elecciones en las que cumplir las aspiraciones populares y el programa esgrimido por los partidos del cambio y de la izquierda queda supeditado al visto bueno de los capitales financieros asociados en la Unión Europea; en las que toda decisión popular y democrática queda sujeta al permiso de las elites financieras e industriales alemanas, como ha dejado tristemente claro el ejemplo griego.

En estas tierras agrupadas bajo el nombre de Reino de España la oligarquía, más españolista que española, se ha involucrado en el sacrificio de la libertad, protección social, y progreso; se ha empeñado en el empeoramiento de las condiciones de vida y trabajo para alimentar la tasa de beneficios que las inversiones financieras requieren. Esa minoría que controla las empresas oligopolistas españolas de la mano del capital financiero extranjero tanto árabe como europeo y norteamericano; esa casta que controla los sectores estratégicos y energéticos de nuestra economía una vez más tiene que revalidar su dominio político encauzando el creciente descontento popular hacia la integración en su legalidad, en su ideología, en su sistema de valores, su patriarcado, sus normas, sus leyes, su constitución monárquica, en su Unión Europea, que no es la de los pueblos de Europa sino la de los capitales apátridas.

En estas condiciones, la clase trabajadora, el pueblo, y la mayoría social no puede acudir a estas elecciones más que denunciando sus problemas y afianzando sus reivindicaciones sociales y políticas a modo de banderas de enganche que permitan acumular fuerzas para la verdadera batalla contra la oligarquía. Una batalla que ha de librarse en nuestro terreno, o no será verdaderamente antioligárquica y democrática; un partido que habrá que jugarse en el campo de la movilización y la participación popular entre cerrados puños; música de valores solidarios y cánticos de libertad e igualdad.

Ese partido por el cambio de verdad no se juega en estas elecciones; aquí nadie pone en cuestión la hegemonía económica de la oligarquía para conseguir el derecho a la vivienda, al trabajo, acabar con los bajos salarios, evitar los recortes en sanidad y educación, terminar con el saqueo de los oligopolios y luchar eficazmente contra la pobreza. Frenar el retroceso de derechos democráticos y propuestas socialmente avanzadas, son presentados como compatibles con la permanencia bajo el tutelaje de los grandes capitales de la Unión Europea. Parece que nadie ha aprendido del ejemplo de Grecia y se sigue soñando con mejorar las condiciones de vida y trabajo reeditando un imposible keynesianismo consumista, envuelto en ventajas y protecciones sociales ya indigeribles por la fase actual del capitalismo.

Sabemos, en definitiva, que queda trabajo por hacer y que la construcción de una sociedad democrática, justa e igualitaria que desarrolle ventajas y conquistas sociales, requiere la nacionalización de los sectores estratégicos; la recuperación de los oligopolios, una política de soberanía nacional económica y política frente a los dictados de la UE; la negativa a pagar la deuda pública generada para beneficiar a los grandes capitales, negocios especulativos y banca nacional y extranjera, la ruptura con el régimen monárquico del 78, y el desplazamiento de la oligarquía del poder político a través de un proceso constituyente que contemple la posibilidad de la Republica. Todas ellas propuestas y reivindicaciones populares en buena medida fueron clamor en las movilizaciones de las Marchas de la Dignidad el 22M.

Es precisamente porque en estas elecciones esos temas no forman parte clara de los programas de izquierda transformadora, popular y social; para limitarse a propuestas aisladas de mejora social separadas de la capacidad real e independencia nacional necesaria para poder aplicarlas; y porque en contrapartida también incorporan reivindicaciones justas de amplio calado, como el derecho a la autodeterminación, o a decidir; las cinco condiciones de la PAH (dación en pago, fin de los desahucios, alquiler asequible, vivienda social y suministros garantizados); así como buena parte de las reivindicaciones surgidas de las movilizaciones de estos pasados años, por lo que creemos que votar las candidaturas de estos partidos sirve para afirmar nuestras reivindicaciones, difundirlas, colocarlas en el terreno del concurso político de estas elecciones con vistas a recuperar la movilización por ellas; y si es posible, situarlas en el terreno de su aplicación con una victoria electoral de los partidos de izquierda que las recogen; empujándolos con la movilización a romper con el corsé que nos impone el sometimiento al capital financiero internacional y a la Unión Europea.

Votar, en estas próximas elecciones a los partidos que por unos u otros motivos han surgido, o querido aparecer vinculados parcialmente a reivindicaciones derivadas de la explosión de descontento social de estos años pasados y de ruptura sociologica con un sistema político basado en la alternancia gestionante de los intereses de la oligarquía financiera, puede contribuir a relanzar esas mismas reivindicaciones al terreno políticamente eficaz de la movilización y presión social sobre la que sustentar un verdadero cambio social y una alternativa política en profundidad al sistema. Si todo permanece dentro de sus cauces institucionales, su ideología, sus normas, sus leyes, su legalidad, su ética, su moral, y su constitución, habrán conseguido retrasar su caída como clase dominante una vez más.

Republica En Marcha (Coordinadora interprovincial y autonómica)

Diciembre de 2015


REM Madrid comienza su andadura

“El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos” Antonio Gramsci

logo.publicaciones.blog República en Marcha ha comenzado a dar sus pasos en Madrid para trabajar en la construcción de un sistema más justo y social. Empieza un capítulo nuevo de una historia que pretendemos ayude a acabar con la explotación entre seres humanos.

Nuestro criterio primero y último, el principio que entendemos que hoy marca la diferencia, es la convicción de que no es posible dar forma a un capitalismo bueno para la gran mayoría de la sociedad. La misma dinámica que tiene la búsqueda de beneficios como hilo conductor de nuestro mundo, ha llevado a una concentración de capital, que hace que haya fortunas con más poder que cualquier gobierno. El problema ya no es si podemos controlar esas fortunas, sino el hecho de que esas fortunas no se puedan controlar a si mismas. Esas inmensas cantidades de dinero, en una feroz competencia contra otros capitales, necesitan tener gobiernos aliados, recortar en derechos sociales, extorsionar a los pueblos financiera o militarmente, financiar a facciones religiosas que debiliten a otras que no podamos controlar, propiciar estados de excepción prolongados…. Y todo esto ya ni siquiera para hacer progresar a la sociedad, sino para llevarla finalmente hacia estados de guerra y miseria.

Entendemos que dentro del Estado Español todas fuerzas conservadoras se han atrincherado en el régimen monárquico, y desde ahí tratan de imponer las políticas que les interesan. Antes del inicio de la crisis, en un periodo expansivo del capitalismo, podían compartir las migajas de los beneficios con el pueblo y, a través de un cierto consenso social, mantener la apariencia de democracia. La crisis ha puesto de manifiesto que los estrechos márgenes tanto de igualdad como de democracia que teníamos impiden imponer las políticas de privatización, desregulación y recortes sociales.

Entendemos entonces que defender hoy la educación pública, la sanidad universal y los derechos de los trabajadores es, a la vez, defender un nuevo modelo político, económico y social que rompa con la lógica del capitalismo. Y es en esta lógica en la que creemos que la defensa de la III República puede constituir un paso clave que exprese a la vez la ruptura con el régimen de la oligarquía y la construcción de una verdadera democracia.
Una nueva sociedad a la que aspirar no se construye simplemente proclamando la verdad, creemos que la III República se tiene que construir desde cada espacio en los que se va a expresar el conflicto. Entendemos que en el momento actual, la presión por parte de la oligarquía se va a endurecer y las tensiones estallarán en miles de formas. Nuestra tarea es evitar que ese descontento se transforme en apatía o desaliento, sino más bien en una fuerza positiva que esté dispuesta a abordar la construcción de esa sociedad que queremos. Convencidos de que necesitamos tener ideas fuertes, propuestas concretas y una organización dinámica. Creemos en cualquier caso que se dan las condiciones para desarrollar una respuesta revolucionaria.

Hay temas pendientes de debate, puertas que hay que empujar y muros que hay que derribar. No ocultamos los problemas que existen y hay que debatir; desde la estructura de clases actual en nuestro Estado sobre la que construir una nueva sociedad, hasta los mecanismos que la oligarquía ha desarrollado para mantenerse el poder, pasando por los problemas de la democracia dentro de la organización. Nos comprometemos a abordar todos esos problemas de manera científica, sin alejarnos nunca de la gente.

Asumimos así que en este momento histórico tenemos la responsabilidad de introducir cuñas en cada grieta que se abra en el régimen, y empujar con todas las fuerzas para hacerlo caer.


Posición de REM sobre la situación en Grecia

logo.publicaciones.blogEl desarrollo de los acontecimientos de las últimas semanas, en especial de los últimos días, en la política griega merece un análisis detenido y sereno sobre la situación en la que ha quedado el país heleno. En primer lugar, desde REM queremos reafirmar nuestro apoyo a las políticas antiausteridad y al programa contrario a la Troika con el que Syriza se presentó a las elecciones de enero. Las dificultades con las que el gobierno de Alexis Tsipras se ha encontrado en el camino para desarrollar ese programa han sido enormes. No podía ser de otra manera. La lucha de clases se acentúa mucho más cuando las oligarquías delegadas de la gran banca europea pierden el control de los gobiernos. La ofensiva desde todos los frentes ha sido brutal, demostrando la poca capacidad de actuación de los gobiernos estatales en un marco supranacional en el que son los poderes no democráticos (FMI, Banco Europeo, Banco Mundial, Comisión Europea…) los que determinan la política económica de los Estados. La respuesta del gobierno griego fue recibida como una gesta heroica por parte de toda la izquierda europea. El encargado de negociar con la Unión Europea y los acreedores fue el ministro de Economía, Yanis Varoufakis, quien encarnó a la perfección la resistencia a las políticas de austeridad que la Troika quería imponer en el tercer “rescate” a Grecia. Estas condiciones pretendieron ser impuestas sometiendo al país a un inaceptable chantaje, en el que se llegó a instaurar un corralito bancario que limitaba la disponibilidad del dinero a 60 euros por habitante al día. El gobierno griego estuvo entonces a la altura del momento histórico, y dio la palabra al pueblo en un referéndum valiente, con el que el pueblo decidiría por sí mismo si aceptaba o no las condiciones de este rescate. La victoria del NO (OXI) por un 61% dio alas a la visión revolucionaria del pueblo griego, quien a pesar de la campaña del miedo desarrollada por los poderes europeos, el claro posicionamiento de los medios de comunicación helenos contra el gobierno y a favor del SÍ, o las continuas amenazas de expulsión de la Eurozona, dio una lección de dignidad y soberanía, rechazando las condiciones humillantes del rescate y asumiendo iniciar, al lado de su gobierno, un camino de lucha y resistencia frente a las lógicas del gran capital y del imperialismo germanoeuropeo.

Todos estos anhelos y aspiraciones populares fueron hechos añicos con el transcurso de los acontecimientos a partir de la victoria en el referéndum del 5 de julio. La salida, apenas 12 horas después de conocerse los resultados, del gobierno de Yanis Varoufakis no auguraban nada positivo para los trabajadores griegos. Pocos días después, se conocía la nueva propuesta de la Comisión Europea para Grecia, que agudizaba aún más los recortes y situaba al país en peores condiciones que las que acababa de rechazar en referéndum. Fue una auténtica sorpresa que Tsipras aceptase dichas condiciones y que iniciase un viraje hacia posturas continuistas con las desarrolladas por los gobiernos anteriores, basadas en la austeridad y el expolio del patrimonio público de los griegos y las griegas.

La posible convocatoria de elecciones para septiembre y la consecuente dimisión de Alexis Tsipras (condición indispensable según las leyes griegas para que se puedan celebrar elecciones), no son –como hay quien pretende señalar- un ejercicio de responsabilidad democrática. Responde más bien a otra lógica menos épica. Las palabras de Monereo sintetizan nuestra visión: «Tsipras sabía mejor que nadie que no estaba garantizada su mayoría en el próximo congreso de Syriza. La convocatoria de nuevas elecciones no tiene nada de heroico. Sabedor de que las cosas en su partido estaban difíciles para él, convoca elecciones generales para conseguir tres cosas a la vez: garantizarse las siglas, propiciar la ruptura de Syriza huyendo del debate democrático y del posible cuestionamiento de su liderazgo y, por último, buscar el respaldo popular antes de que se empiecen a notar los efectos económicos y sociales de las políticas de austeridad impuestas por la troika y aceptadas por la mayoría del parlamento griego.».

Si para decidir si se aceptaban o no las condiciones impuestas por el memorando de junio, Tsipras convocó a las urnas, no fue así para aceptar condiciones aún más duras en la nueva redacción. El rescate ya ha sido firmado, y lo único que podrán decidir los griegos es quien gestiona el nuevo escenario, para nada coherente con el programa que Tsipras llevó a las últimas elecciones.

Desde República en Marcha creemos que el análisis de los acontecimientos tiene que llevarnos a mantener las mismas posiciones que manteníamos hace unos meses. En aquella ocasión, nuestro apoyo a Syriza fue total, identificándonos con su programa antiausteridad. El desarrollo de la actualidad política nos lleva a sacar varias conclusiones, que deberán ir concretándose a medida que avancen los acontecimientos en Grecia.

En primer lugar, admiramos y apoyamos al pueblo griego, quien dio una lección de dignidad sin precedentes al rechazar en referéndum las políticas de recortes, saqueo, austeridad y genocidio social impuestas por las instituciones de la oligarquía internacional.

En segundo lugar, insistimos en la necesidad de que los gobiernos estén controlados directamente por el pueblo. La ruptura entre la decisión del pueblo en el referéndum sobre el memorando y la decisión del gobierno de aceptar las medidas impuestas muestran que es necesario más que nunca el reforzar y crear estructuras y herramientas de contrapoder popular, que controlen al gobierno y democraticen la toma de decisiones, haciendo imposible que un gobierno legisle en contra de su propio pueblo.

En tercer lugar, en línea con lo anterior, la derrota en la batalla de Grecia y la capitulación del gobierno de progreso viene a confirmar la idea de que no es suficiente una victoria electoral para derrotar a la oligarquía. El establecimiento de esas herramientas de contrapoder popular es básico para conseguir cualquier avance en las posiciones de las clases trabajadoras. Las elecciones pueden ser una herramienta más, pero es necesario tener en cuenta que dentro del corsé impuesto por las (dentro del mol modelo de sociedadinstituciones burguesas no tendremos las estructuras necesarias para ganar.

Por último, no solo se trata de la movilización y la organización de un pueblo, el caso griego viene a demostrar que es completamente imposible realizar políticas que beneficien a las clases populares dentro de la institucionalidad de esta Unión Europea. Somos europeístas, entendiendo la necesidad de unión y colaboración entre los diferentes pueblos libres de Europa, para la construcción de un esqueleto social que garantice la prosperidad y la justicia social de todos los europeos y europeas. Esta visión del europeísmo se enfrenta a la realidad actual del engranaje institucional de la Unión Europea, diseñada para favorecer al gran capital y beneficiar a las burguesías de Europa Central, situando a los países del sur como protectorados coloniales, y a sus habitantes como súbditos de un Reich Económico. Es necesario por tanto trabajar en la construcción de relaciones entre los pueblos del sur de Europa para determinar una agenda común de enfrentamiento a las políticas de austeridad y desmantelamiento de los estados, que camine en la dirección del desmontaje del actual cuerpo de una Europa cada vez más antisocial, para construir una Europa basada en los valores de soberanía popular y justicia social. Por supuesto, ninguna idea de Europa puede estar sobre los esa idea de igualdad y justicia social que abarca a toda la humanidad. Por eso se hace urgente ahora asumir que es indispensable una valiente ruptura con el actual marco de construcción europea.

Ante este análisis, desde República en Marcha vemos clara la necesidad de apoyar el programa original con el que se presentó Syriza a las elecciones griegas, y que a día de hoy sólo representan los diputados escindidos de la formación, y la candidatura de Unidad Popular. Así mismo, sostenemos que las tesis defendidas por Yanis Varoufakis sobre las posibilidades de un gobierno de resistencia, son las que van en el buen camino para la recuperación de la soberanía del pueblo griego. También llamamos a las diferentes fuerzas de progreso de todos los estados europeos a posicionarse junto al pueblo y denunciar cualquier intento de capitulación. La tarea de los gobiernos de la izquierda no es gestionar la miseria que nos deja la oligarquía internacional, sino romper con su institucionalidad y desafiarla con políticas que desborden sus lógicas. Por último, rechazamos cualquier intento de vender la idea de que no hay otro camino a las políticas de austeridad neoliberales, tanto en Grecia como en nuestro país.

Si las fuerzas de progreso quieren disputar el gobierno al bloque de la oligarquía, debe ser bajo la premisa de ruptura democrática y de organización de las masas para el desarrollo de políticas que favorezcan al pueblo.

¡Ni un paso atrás!

¡Unidad Popular frente a los recortes y el desmantelamiento de los estados del Sur!

¡No a la Europa del Capital! ¡Sí a la Europa de los pueblos, la libertad y la justicia social!